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miércoles, 20 de diciembre de 2017

Resident Evil 4: Ultratumba (Paul W. S. Anderson, 2010)

Me voy de carrerilla a despachar rápidamente la cuarta entrega de la saga. Primero porque es tan mala que poco hay que comentar que valga la pena, y segundo porque tengo como ocho reseñas que hacer aún antes de que acabe el año y no me va a dar tiempo. 

Y si la segunda parte era un despropósito que hacía el ridículo tratando de emular al videojuego, y la tercera remontaba con cierta cordura inclinándose a la acción dentro de una historia que, con sus enormes vacíos, tenía lógica y una estructura clara, esta cuarta entrega es una puñetera vergüenza. Es la bajada de pantalones suprema hacia el lado más comercial de la industria cinematográfica. Ya no solo por entregarse descaradamente a la técnica supuestamente revolucionaria del 3D y que resultó ser un sacacuartos prescindible tras 'Avatar' y que solo funcionó en 'Avatar', sino que se tira de cabeza a la acción porque sí, sin ton ni son, sin una razón argumentada para meterla en cualquier sitio. Aquí hay unos señores que en preproducción han decidido que en vez de ofrecer algo que contar y que pueda seguir lo que sea que llevan contando desde el principio de la saga, van a meter una sucesión de escenas en las que lo único que ocurre son efectos de explosiones, peleas y mucho movimiento para amortizar esas cámaras 3D que se usarán en el rodaje. La acción en esta película no tiene razón ni siquiera como estímulo, porque está fatalmente coreografiada, el CGI es cantoso y feo, y esta vez no se salva ni Milla Jovovich, que con Paul W. S. Anderson de nuevo en la dirección se comporta más como un maniquí que se mueve que como un ser humano que debe interpretar un papel.


Tan solo hacen falta 10 minutos eternos de inicio de película para darse cuenta de que aquí todo está mal. 10 minutos en los que Alice y un centenar de clones suyos se dedican a derrochar pólvora como si eso fueran las Fallas, pero sin nada que celebrar por medio. Y que te muestran las intenciones de la película, porque ese gancho de los clones aliándose con la protagonista se esfuma pasada esa horrible escena en la que todo termina volando por los aires y solo queda viva ella. El resto de la película es ir de un sitio a otro encontrándose con personajes que no aportan nada, con giros de guion que solo atienden a ese propósito de generar más paja intrascendente, y creo que aún no he mencionado lo brasas que es la música en esta saga, la turra que dan metiendo música machachona a todo trapo con un montaje videoclipero cuya sucesión de planos es aleatoria, y que aquí llega a niveles insoportables. 


¿Se nota lo muy poco que me ha gustado la película? Mira que defiendo la existencia del cine malo, pero es que meter a la gente en una sala de cine para ofrecerles hora y media de absolutamente nada, de vacío argumental, de ningún avance destacable en la historia, y de nula capacidad para ofrecer otra cosa que no sea personajes dándose de leches contra legiones de monstruos sin un hilo que haga que eso tenga algún sentido, es para quitarles la licencia de hacer películas y dársela a otros que al menos tengan ganas de contar una historia, aunque sea mala.

2/10


Resident Evil 3: Extinción (Russell Mulcahy, 2007)

Tras un segundo capítulo bochornoso, parece que alguien se ha dado cuenta de que las cosas se pueden hacer sin necesidad de hacer pasar un rato de vergüenza al espectador. Que la saga sigue siendo mediocre, pues sí, y mucho. Pero al menos en esta secuela tienen la decencia de tirar hacia adelante limitándose a la acción y asumiendo que la saga de películas va a su bola, en vez de pretender que siguen la estela del videojuego tal y como es pero pasándose por el forro todo su universo.

Esta 'Extinción' tiene un logro principal, que es ser coherente con la propia saga cinematográfica sin aludir a nada externo, ni siquiera a la hora de incluir personajes que provienen de las consolas. No reivindica su procedencia, ni intenta imitar en falso a aquello en lo que se basa. Crea un mundo postapocalíptico con una atmósfera más parecida a 'Mad Max' que al videojuego o a las anteriores películas, y dentro de esa clave se deja ver. También desiste de ser una película de terror, se mete de lleno en las peleas y batallas contra ejércitos de muertos vivientes, pájaros infectados (mira que hay que hacer mal todo lo demás para que la escena que más mola de la peli, y casi de la saga, esté protagonizada por estos bichos) o algún monstruo deforme, y deja los sustos para quien sepa o quiera hacerlo mejor. Aquí hemos venido a ver pólvora, golpes, machetazos y gente pasándolas putas pero que ni se despeina, ni se ensucia, ni suda pese a estar en medio de un desierto eterno. Vale, la película es coherente con su propio postureo, y al menos no te toma por tonto.


Pero seamos francos. Esto sigue siendo una película de Resident Evil, esto sigue siendo estiércol con proteína extra. Si te gusta la comida basura y disfrutas de ella a sabiendas de que estás consumiendo porquería, esta es tu peli. Pese a que la película pretenda ir hacia algún sitio en concreto, o incluir una especie de diario que va siguiendo la protagonista Alice para tener un objetivo final al que llegar, lo que se ve en pantalla contradice en muchas ocasiones a lo que los personajes dicen. Que están limitados de gasolina, pues usamos motos y vehículos hasta para colocar un perímetro de postes de seguridad que se podían colocar andando y sin derrochar. Eso por poner un ejemplo, porque de incongruencias la peli va sobrada. Y uno de los elementos centrales, los zombies, casi que pasan desapercibidos. Les dan una escena para que parezca que no se han olvidado de ellos, y una subtrama donde el villano de turno está intentando dotarles de inteligencia. Pero que todo eso es paja para llegar a los 90 minutos de metraje requeridos, porque aquí lo que importa es, como viene ocurriendo desde la primera película, Milla Jovovich. Y por cutre que sea todo, por muy limitada que sea la narración o los arcos de evolución, por muy vacíos que sean los diálogos, o por muy intrascendentes que sean el resto de personajes, ella ha sabido aprovechar al máximo un material tan pobre para sacar adelante su rol de heroína con mala leche y habilidades imposibles. 


Supera de sobra a la segunda (tampoco era complicado), se queda algo por debajo de la primera (que tampoco era una maravilla). Entretiene si eres consciente de que no vas a encontrar nada que recuerde al videojuego y si te dejas llevar pensando que el rollo que se pretende dar a esta franquicia es el de la morralla pura y dura. Las profanaciones ya se dieron en las dos anteriores, aquí los responsables de la criatura son lo mínimamente consecuentes de saber que están haciendo una película mala. Así que como espectador las normas son simplemente coger el rebufo y seguir la inercia.

4,5/10


martes, 5 de diciembre de 2017

Resident Evil 2: Apocalipsis (Alexander Witt, 2004)

Bueno, a ver cómo dosifico yo mis palabras para resumir todo lo que está mal en esta película. Porque, quieras que no, la primera, ya que se metía en el fregado de calumniar al videojuego y montarse una aventura por su cuenta, pues lo hacía de pleno. Pero es que ahora esta gente se ha puesto cachonda, y quieren empezar a meter personajes y situaciones genuinas de la fuente original, y claro, hay que insertar eso en una película que ya parte con material incompatible con la historia real de la franquicia de Capcom. 

La película está decidida a que la Corporación Umbrella sea la archienemiga de todo el asunto, cuando la cosa debería ser más compleja y enfatizar en los intereses personales, familiares y de clanes que hay dentro de ella, más que en la propia empresa. Luego, se desaprovecha el factor de la ciudad Racoon City como tapadera y como jungla hostil, no supone ninguna complicación para los protagonistas moverse de un lado a otro dentro de ella, igual que se desaprovecha el factor acoso no ya de los zombies y criaturas de todo tipo, sino del último bicho con el que quisieras toparte: Némesis. Lo han convertido en un luchador de la WWE con un lanzacohetes, su capacidad de aniquilación, de crear tensión incluso cuando no está presente en el escenario por poder aparecer en cualquier momento, y su salvajismo a la hora de despedazar a cualquier ser con el que se tope quedan reducidos a un par de peleas mano a mano contra Alice y a freír a tiros a un grupo de soldados. Hemos convertido a una criatura que podría ser cénit del mundo slasher en un bicho con el que puede sentirse cómodo el público familiar, no me jodas. Y esto es lo que pasa cuando coges una saga cuyo código de edad es para mayores de edad y la llevas a un ejército de adolescentes palomiteros. 


Eso por no mencionar los personajes. El hecho de que ahora Alice tenga superpoderes elimina por completo la capacidad de que esto sea un survival horror. No es la prota la que debe sobrevivir a los monstruos, son los monstruos los que deben sobrevivir a ella. El resto de secundarios están porque hay que llenar la pantalla. El personaje de Jill Valentine, principal víctima del acoso de Némesis en el videojuego, reducida a ser mano derecha de Alice. Carlos Oliveira, no ya es que se salten su origen latino y su juventud, es que resulta que es el líder de su grupo, cuando en realidad debería ser el novatillo. Nicholai, el villano en la sombra del videojuego, dura dos escenas y muerte absurda. Los científicos con un poco de peso en la trama que trabajan para Umbrella... Pues tenían que poner a un malo y a un tío interesado en sacar viva de la ciudad a su hija por meter algo más de trama que no se limitara a avanzar y meter tiros por ahí. Y ya si hablamos de contradicciones: ¿no se suponía que, según se explica en la primera peli, el virus T resucitaba muertos recientes que aún tuvieran carga eléctrica en el cerebro? ¿Por qué salen zombies de las tumbas? ¿Y por qué el antivirus funciona dependiendo del interés que se tenga de mantener a un personaje en la saga y no por los principios que ya se han dejado patentes anteriormente?


En fin, es un despropósito enorme y, en esta ocasión sí, una falta de respeto a quienes se acercan a ella llamados por el videojuego en el que se basa. Nadie implicado en ella parece haberle dedicado demasiado tiempo a estudiar el material del que se parte, ni siquiera para amoldarlo a la gran pantalla de una forma distinta. Esto es como coger un restaurante, decir que tienes especialidad en comida francesa, y limitarte a echarle queso a las cosas. Tongazo.

2,5/10


jueves, 23 de noviembre de 2017

Liga de la Justicia. (Zack Snyder, 2017)

Después de una producción con muchos problemas, con la urgencia de dar un giro tras las mala fama que generó 'Batman V Superman' (película que sigo defendiendo a capa y espada) y 'Suicide Squad' (esta sí, esta se puede morir), y tras comprobar que tono de esperanzador de 'Wonder Woman' le sentaba bien a la franquicia, esta reunión de héroes DC ha terminado por ser una película ligera de acción divertida, que baila entre ser un apagafuegos contundente y certero y una película puente para empezar a hacer las cosas con más calma, seguridad y precisión de cara al futuro. 

No es una película pasional y carece de profundidad. Eso no es malo en absoluto. La película, dentro de su simpleza, logra aferrarse a su principal virtud: las buenas intenciones. Se nota que detrás de ella hay alguien que quiere enmendar errores sin derribar la casa, que sabe qué agujeros tiene que tapar, y que además es consciente de que el reloj va a su contra porque la maquinara está en movimiento y a estas alturas no puede detenerse. Por lo que la solución a tanto caos detrás de las cortinas ha sido crear un cómic en movimiento, quitarse de epicidad y pasión, presentar a los nuevos personajes que tienen que conformar la Liga dándoles un desarrollo mínimo para saber qué papel juega cada uno y dejar simplemente que se muevan. Ya habrá tiempo para dedicarles, lo importante ahora era ya tenerles juntos y darles una primera aventura que demostrara que funcionan juntos. Y funciona. Y divierte. Pese a que la peli va como un tiro, que no tiene momentos de interludio y cada escena atiende a ser consecuencia de la anterior, en definitiva, pese a ser una aventura llana y simple, funciona y divierte. Prefiero mil veces esto a lo que se pretendía hacer con 'Escuadrón suicida'. O, si nos vamos a la competencia, prefiero esto a la complejidad descabezada de 'La era de Ultrón'.


En cuanto a personajes, Batman y Wonder Woman tienen el hilo conductor sobre sus hombros, y el que se sabía que tenía que reaparecer, Superman, lo hace con aura renovado y esperanzador, llegando al pico de esa evolución de mesías que intenta hacerlo bien pero que todo le viene grande que comenzó en 'Man of Steel'. Quizá es la mayor molestia que he sentido, que su reaparición sea apresurada y no tenga el reposo necesario para asimilar un evento como tal. Pero el personaje muy bien. Los nuevos: Flash y Cyborg son las sorpresas. Como se dice en la película, son los accidentes, los que nadie esperaba. Me gustaría verles trabajar juntos en el futuro, porque conforman una pareja fresca y dinámica. En cuanto a Aquaman, el tío mola y se flipa, pero no hace nada. Sí, reparte alguna que otra leche y vacila un poco. Pero no hace nada. Puro relleno. El villano, pues a lo que estamos acostumbrados: llega, quiere apoderarse del mundo y tiene un ejército de esbirros. ¿Por qué? Porque tiene un hacha bien gorda y 5000 años atrás le ocurrieron movidas. ¿Yo que sé? Es la excusa para reunir a los héroes, sin más. Por cierto, esta vez Lois Lane no va de un lado para otro como pollo sin cabeza, y su papel está más que justificado.


En estos términos, a la película no se le puede rascar más. Por otro lado, la película me satisface en el sentido que siempre lo han hecho los personajes de DC: me resultan más interesantes por separado que en conjunto, dejando la introspección para los capítulos individuales y la explosión de esas emociones en las hazañas colectivas. Y sí, hay tijera, hay cierto choque en cuanto Whedon coge los mandos dejados por Zack Snyder, hay escenas en que la paleta de colores es un tanto fea y sobrecargada, y le hubiera sentado genial algo más de calma. Quienes esperen de ella el cúlmen del subgénero de superhéroes saldrá defraudado, y quien vaya a pasar un rato divertido viendo cómo los personajes de las viñetas cobran vida saldrá satisfecho. Ha puesto tiritas, hace que las anteriores películas cobren más sentido aún (excepto, insisto, 'Suicide Squad', que no pasaría nada si deciden hacer como que no ha ocurrido y hacerle bullying) y ahora ya sí hay una base que no ha empezado a construirse por el tejado, que tiene unos cimientos sobre los que elevarse. Encarrila con firmeza el futuro igual que Bruce Wayne logra encarrilar a estos personajes descarriados. 

6,75/10


miércoles, 22 de noviembre de 2017

Resident Evil. (Paul W.S. Anderson, 2002)

Valga la redundancia, obviemos lo obvio: la saga se pasa el videojuego por el forro de los genitales. Partiendo de eso, he sobrevivido. Con muchas heridas, con alguna náusea, con momentos de coma cerebral,... Pero he sobrevivido. Si le quitas la importancia de que es una franquicia que está violando uno de tus videojuegos favoritos, incluso hay varios momentos en que puedes sacar algo de disfrute, aunque sea por las risas. No digamos ya de las contradicciones que se van dando película tras película, pero eso ya vendrá más adelante. Vamos a lo que nos atañe, que es el inicio de una franquicia que sorprendentemente ha dado 6 capítulos y una notable recaudación en taquilla.

Esta primera parte, de hecho, tiene algo de gracia. Tiene clara la historia que quiere contar, deja claro desde el principio que quiere ventilarse a cuantos más personajes mejor, y que aquí manda el coño de Milla Jovovich. Le da bastante igual la fuente de la que parte, y solo toma algunos conceptos básicos, dándole un antagonismo desmesurado a la Corporación Umbrella (cosa que en las consolas no era así, teniendo una trama mucho más compleja, con clanes familiares, traiciones y revanchas de por medio), y utilizando el laboratorio secreto de la mansión como escenario principal, dejando la propia mansión en un plano casi residual. El concepto "survival horror" ni se deja ver ni se le espera. Los zombies dan algún susto puntual y se limitan a perseguir presas, y son meras herramientas para malgastar plomo e ir eliminando personajes que sobran (todos menos Alice, vamos). Y el resto de los bichos pues, bueno, dan algo de variedad a lo que se enfrentan los personajes, aunque nunca logren una sensación real de alarma o de aprensión y parezcan trozos de carne fáciles de rematar.


Luego sí, tiene cosas divertidas, como la escena de los lásers cercenadores, la pelea final con el licker, o la inteligencia artificial Reina Roja. Sí, entre tanto material desaprovechado para hacer una versión cinematográfica de Resident Evil digna, pues alguna cosa se inventa Paul W. S. Anderson para que no todo sea vergüenza ajena. Aunque esa sensación la evita más una Milla Jovovich bastante entregada en su papel de molar mazo que un director y guionista antojadizo que no parece tenerle el mínimo respeto a la fuente de la que parte. Para más inri, el tío se recrea en sí mismo con un ego desmedido con alguna bravuconada de cosecha propia con la que creerse inspirado, como el recurso del primer plano de ojo dilatándose, la reiteración del logo de Umbrella para que no se nos olvide quién es el malo verdadero, o su frase para la posteridad: "me llamo Alice" (aunque en esta primera parte no dice nunca su nombre, el resto de la saga hará ese guiño contínuamente a los seguidores).


Bien, una película que es una falta de respeto hacia quienes pretendían encontrar algo que les recordara al mítico videojuego, queda claro. Ahora bien, si se le cambiara el título y nadie me dijera que esto está basado en él, pues diría que tiene mi aprobado. Tampoco una cosa desmedida, porque va a lo mínimo para al menos entretener dejándose cualquier complicación para lograr tal tarea de por medio. Es una de las películas más simples que he visto nunca, tanto en su historia y desarrollo, como en el tratamiento de los personajes y el escenario en el que se mueven. La peli te dice "esto es A, el objetivo es B y para llegar a ello hay que hacer C". Ni más ni menos. Y quizá ese sea su principal y único mérito, que logre divertirme un rato con unos ingredientes que no dan ni para sopa.

5/10


lunes, 6 de noviembre de 2017

Thor: Ragnarok (Taika Waititi, 2017)

No supone una continuación de la dinámica dada por 'Guardianes de la galaxia', sino una entrega total y sumisa al humor y a los chistes por encima de la épica. Y ojo, que en este caso le sienta bien. Es una película muy divertida, muy por encima de las dos primeras partes, lo cual era sencillo, pero que no deja de ser una payasada que no tiene más pretensiones que reírse de sí misma. A estas alturas, Marvel ni siquiera se esfuerza en hacer avanzar a sus personajes, simplemente les introduce en nuevas situaciones y experimenta por ver cómo funcionan en ellas. La cosa sale bien si lo que vienes buscando es entretenimiento.

Hay una premisa que tenemos que aceptar: Marvel sabe que sus películas son como droga cuando estás tan metido en ella y eres tan yonki que cualquier mierda te va a valer para aliviar tu mono. Hasta que lleguen las guerras del infinito parece ser el rumbo que van a tomar, dar a su público, que saben que van a pasar por taquilla por pura inercia, unas pocas entregas en las que no es necesario contar nada que altere el universo que tienen establecido, y que simplemente mantenga atenta a esa audiencia hasta que lleguen momentos más importantes. Y mientras tanto, pues eso, a ver hasta qué límites se puede llevar a estos personajes, ya sean en un patrón cómico, como es el caso, o en uno más dado a la acción, como parece que va a ser el caso de 'Black Panther'. 


De todas formas, recordemos que Marvel ha apostado siempre por el público familiar y juvenil. No es nada malo sentirse como un adolescente bobalicón mientras contemplas lo que nos está ofreciendo. De hecho se agradece. Quién iba a suponer en aquella fase 1 donde el humor era un recurso más o menos equilibrado para aliviar la tensión que un personaje como el que aquí interpreta Jeff Goldlum tuviera lugar en estas historias. Y en serio, me gustaría volverle a ver por aquí. Si para disfrutar de una película de Thor hay que imponer este clima de broma, pues bienvenido sea. También teniendo en cuenta que sus bromas son más inteligentes y sorprendentes que en, por ejemplo, 'Ant Man', y que la presencia Cate Blanchett transformando una villana plana en un personaje con buena presencia, pues redondea el producto. Prefiero esto al tono bravucón y lineal de las dos primeras entregas del dios del trueno. Y otro punto a su favor es quitarse a Natalie Portman de en medio, que no pegaba ni con cola en estas películas y se le notaba incómoda en su papel de "la chica", o que la única presencia terrícola de la película sea un Bruce Banner que lleva dos años perdido por la galaxia siendo Hulk. 


Con cierta proximidad a las buddy movies, y más cercana a la mencionada 'Guardianes de la galaxia' que a las de sus compañeros vengadores, incluso se puede decir que la sobrepasa al no hacer concesiones a ningún momento de reflexión o de mediatación dramática. Incluso en momentos donde parece que te se va a parar para dar ese énfasis más serio, regresa de forma violenta al cachondeo. Bastante festiva y colorida, y perfecta parada en el camino para tomar carrerilla hacia la tercera entrega del equipo de héroes.

7/10


jueves, 26 de octubre de 2017

El club de la lucha. (David Fincher, 1999)

Posiblemente, una de las películas más malinterpretadas de la historia, sobre todo por el sector más macho de la audiencia. Quién podía pensar que esta fábula violenta, nihilista y con aparente misoginia, protagonizada por hombres insatisfechos con sus vidas y con el papel que desempeñan en la sociedad y con conductas protofascistas, y con diálogos que recuerdan a Nietzsche, trataba en realidad de la fragilidad de la masculinidad, de la bajada de pantalones que supone el capitalismo y el consumismo por parte del ser humano hacia las corporaciones, y de la necesidad permanente de tener un guía, un maestro o un líder.

'El club de la lucha' pone el interrogante sobre la edad adulta, sobre el estado de inanición en el que los hombres entran cuando abandonan el nido materno y deben afrontar sus vidas. O yendo a lo simple, la película habla sobre ser un bala perdida, con deseos y proyectos incapacitados e inacabados, y sobre lo fácilmente que se cae en las redes de quien te ofrece un camino, una meta o un propósito. Por eso Tyler Durden es tan atractivo a ojos del prtagonista que, a falta de un nombre definitivo, se pasa a denominar Jack. Porque por peligroso que sea, por radical que sea su estilo de vida y su discurso, le está llevando de la mano, como si fuera el niño pequeño que nunca deseó dejar de ser, a tomar las riendas de su propio destino. Y por eso la figura femenina de la historia, Marla Singer, supone un escollo en el "camino del héroe" hacia su cima, pues el amor y la feminidad no tienen cabida en un mundo donde solo pueden triunfar los más fuertes o, qué demonios, los más machos del corral. Claro que todo este mensaje masculinista se narra de forma burlona hacia el propio género masculino. 


Tema aparte, la película tiene patente de autor, pues David Fincher impregna su característico estilo videoclipero, de pulso acelerado y marcado, y con tono sucio y quebrado durante todo el film. Logra crear un film clave en la transición de siglos, con un propósito firme de levantar ampollas, ser irreverente y resultar sadomasoquista. A través de una historia sociópata y con apología al terrorismo, transmite el mensaje contrario, una sátira que evidencia con contundencia la debilidad que las conductas violentas esconden detrás de sus máscaras. Y cuenta con un trío de ases en la interpretación (Brad Pitt, Edward Norton y Helena Bonham Carter) que captan esta lógica a la perfección y saben entregársela a la audiencia. Al menos al sector del público más capaz puesto que, insisto, es una película que se ha malinterpretado de forma interesada por aquellos hacia los que el film trata de señalar.


Alucinante y brillante, dura e incendiaria, es una de mis películas favoritas, muy buena adaptación de la novela de Palahniuk, y que, pese a que la primera regla del club de la lucha es no hablar del club de la lucha, da mucho pie para hablar de ella. 

9,25/10


viernes, 13 de octubre de 2017

Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017)

Complicadísimo ejercicio de ser digna secuela de uno de los pilares de la ciencia ficción, y que sale muy bien parada. Tanto, que incluso en algunos puntos toca ese techo de la de 1982. Esta ampliación del universo de 'Blade Runner' no solo es visualmente memorable (cada plano es una obra de arte en sí misma, os lo aseguro), sino que tiene un interior bastante profundo que desengranar, ofrece mucha reflexión y nos recuerda que cine lento no es sinónimo de cine aburrido. Porque sí, es una película larga, cocida a fuego lento, y hace de ello una virtud. En los tiempos audiovisuales que nos tocan, una debilidad es la tendencia a ofrecer información rápida, sencilla y asequible. Denis Villeneuve se aleja de ello siendo muy consciente de que es hijo de estos tiempos, y sabe combinar ese tempo narrativo con un lenguaje contemporáneo, nos acerca el mismo futuro opresivo que la de Ridley Scott con la ventaja de tener 35 años de avances tecnológicos, sin desvirtuar el encanto analógico y noir que la mítica película poseía. 

La gran sensación con la que me quedo es lo triste que me ha resultado la película, tanto por su acercamiento a un existencialismo muy hondo, como a la realidad y destino de sus personajes. Se aprovecha del universo ya creado para inspeccionar y abrir otros límites. 'Blade Runner 2049' habla del papel del ser humano en un mundo cada vez más tecnológico, donde las máquinas toman protagonismo, habla de la soledad, de la insatisfacción, del desarraigo, del amor,... Introduce el concepto del recuerdo y del pasado (no solo flashbacks, sino esas referencias nada gratuitas a Elvis, Marilyn o Frank Sinatra en el punto medio del film) como materia fundamental para crear sentimientos, singularidad y consciencia sobre uno mismo y el entorno que le rodea. Un cambio fundamental respecto a la de 1982 es el uso del espacio y de arte visual implícito en él. 'Blade Runner 2049' apuesta claramente por espacios abiertos y paisajes enormes, pero vacíos, yermos y que cada vez que se apaga la banda sonora llaman al silencio. Es una forma actualizada de dar importancia a la opresión a la que la sociedad está sometida. Y otra diferencia es el hecho de no ser una película de persecución como lo era la original, sino de búsqueda, lo cual cambia radicalmente los matices y necesidades de los personajes.


Que en cuanto a los personajes, más allá del sobrio protagonismo de Ryan Gosling y el afligido regreso de Harrison Ford como Deckard, o del constante acecho y peligro de la casi anecdótica presencia de Jared Leto, hay que valorar el papel de las mujeres en la película. Cada encuentro del protagonista con un personaje femenino es de especial trascendencia, ya que abren un interesante trasfondo acerca de la fragilidad que tiene el género impostado o el protagonismo social y en las relaciones que culturalmente hemos configurado a cada uno. Destaca Ana de Armas como la realidad virtual enamorada de la máquina, no más encerrada en sus propios límites físicos que cualquier ser humano. En su conjunto, los personajes secundarios ofrecen mucha más enjundia que la original.


Es una película a valorar con detenimiento. Sí, su lectura es fácil y la conclusión no da pie a enigmas posteriores, pero tiene un contenido de mucho peso, tiene capacidad para asombrar y para hacer meditar, hay belleza en ella a la que la mayoría del cine de gran presupuesto no es capaz de acercarse, y lo más importante es que es digna sucesora, sin necesidad de repetir o confiarse a la nostalgia, porque sí, 'Blade Runner 2049' abre fronteras y no se atrinchera en la historia original. No es perfecta, pero sí extraordinaria.

8/10


jueves, 14 de septiembre de 2017

Batman V Superman. (Zack Snyder, 2016)

Que la odias o la amas es algo que ya ha quedado claro a estas alturas. Personalmente, me da todo lo que pido de ella. Es un puñetero cómic en movimiento, algo que Zack Snyder, pese a su fanfarronería, controla bastante bien, aparte de marcar su propia impronta que ya fascinaba en '300' y 'Watchmen'. Tiene varias de las secuencias más espectaculares del subgénero y tiene fe en un diseño de producción impactante y agresivo, aparte de ser una de las propuestas más valientes que se han podido ver en este tipo de películas. 

Ahora bien, soy realista. La película tiene momentos sobresalientes que por sí solos son joyitas, deslucidos por detalles poco pulidos y momentos de torpeza narrativa. Lo que realmente jode a la película es que podría haber sido una película notable, y no tiene ese plus que le de el empujón para ser más que una película buena. Y eso que la versión extendida mejora, el montaje es más coherente, Superman tiene oportunidad de explicarse como es debido,... Y sí, el malo de la película, al menos durante todo el nudo de la trama, es Batman. Y es lo que me fascina de ella: es la peli de superhéroes que mejor entiende el mundo actual. Una persona buena puede llegar a ser un fascista de cuidado y ser cegada por su dolor interno, trasformarlo en odio e ira impulsiva, y descargarlos en quien cree que es un peligro. La fagocitación de tramas que contenía la versión de cine se remedia ligeramente, la lentitud con la que avanza (sí, es una peli lenta, y no un festival como estamos acostumbrados) se ha lubricado bastante con esos minutos extra y con las piezas reubicadas, y no se apresura tanto a la hora de dar resolución a momentos claves (Superman ayudando a la gente en el desastre que ha sido incapaz de evitar; parece una tontería, pero se necesitaba). 


La batalla que anuncia su título está bien preparada ya desde el inicio, propiciada por un Batman que me ha gustado más de lo que vaticinaba (seamos sinceros, Ben Affleck se lo curró bastante), el más parecido en la gran pantalla al que dibujaba Frank Miller, cuyo odio es pura xenofobia, una rabia contenida durante años de frustraciones y duelos que acaba explotando contra Superman, a quien ni siquiera trata de comprender. Y ese es el principal detalle que me sigue chirriando: el final acercamiento de Batman a Superman se produce en un momento que pasa de una catarsis muy lograda a la frialdad plena a través de una torpe elipsis y un Deus Ex Machina propiciado por una irrupción de Lois Lane que no excusan tan apresurado cambio de postura. Ese maldito minuto de metraje mal anclado en la película le resta puntos. Porque todo lo que hubo antes y todo lo que viene después es me parece perfecto. 


Otro problema es tener personajes con los que no sabe muy bien qué hacer. Especialmente Lois Lane, quien me gustó más en 'El hombre de acero', y que ahora apenas tiene uso como excusa emocional de Superman, quien sigue pareciéndome la mejor representación que ha habido del personaje. En esta secuela, tiene la oportunidad de redimir sus fallos como héroe principiante que tuvo en la primera, de explicarse como un hombre que quiere ayudar, pero que los acontecimientos pueden superarle, haciendo que los daños colaterales de sus esfuerzos causen víctimas. Y luego está Lex Luthor, que me no me disgusta porque no deja de ser el hijo de puta que debía ser y su plan crece en la sombra y no deja de tomar forma en ningún momento, pero que le pasa lo mismo que a la propia película: podía haber sido taaaaaan bueno este personaje... Como colofón la película ofrece una reconfortante recompensa: la irrupción de Wonder Woman en el tercer acto. Es lo mejor que deja la película: bien introducida y presentada, con una actitud demoledora, y que en sus pocos minutos se come al resto de personajes. La puta ama.


Seguramente se podría haber aprovechado mejor tanto metraje para definitivamente no contar tanto como parece, pero desde luego es una gozada de blockbuster. Exagerado, pero no ruidoso. Quizá haber introducido este Batman en una película propia anterior hubiese apagado los fuegos que tiene ésta (una ventaja que, por ejemplo, ya tenía la primera de 'Los Vengadores'). Lo mejor es que deja con ganas de más y que trabaja bien en planificar el futuro de la franquicia. Con la calma y alivio que ha dejado la película propia de 'Wonder Woman', las secuelas podrían perfectamente aunar la espectacularidad y diversión de ésta con un guión más sólido, y si se trabaja como en ella 'Batman V Superman' podrá gozar de una merecida redención por parte de muchos. Me entusiasma ver por dónde van los tiros.


7,75/10

miércoles, 23 de agosto de 2017

Baby Driver. (Edgar Wright, 2017)

Edgar Wright tiene una cualidad que admiro, por encima de las risas que me haya podido echar con buena parte de su filmografía: sabe coger métodos narrativos extrínsecos del cine y hacer que el universo de sus películas gire en torno a ellos sin que ello las convierta en productos artificiales. En esta ocasión, todo el cuento va versando alrededor de la música que Baby escucha en sus auriculares. Todo el montaje, tanto a nivel interno (movimiento de personajes, de cámara,...) como externo (cortes de planos, sucesión de secuencias,...) está bajo la batuta de la banda sonora. Cuando se apuesta cien por cien por una fórmula de contar una historia que se sale del esquema clásico, el riesgo de cagarla es máximo porque en el momento en que quieras desahogar el ritmo recurriendo a las recetas de toda la vida el truco va a ser más cantoso que un descosido. Buena noticia: el director sabe mantener ese protocolo (la música rige absolutamente todo) durante las dos horas del film, incluso en las escenas menos importantes.

Con tal declaración de intenciones, la película no debía fallar en otro asunto importante: tiene que molar. Y de eso va sobrada. Apoyada por un reparto cachondo y de gente chula como ella sola, con escenas de persecuciones automovilísticas que tienen coreografías medidas con el mismo aplomo que una obra de ballet, acción gamberra, y la necesidad de tener muchas coñas momentáneas que hacen que te apuntes a esta movida desde el primer momento (las innumerables gafas de sol de Baby, gag humorístico de haber mamado mucho Chaplin). Son muchos los ingredientes bien cocidos que hacen que sea una película canalla y muy divertida, entretenimiento puro y duro.


Además, me gusta la elección de Ansel Elgort como protagonista, o como elemento adolescente del film. Es un chaval joven, lampiño, guapete, pero no un mojabragas. Su personaje no se vende a través de elementos sexuales, tiene determinación y actitud de sobra para olvidarnos de que no deja de ser una cara bonita al pie del cañón. Y no se fuerza la explicación a que su mundo gire en torno a lo que sale de los auriculares de su reproductor de música, ni de las cientos de cintas que graba para uso personal y que definen su vida y sus emociones, haciendo que efectivamente la música sea elemento indispensable para que los ladrillos queden bien cementados. A Kevin Spacey tengo que mencionarle porque solo su presencia como villano capullo ya hace valer la pena el visionado.


'Baby Driver' es una apuesta segura para pasar un rato desfogado. Hay poco que discutirle, cumple su objetivo de sobra. Una película de aroma pop, cuyo derroche de imaginación para hacer fluir la acción te obliga a abrocharte el cinturón de seguridad. Es un macizo ejemplo de que un guion normalito gana muchísimo si es contado con gracia y talento. 

7/10


viernes, 11 de agosto de 2017

El caso Slevin. (Paul McGuigan, 2006)

La propuesta de 'El caso Slevin' es de esas que me enganchan rápido a cualquier película: un laberinto con sorpresa dentro que se toma en serio a sí mismo pero que se cuida de seriedad innecesaria. Un thriller de dialéctica casi poética entre matones y mafiosos locales, con una puesta en escena estimulante, un reparto que calza sus zapatos tal como si estuvieran diseñados únicamente para ellos, y una trama disfrazada de absurdo que va deslizándose poco a poco en una compleja historia de venganza.

Pero por favor, hablemos de Josh Hartnett. Porque entre peces gordos de la interpretación donde tenemos a Morgan Freeman, Sir Ben Kingsley, Stanley Tucci, Lucy Liu y Bruce Willis, uno de los actores que más proyección tenían hace una década se mueve como pez en el agua. No solo eso, les roba las escenas. El personaje de Slevin es un puto canalla, un sinvergüenza, un bocachanclas y un buscalíos irremediable. El bueno de Josh se mete en el papel de pleno, se disfruta a sí mismo, y logra química con cada uno de los compañeros de oficio que tiene asignados, y son ellos, los de talla grande, los que se amoldan a él, y no al revés. La picardía que le echa frente a estos tipos es de tener unos huevos enormes. No entiendo cómo un actor que tenía tal empuje ha acabado diluyéndose en producciones de poca monta y sin apenas relevancia actualmente. Es ilógico que un tío que también demuestra su faceta dramática en 'Black Hawk derribado', en definitiva, un tío que vale para mucho más que conformarse con serie B o un papel destacado en 'Penny Dreadful', no haya tenido la progresión de carrera que se esperaba de él. El talento y el carisma los tiene.


Centrándome en la propia película, tiene los ingredientes propios del cine de ladrones de Guy Ritchie, sin necesidad de volverse tan estilizado o con un sello de autor tan marcado, y un humor cercano al de las pelis de Edgar Wright, obviando el frikismo que éste somete a sus creaciones. Las escuetas pero letales dosis de violencia pueden rememorar al Scorsese menos frenético, y el montaje narrativo que sirve para ocultar todo el pastel que hay detrás de una historia aparentemente simple podría haber sido facturado por el principiante Nolan de 'Memento'. Pero ninguno de esos autores es el responsable de 'Lucky Number Slevin' (cómo mola el puto título original, coño), sino que tenemos a Paul McGuigan, director de varias mediocridades de aúpa, más destacado por haber dirigido varios episodios de la serie 'Sherlock' que otra cosa. No es un tipo de renombre, vamos, pero aquí demuestra tener escuela y capacidad. Hay tíos en el mundo del cine que me caen bien por no querer ser nadie y simplemente se dedican a su oficio. McGuigan pasa a formar parte de esa lista. 


En fin, recuerdo que la vi en el cine después del instituto, sin tener aún ni puta idea de cine y sin saber a qué me enfrentaba, y salí muy sorprendido. El tiempo ha colocado a la película en una merecida categoría re revisionables cada cierto tiempo, sin que pierda chispa. Es entretenida, es chula como ella sola, te dejas llevar por los personajes, cero pretensiones ombliguistas de autor. Simplemente una película con suficiente estilo para tenerle respeto y que hace pasar un rato muy divertido. 

7,5/10


jueves, 3 de agosto de 2017

Spiderman Homecoming. (Jon Watts, 2017)

Por fin han dado con la tecla correcta. Por fin podemos ver en gran pantalla una representación honesta del trepamuros. En una aventura casi local, que se escapa de la trascendencia e importancia que todas las películas Marvel suelen tener, se nos presenta a un amigo y vecino que es tal cual: majete, inteligente, torpe, bocazas, honrado, flipado, motivado,... Nunca deja de ser un pringado adorable que intenta lidiar a la vez con la necesidad de hacer bien las cosas y de demostrar su valía. En esta primera experiencia dentro de la franquicia, esa es la lucha interna del personaje. Todo ello adaptado al 2017. Este Peter Parker no recibe el bullying casi merecido de chaval nerd que recibía el de Tobey McGuire, ni tiene el carácter emo y rebelde del de Andrew Garfield. Esta película conoce mucho mejor a su público inmediato (jóvenes y adolescentes) que las anteriores versiones, y les da un personaje con el que de verdad puedan verse reflejados.

Y hacer un hilo de pretensiones tan pequeñitas supone un acierto. Spiderman es un puñetero crío que apenas acaba de descubrir sus poderes, que además habita en un mundo donde ya existen los Vengadores, y que cada situación de urgencia en la que se mete le supera por completo. Tom Holland lo ha pillado a la perfección, y se mueve con naturalidad y gracia tanto con las mallas como cuando simplemente es Peter Parker. Recibe multitud de ostias y aún así es tan cabezota que vuelve a levantarse una y otra vez. No está preparado aún para la eterna responsabilidad a la que se le suele someter, está en fase de crecimiento, y llegado el momento en que se da cuenta de ello se retrata a sí mismo a base de lloriqueos suplicantes, pero finalmente sabiendo salir él solito del marrón en el que se ha metido. De ahí la importancia de la presencia de Iron Man como mentor. Porque volver al drama del tío Ben, después de que ya nos lo sepamos de memoria tras dos sagas en menos de 15 años que partían de ese suceso, iba a ser cansino. Bien hecho empezar en un punto en el que todo el origen del héroe ya ha sucedido, y bien hecho en situarnos en el punto en el que está empezando a explorar las posibilidades que sus poderes le permiten. Siempre teniendo en cuenta que es un adolescente que se muere por ser mucho más de lo que puede abarcar. 


La sensación de cercanía y de acontecimiento local se refleja también en el villano. El Buitre no tiene intenciones de destrucción masiva, ni una sed de venganza desmedida, ni está conspirando para un fin mayor. Simplemente se está aprovechando de la chatarra extraterrestre dejada en anteriores capítulos de la franquicia para poder, de algún modo, ser algo más de lo que realmente es. Tal como el propio protagonista, tiene pretensiones más grandes de lo que es capaz de abarcar, cosa que finalmente se le va de las manos y es ahí donde estalla la némesis entre ambos. Y por ese planteamiento humano del personaje, se convierte en uno de los antagonistas más redondos y con motivaciones más sensatas del UCM.


En general, el tono es alentador. Todo es cotidiano, el humor es constante y no distrae, la sensación y el reposo que deja el conjunto es amigable, quieres quedarte con este Spiderman. No necesita dosis de acción desorbitadas, ni un drama interno que le esté machacando constantemente, ni una trama romántica que acapare atención. Es un amigo y vecino que por ahora se tiene que conformar con proteger a su pequeña comunidad. Ya habrá tiempo para los Octopus, para Oscorp, para ahondar en las secuelas que le ha dejado la muerte de Ben, o en lo que supone para un chaval cono él formar parte de un grupo de élite como lo son los Vengadores. Poco a poco, porque tenemos arácnido para rato.

7,75/10


domingo, 25 de junio de 2017

Wonder Woman. (Patty Jenkins, 2017)

Estaban DC y Warner sumidos en un evidente rumbo improvisado con su franquicia de superhéroes, a la cola de Marvel, a la sombra de lo que ya hizo Christopher Nolan con uno de sus iconos en la trilogía de 'El Caballero Oscuro, y que no, que no lograban acertar en la diana con sus primeros títulos. A mí particularmente me gustan tanto 'Man of Steel' como 'Batman V Superman', pese a sus errores y a sus escenas carne de meme, mientras que mi visión hacia 'Escuadrón Suicida' ha cambiado mucho desde el primer y eufórico visionado, ya que ahora mismo la considero una película horrorosa en muchos aspectos. Pero la falta de cordura y paciencia era obvia. Y en medio de este follón, la luz: Wonder Woman, la tercera pieza de la Trinidad de DC. No solo supone un golpe en la mesa o una esperanzadora remontada en medio del caos. Es que es mucho más.

'Wonder Woman' es una película jodidamente maravillosa, y no estoy escogiendo este adjetivo al azar, puesto que la mujer maravilla es precisamente eso, y la película lo refleja sin paliativos, sacando orgullo. Más allá de una película que viene a engrandecer y dar un vuelco al cine de superhéroes, es una película que era necesaria. Porque aunque cuente una historia sobre la que el propio género ya ha planeado, siendo un viaje iniciático en un contexto bélico y con un marco de aventuras, lo hace colocando las piezas del tablero en un lugar al que hasta ahora se les había privado. Atendiendo al contexto político-social en el que vivimos, es una película importante. Tampoco le pidamos peras al olmo. 'Wonder Woman' no es cine social ni cine político, es un puñetero blockbuster, concebido para atraer a las masas a pasar un rato entretenido. Ahí radica su valor: un producto así, liderado por una mujer, Patty Jenkins, fuera del cine de autor o indie, en un género asociado tradicionalmente al público masculino, y que es capaz de transmitir mensajes positivos y reflexivos acerca del empoderamiento femenino sin excluir la atención empática de ningún tipo de público, que es capaz de hablar sin miramientos de los refugiados y los indefensos, o de las causas y consecuencias de la guerra sin echar balones fuera (el propio personaje de Steve Trevor se culpa a sí mismo por formar parte de ese "todo" que causa las guerras). 


Gal Gadot hace una labor encomiable poniéndose en la piel de Diana Prince. Hace suyo al personaje, lo conoce, va con ella a muerte, y cumple sobradamente tanto en su fase ingenua e inocente como en los momentos épicos, rebeldes y de amazona guerrera. En serio, hay escenas realmente inspiradoras y emocionantes en las que Wonder Woman, a la que todos le dicen lo que tiene que hacer, sobrepasa a todos y decide actuar y hacer lo que ella cree que es lo correcto, momentos en los que dice "hasta aquí ha llegado mi paciencia" y decide dar el paso al frente que nadie más da. Eso es épica. Formando equipo con un Chris Pine que nos regala un Steve Trevor precioso, con labor de motor de cambio y de guía en el mundo de los hombres, aparte de ser el apoyo emocional y romántico de la protagonista. Ojo, que nadie confunda el papel que hace este personaje con el de la protagonista. Ella siempre lleva el peso del viaje del héroe (heroína en este caso), y nunca invierten ese papel. Lo que pasa es que Steve Trevor no es una mera comparsa como sí lo son las sucesivas acompañantes femeninas del resto de superhéroes masculinos. Toma decisiones propias, no necesita que ella le saque de apuros (no confundir con salvarle en ciertas ocasiones), se vale por sí mismo, y sus acciones, sobre todo en el tercer acto, son importantes para el desarrollo y conclusión de la trama. No todo pasa por lo que hace Wonder Woman. Esto también es un punto a favor que debería tomar en cuenta el cine de acción y de aventuras.


Y aparte de todo eso, pues tiene lo que hay que exigirle a una película de su tipo: entretenimiento a raudales, acción muy lucida (y muy bien rodada, por cierto), una banda sonora y una fotografía que se lucen, emoción, con momentos para la risa y para las lágrimas bien sintonizados y colocados donde deben estar. Y que recupera cierta esencia clásica del cine de superhéroes que se había perdido con el ya mencionado Nolan, esa simpleza efectiva y noble que tenía el 'Superman' de Richard Donner o el 'Spiderman' de Sam Raimi. Una película en la que quienes la han llevado a cabo demuestran pasión y mimo, querer y saber hacerlo bien, que conocen el universo que nos están mostrando, y que sacan las garras cuando todo el mundo parecía querer enterrarles definitivamente. Este es el camino a seguir, no hay otro.

9/10