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lunes, 18 de diciembre de 2017

Saw IV (Darren Lynn Bousman, 2007)

Entramos en terreno fangoso con una cuarta entrega que ya está dedicada descaradamente al fandom y a los más enfervorecidos seguidores del género slasher. A estas alturas tenemos estómago hecho, y a partir de aquí de eso se trata: de tener agallas de ver, aguantar y querer soportar una sucesión de muertes y mutilaciones a cada cual más complicada y sesuda que la anterior. ¿Y la historia? Una desidia, porque quiere hilarlo todo tan fino, que el propio hilo de sus idas y venidas en torno a la figura de Jigsaw, de quién colabora con jigsaw, quién investiga sus crímenes, quiénes son sus víctimas, etc... se enreda sobre sí mismo. 

Vamos, que es que la historia ya les da igual. Igual que los personajes, entre los que se nos presenta el nuevo protagonista/antagonista cuyo mayor logro interpretativo es poner cara permanente de oler mierda. Son excusas para desperdiciar cuanta más sangre mejor. Da igual que lo que esté contando tenga algo de sentido respecto a lo anterior, porque lo que se hace en esta película es formar un paralelismo narrativo con la anterior entrega, pero contado de una forma que solo tiene sentido en la cabeza de quienes la escribieron. Se intenta entrar en la mente del asesino en serie, pero lo que en principio pretende ser una historia que indaga sobre su origen y sobre lo que le lleva a ser lo que es, termina convirtiéndose en una cloaca en la que la propia figura a la que se le hace oda termina contagiándose del tono cercano a la vergüenza ajena.


Lo que en su primera parte se nos presentaba como un asesino minucioso, retorcido, perturbado y que escogía a sus víctimas con un motivo aparentemente lógico en cuanto a su modo de contemplar la vida, se convierte en un serial sobre un tipo que la tiene tomada con todo el que se le cruza por delante, victimista, de moral superior, y que además necesita colaboradores que no le llegan a la altura de los tobillos en ningún ámbito. La película está tan desquiciada como todos ellos. Y la cosa ya no va a ningún sitio en concreto, el rumbo es bastante aleatorio y la gente que ha tomado las riendas de la franquicia se acuerdan más bien poco del tono y el sosiego de la primera parte, que lejos de no entenderla, han cogido de ella la parte más visceral y se han dedicado a prostituirla. Gallina de los huevos de oro, lo llaman. Y mientras haya comprador, esto seguirá funcionando así.

4/10


miércoles, 29 de noviembre de 2017

Saw II (Darren Lynn Bousman, 2005)

Siguiendo con la maratón que me he hecho de la saga, llegamos a una segunda parte con más pruebas macabras y personajes que la anterior, y por lo tanto más muertes. Aunque no mantiene ni de lejos la calidad operística de la primera parte, ni mantiene el pulso narrativo, sí que ofrece una vuelta de tuerca inteligente para que el asunto siga siendo interesante y divertido.

El montaje paralelo entre lo que ocurre dentro de la mansión donde las víctimas juegan a la supervivencia y entre lo que ocurre en la guarida de Jigsaw permite ampliar el escenario y la introspección en la mente del asesino, otorgando diferenciación y nuevas miras respecto a lo que hizo James Wan. Por suerte, los guionistas se dan cuenta del gran acierto de la primera: las diferentes pruebas forman parte de una prueba mayor, todas son piezas de un mismo puzzle. Y por lo tanto, todo va desencadenándose de acuerdo a juntar esas piezas para resolverlo, y colocando las pistas más importantes justo al principio para dar un inesperado giro final que resulta obvio una vez queda expuesto. Justo la misma técnica narrativa que en la primera película, pero sin limitarse a hacer lo mismo. 


Ahora bien, hay una evidente pérdida de calidad. Aunque el personaje de Jigsaw se iconifica y la lucha mental que libera con su principal oponente da empaque, el resto de personajes que deambulan por la película son carne de cañón, algunos de ellos ciertamente insoportables. Hay algún momento absurdo que te hace pensar que quien comete tales torpezas merece la muerte que le espera. El operativo policial que se presenta tampoco es que sea todo lo profesional y meticuloso que debería ser, ya que caen en una trampa final que se supone que personas formadas y cualificadas para lidiar con situaciones similares de secuestro no deberían caer. Y se empieza a dar más peso a las escenas de ejecuciones que a la propia historia en sí. Por el momento, es una tendencia que está contenida, pero con el paso de secuelas esto se irá acrecentando. 


Es una secuela que aunque pierda nivel, mantiene dignidad. La esencia de claustrofobia y de que la diferencia entre salir vivo o muerto de la historia depende de los propios ejecutados también queda intacta. Lo bueno de la saga iba a ir concluyendo aquí.

6/10


miércoles, 22 de noviembre de 2017

Resident Evil. (Paul W.S. Anderson, 2002)

Valga la redundancia, obviemos lo obvio: la saga se pasa el videojuego por el forro de los genitales. Partiendo de eso, he sobrevivido. Con muchas heridas, con alguna náusea, con momentos de coma cerebral,... Pero he sobrevivido. Si le quitas la importancia de que es una franquicia que está violando uno de tus videojuegos favoritos, incluso hay varios momentos en que puedes sacar algo de disfrute, aunque sea por las risas. No digamos ya de las contradicciones que se van dando película tras película, pero eso ya vendrá más adelante. Vamos a lo que nos atañe, que es el inicio de una franquicia que sorprendentemente ha dado 6 capítulos y una notable recaudación en taquilla.

Esta primera parte, de hecho, tiene algo de gracia. Tiene clara la historia que quiere contar, deja claro desde el principio que quiere ventilarse a cuantos más personajes mejor, y que aquí manda el coño de Milla Jovovich. Le da bastante igual la fuente de la que parte, y solo toma algunos conceptos básicos, dándole un antagonismo desmesurado a la Corporación Umbrella (cosa que en las consolas no era así, teniendo una trama mucho más compleja, con clanes familiares, traiciones y revanchas de por medio), y utilizando el laboratorio secreto de la mansión como escenario principal, dejando la propia mansión en un plano casi residual. El concepto "survival horror" ni se deja ver ni se le espera. Los zombies dan algún susto puntual y se limitan a perseguir presas, y son meras herramientas para malgastar plomo e ir eliminando personajes que sobran (todos menos Alice, vamos). Y el resto de los bichos pues, bueno, dan algo de variedad a lo que se enfrentan los personajes, aunque nunca logren una sensación real de alarma o de aprensión y parezcan trozos de carne fáciles de rematar.


Luego sí, tiene cosas divertidas, como la escena de los lásers cercenadores, la pelea final con el licker, o la inteligencia artificial Reina Roja. Sí, entre tanto material desaprovechado para hacer una versión cinematográfica de Resident Evil digna, pues alguna cosa se inventa Paul W. S. Anderson para que no todo sea vergüenza ajena. Aunque esa sensación la evita más una Milla Jovovich bastante entregada en su papel de molar mazo que un director y guionista antojadizo que no parece tenerle el mínimo respeto a la fuente de la que parte. Para más inri, el tío se recrea en sí mismo con un ego desmedido con alguna bravuconada de cosecha propia con la que creerse inspirado, como el recurso del primer plano de ojo dilatándose, la reiteración del logo de Umbrella para que no se nos olvide quién es el malo verdadero, o su frase para la posteridad: "me llamo Alice" (aunque en esta primera parte no dice nunca su nombre, el resto de la saga hará ese guiño contínuamente a los seguidores).


Bien, una película que es una falta de respeto hacia quienes pretendían encontrar algo que les recordara al mítico videojuego, queda claro. Ahora bien, si se le cambiara el título y nadie me dijera que esto está basado en él, pues diría que tiene mi aprobado. Tampoco una cosa desmedida, porque va a lo mínimo para al menos entretener dejándose cualquier complicación para lograr tal tarea de por medio. Es una de las películas más simples que he visto nunca, tanto en su historia y desarrollo, como en el tratamiento de los personajes y el escenario en el que se mueven. La peli te dice "esto es A, el objetivo es B y para llegar a ello hay que hacer C". Ni más ni menos. Y quizá ese sea su principal y único mérito, que logre divertirme un rato con unos ingredientes que no dan ni para sopa.

5/10


martes, 21 de noviembre de 2017

Saw. (James Wan, 2004)

Bueno, me he metido en vena toda la saga de 'Saw', así a lo loco. Una saga que comienza de manera inteligente, sin demasiados artificios, dando cierto peso emocional a los personajes para que estemos implicados con ellos, y haciendo que las pruebas de Jigsaw sean ingredientes que atienden a completar un conjunto, y que según va sacando secuelas la cosa se desvía a darle protagonismo a esas pruebas, a cebarse con personajes que solo sirven como carnaza, hasta terminar ofreciendo un show gratuítamente explícito de lo grotesco, cada vez más retorcido en el que la historia o los que intervienen en ella apenas interesan.

Esta primera parte funciona genial, tiene una trama muy simple y muy llevadera dentro de un planteamiento rocambolesco, y el gore desatado se deja para los momentos claves del tercer acto. Pocos personajes, dos de ellos los fundamentales, encerrados en un cuarto de baño encadenados a tuberías, y que tienen que esforzarse en completar los puzzles planteados para poder salir vivos de ahí, aunque pronto asumiremos que no de una sola pieza. Esa es la clave: la película ya te está diciendo que la salvación pasa por sacrificar algún miembro del cuerpo, o por tener que matarse el uno al otro, pero esa tensión no la apresura, la prolonga hasta los últimos compases en los que ya no quede más remedio que hacerlo. Los otros personajes, un par de policías que investigan al verdugo, la familia de uno de los principales que funcionan para dar énfasis al drama, un cadáver en medio del baño que hace de escenario principal para remarcar aquello a lo que se enfrentan, y el supuesto verdugo. Eso y las herramientas para sobrevivir, la película no necesita más para crear un clima de urgencia, de pánico y de impotencia. 


Además, como película de terror, o de asesino en serie, o de cine slasher, es obviamente una película que recurre al gore como principal elemento de impacto. Pero sabe cuándo y cómo usarlo. Durante dos tercios de metraje, las muertes o la violencia que presenciamos no son más que leves retales de lo que puede venirse encima si los protagonistas quieren salir de ahí con vida. Cada escena previa al tercer acto en el que hay alguna víctima de Jigsaw funciona tan solo como advertencia, como aviso previo al lugar que vamos a tener que franquear tarde o temprano. Y finalmente, un giro de guion sorpresivo termina por rematar un producto muy satisfactorio y con sello de calidad. Cuando te metes en las secuelas y te acuerdas de que a los mandos de esta primera estaba el siempre astuto James Wan, te quieres echar a llorar.


Es una película clave en el cine slasher moderno, heredera de los clásicos de los 80 y los 90, sacando de un mínimo de componentes el máximo de provecho. Que el resto de la franquicia no enturbie una película que merece ser estudiada y respetada.

7,25/10


lunes, 20 de noviembre de 2017

The Ring. (Gore Verbinski, 2002)

Es la película que decidimos ponernos a ver en la pasada noche de Halloween, y me temo que tan solo han bastado quince años para darse cuenta de lo mucho que ha envejecido una película de terror que en su momento se convirtió en referente. Ya no solo por haber sido copiada, revisionada y empeorada con sus secuelas, sino porque es la tragedia a la que siempre se enfrenta el género: el miedo, una vez descubierto el truco, se evapora. Pese a ello, no le quito el mérito de que continúa siendo entretenida y su diseño de producción tiene esfuerzo y talento.

Si atendemos al contexto en el que 'The ring' se estrenó, el terror japonés y sus códigos llenos de niños ojerosos y pálidos y fantasmas cenizos y de voz ahogada estaban en alza. Tenemos aquí uno de los remakes de ese tipo de cine que con más dignidad levantó el vuelo y que lograba tener, pese a la copia y a la domesticación estadounidense del asunto, entidad propia. En gran parte gracias a ese diseño de producción que antes he mencionado, donde se tiene muy presente la importancia de la paleta de colores escogida, el uso de la banda sonora como complemento a la narración, un reparto que se hace respetar, y la buena utilización de las imágenes para crear algunos planos que a día de hoy son icónicos. 


Ahora bien, tiene un desarrollo que hace aumentar la tensión a través del misterio, no del miedo. La trama se centra más en una labor detectivesca que en un acto de supervivencia, y los siete días que la protagonista tiene para salvarse a sí misma apenas se notan. Ese tiempo en el que se debe crear ese pánico por la cercanía de la muerte está muy desaprovechado. Igualmente, peca de ingenuidad a la hora de avanzar en esa investigación, pues se llega a algunas conclusiones sobre a dónde ir o cómo llegar a algunos sitios importantes para el avance de la historia de una manera casual o casi adivinatoria. Que la protagonista localice el pueblo donde vivía la niña encargada de la pesadilla a la que nos atenemos a través de una foto que encuentra de forma muy sencilla en un libro entre decenas de los que hay en una biblioteca aleatoria, pista que sigue por ver un faro que podría ser cualquiera en un fotograma de la cinta que ha visto, es algo complicado de dejar pasar por alto. 


Pero bueno, aunque ha perdido, mantiene un nivel de dignidad del que otras muchas películas parecidas no pueden presumir. Y me sigue flipando que la premisa de la película, que es quedar maldito tras ver una cinta de vídeo, sea que el propio espectador se vea obligado a ver esa misma cinta. Jugar a que la propia audiencia quede maldita es algo bastante interesante. Por cosas así, creo que 'The ring' sobrevive.

6/10


viernes, 20 de octubre de 2017

Gladiator. (Ridley Scott, 2000)

Esta resurrección del cine de péplum es un sólido producto que combina a la perfección los dos factores imprescindibles en la industria cinematográfica: comercialidad y calidad. Saliendo victoriosa en ambos apartados, 'Gladiator' se convirtió en un referente de cara a futuras producciones de aventuras y dramas épicos, puesto que las dosis de entretenimiento y cine en mayúsculas no se estorban la una a la otra, y su combinación cuadra a la perfección.

Por supuesto, hay trampas. Pero es que el cine, sobre todo el buen cine, es tramposo. Y con un resabiado de los trucos que tiene el séptimo arte como lo es Ridley Scott a los mandos, esta historia de venganza y honor no se va a cortar un pelo a la hora de ponerse mentiroso. Primero, que tenemos una Roma clásica espectacularmente recreada, así como espectaculares son cada una de las escenas de batallas y peleas en el Coliseo. Que luego tenemos un Russell Crowe y un Joaquin Phoenix que saben perfectamente cómo llevar a cabo sus respectivos papeles, siendo uno el soldado pasado a esclavo que demanda justicia, y siendo el otro el aborrecible y antipático usurpador del Imperio. Lejos de sobreactuar o hacer de sus contraposturas algo maniqueo, ofrecen unos personajes robustos y convincentes, llevados a extremos con equilibrio y comedimiento, y que con sus respectivas puestas en escena a lo largo de la película son fácilmente identificables en cuanto a sus deseos, necesidades y luchas internas. Sí que es verdad que hay frases en sus textos, como en los del resto del reparto, que por sí solas tienen más valor que los diálogos en los que van insertas... Pero como ya he dicho, es una peli llena de trampas, pero que nos las comemos con sumo gusto.


También es verdad que pese a tener un buen ritmo durante todo el film, el peso de la acción se desvanece de cara al tercer acto, cayendo este tanto al principio durante la batalla en Germania y en el punto medio en la que tiene lugar en el Coliseo emulando la batalla de Cartago. El tercer tercio baja esa epicidad y catársis para centrarse en lo emocional, atenúa el compás para tornar el clímax en un asunto casi privado. La alternativa para tener el pico de acción en este momento hubiera sido colar una trampa aún más mayúscula, una trampa histórica, metiendo al ejército romano en la ciudad y presentar batalla con Máximo a los mandos contra el falso Emperador. La elección de esa pelea final es acertada, pese a ese desvanecimiento. 


Poco más que decir, aparte de excelente fotografía y paleta de colores, una banda sonora de Hans Zimmer en estado catártico haciendo lo que más le gusta, y un guion sencillito pero muy puro. 'Gladiator' forma parte de ese compendio de películas ('Matrix', 'Titanic' o 'El Señor de los Anillos', entre otras) que agitan la mano diciendo definitivamente adiós al cine convencional para dar la bienvenida al cine del siglo XXI lleno de CGI, trucos de ordenador y donde la magia pasa a ser más digital que artesanal. Que los nostálgicos lo verán como algo dramático, pero que en realidad hay que verlo como lo que realmente es: progreso y tecnología al servicio del producto.

8,5/10


viernes, 11 de agosto de 2017

El caso Slevin. (Paul McGuigan, 2006)

La propuesta de 'El caso Slevin' es de esas que me enganchan rápido a cualquier película: un laberinto con sorpresa dentro que se toma en serio a sí mismo pero que se cuida de seriedad innecesaria. Un thriller de dialéctica casi poética entre matones y mafiosos locales, con una puesta en escena estimulante, un reparto que calza sus zapatos tal como si estuvieran diseñados únicamente para ellos, y una trama disfrazada de absurdo que va deslizándose poco a poco en una compleja historia de venganza.

Pero por favor, hablemos de Josh Hartnett. Porque entre peces gordos de la interpretación donde tenemos a Morgan Freeman, Sir Ben Kingsley, Stanley Tucci, Lucy Liu y Bruce Willis, uno de los actores que más proyección tenían hace una década se mueve como pez en el agua. No solo eso, les roba las escenas. El personaje de Slevin es un puto canalla, un sinvergüenza, un bocachanclas y un buscalíos irremediable. El bueno de Josh se mete en el papel de pleno, se disfruta a sí mismo, y logra química con cada uno de los compañeros de oficio que tiene asignados, y son ellos, los de talla grande, los que se amoldan a él, y no al revés. La picardía que le echa frente a estos tipos es de tener unos huevos enormes. No entiendo cómo un actor que tenía tal empuje ha acabado diluyéndose en producciones de poca monta y sin apenas relevancia actualmente. Es ilógico que un tío que también demuestra su faceta dramática en 'Black Hawk derribado', en definitiva, un tío que vale para mucho más que conformarse con serie B o un papel destacado en 'Penny Dreadful', no haya tenido la progresión de carrera que se esperaba de él. El talento y el carisma los tiene.


Centrándome en la propia película, tiene los ingredientes propios del cine de ladrones de Guy Ritchie, sin necesidad de volverse tan estilizado o con un sello de autor tan marcado, y un humor cercano al de las pelis de Edgar Wright, obviando el frikismo que éste somete a sus creaciones. Las escuetas pero letales dosis de violencia pueden rememorar al Scorsese menos frenético, y el montaje narrativo que sirve para ocultar todo el pastel que hay detrás de una historia aparentemente simple podría haber sido facturado por el principiante Nolan de 'Memento'. Pero ninguno de esos autores es el responsable de 'Lucky Number Slevin' (cómo mola el puto título original, coño), sino que tenemos a Paul McGuigan, director de varias mediocridades de aúpa, más destacado por haber dirigido varios episodios de la serie 'Sherlock' que otra cosa. No es un tipo de renombre, vamos, pero aquí demuestra tener escuela y capacidad. Hay tíos en el mundo del cine que me caen bien por no querer ser nadie y simplemente se dedican a su oficio. McGuigan pasa a formar parte de esa lista. 


En fin, recuerdo que la vi en el cine después del instituto, sin tener aún ni puta idea de cine y sin saber a qué me enfrentaba, y salí muy sorprendido. El tiempo ha colocado a la película en una merecida categoría re revisionables cada cierto tiempo, sin que pierda chispa. Es entretenida, es chula como ella sola, te dejas llevar por los personajes, cero pretensiones ombliguistas de autor. Simplemente una película con suficiente estilo para tenerle respeto y que hace pasar un rato muy divertido. 

7,5/10


martes, 16 de mayo de 2017

Otra Tierra. (Mike Cahill, 2011)

Tiene un planteamiento más que interesante, y sabe aprovechar un marco de ciencia ficción que, pese a ser clave en el sentido de la historia, se centra en un drama intimista para indagar en peripecias filosóficas, profundizar en el solitario ego de los protagonistas y reflexionar sobre la tortura de la redención.

Tiene varios atractivos exóticos, desde su desarrollo caracterizado por un presupuesto muy ajustado hasta su gancho visual y estética grisácea. Se teje un imaginario sobre las realidades paralelas que invita a hacer un ejercicio cerebral con la aparición repentina de un planeta, el cual resulta ser un espejo del nuestro, en el que nosotros mismos estaríamos reflejados si nos acercáramos a él. Y con esa suposición de conocer a tu otro yo cuyas condiciones son las opuestas a las que vives aquí y ahora, se da rienda suelta a las preguntas "qué habría pasado de tomar otra decisión" o "cómo sería mi vida si esto no hubiera ocurrido". El morbo por obtener tales respuestas se deja de lado de forma fortuita para atender temas menos pantanosos y más introspectivos, como lo es la huída de tu propia existencia o la conciencia de haber perdido la oportunidad de ser feliz. 

Administra muy bien la psicología de los personajes y su encuentro. Es acertado que la protagonista, tras su paso por la prisión de menores, regrese a la sociedad como limpiadora, un dibujo de su intento por limpiar su pasado, mientras la película avanza disparando varios dilemas morales, como lo es su futuro viaje a esa otra Tierra, o su creciente relación con el hombre cuya familia murió en el accidente que ella provocó. Igual de atractivos son sus poco comunes convencionalismos, sus no pocas escenas aderezadas de cierta rareza, o algunas conversaciones muy bien integradas como la del primer cosmonauta ruso. Todo enfocado a dejar en el aire la pregunta existencialista del film: ¿es la otra Tierra un reflejo de la nuestra y de nuestras vidas, o somos nosotros y nuestro planeta el reflejo de la otra Tierra?


Un buen ejercicio para jugar con nuestra imaginación acerca de otras realidades o para teorizar sobre nuestro propio ser y el significado de nuestras vidas, sin necesidad de hacer crecer ese hilo conductor de fantasía y ciencia ficción más allá de retenerlo como envoltura. Una película bastante única y que genera sorpresa y agita algo dentro del espectador. 

7,75/10


miércoles, 26 de abril de 2017

Silent Hill. (Christophe Gans, 2006)

El cine y los videojuegos no acaban de llevarse bien del todo. Pese a las semejanzas a nivel audiovisual cada vez más cercanas, a nivel narrativo la distancia sigue llevando equívocos y torpezas a las películas que se adentran en este terreno, y en muy pocas ocasiones la experiencia de los juegos se ha sabido llevar a la gran pantalla. Precisamente por confundir las formas en que un videojuego transmite su historia al público, y la forma en que el cine lo hace. Y el ejemplo ante el que estamos es de las pocas veces que, pese a sus defectos, sí que parece tener empeño en contar su relato atendiendo a las claves del séptimo arte, respetando la esencia de la franquicia Silent Hill, en vez de aferrarse por completo a la mecánica del mundo de las consolas.

El principal acierto de 'Silent Hill' es quedarse con la estética y la ambientación del videojuego, incluso con la propia banda sonora, con riguroso respeto, y librarse de todo lo demás. La historia y los personajes, aunque tienen que ver con él, están totalmente escritos para que funcionen en la película. De hecho, cualquiera que no haya jugado previamente podrá disfrutar del visionado ignorando su existencia. El acierto tiene que ver en la forma en que avanza el guion, construído por capítulos y no por fases, que es donde otras películas del subgénero caen estrepitosamente. La diferencia es más importante de lo que parece, pues una trama capitular avanza de forma natural con escenas o momentos transicionales, mientras que la trama por fases va a saltos y con poco lubricante.


Respecto al terror de la cinta, algunos de los bichos han envejecido mal. El ordenador se nota bastante en ellos, y dan más asquete que otra cosa. Si bien Pyramid Head y las enfermeras están muy logrados y propician momentos gore deliciosos, y el ambiente oxidado y perverso es para tener en cuenta. La niebla del pueblo no está del todo aprovechada para generar miedo o confusión, y hay muchos elementos a los que se les podía haber sacado más petróleo, desde la trama paralela en el mundo real, hasta la forma de jugar con el interrogante de si las protagonistas están atrapadas en una especie de limbo, de infierno, o en la propia muerte. Deja esa sensación de esfuerzo inacabado y dejado a medias.


La película no es que sea la excepción que rompe la regla de los trasvases del videojuego al celuloide, pero se aprecia la intención de serlo. Los ridículos que pueda cometer vienen dados por el presupuesto y cierta esencia de cine B, que por las acciones de los personajes. Tiene estilo, huye de tópicos, y aunque deja algunos posos ilógicos, se deja gustar y es decente. 

5,75/10


sábado, 18 de marzo de 2017

The descent. (Neil Marshall, 2005)

Merece respeto por cómo combina dos tipos de terrores sin que el uno tape al otro, y por saber sorprender en el momento en que parece quedarse enclaustrada. Por una parte, claustrofobia pura, bien rodada de cerca, muy encima de la desafortunada tropa que se enfrenta a las profundidades. Por otra, monstruos que dan muy mal rollo con aparición inesperada a mitad del conflicto. Un giro de trama que cambia la urgencia de sobrevivir a un encierro por la urgencia de escapar de las garras de unas criaturas sangrientas y sedientas de gore.

También merece respeto por incorporar un elenco protagonista enteramente femenino sin caer en la tentación de la sexualización, del paternalismo, o de hacerlas idiotas como es tendencia en el género. Da gusto ver una película que no tiene que recurrir a roles masculinos en situaciones de salvación. 

La atmósfera es amenazante y tensa ya desde mucho antes de que se descubra lo que vive en las grutas en las que se desarrolla la historia. Una vez desatado el terror, la película se torna brutal. Es buena la decisión de no dar explicaciones sobre lo que se encuentran ahí dentro, y por cómo las chicas reaccionan a ello como pueden. La iluminación selectiva es clave para envolverlo todo en un halo de constante peligro, y el sonido también trabaja con mucho sentido y sin ser efectista, logrando crear una sensación de pánico. Acierta en el realismo con el que trata las consecuencias de algunas acciones. Si alguien sufre una herida, un golpe, o se rompe una puñetera pierna, le va a resultar un verdadero problema para salir vivo. Aquí no hay personajes invulnerables y el dolor juega en contra de ellos.


¿Tiene problemas? Sí. A veces se vuelve exagerada, y se podía haber sacado más partido de algunas disputas personales entre personajes. Pero el tipo de película que es y la forma de llevarla a cabo los convierte en totalmente perdonables. Quien busque un buen rato de angustia se llevará una grata sorpresa. 

6,25/10


viernes, 17 de marzo de 2017

Team America (Trey Parker, 2004)

Es curioso cómo hay películas que con el paso del tiempo pierden fuelle. Es el caso. Lo que hace una década me hizo gracia, ahora me resulta bastante pueril, los chistes y bromas se quedan en la intentona de resultar escandalosos, y tampoco es que logre sacudirme la conciencia con su sarcástica brutalidad.

O he sido yo el que ha madurado, o es la película la que ha envejecido de pena. Y me decanto más bien por lo segundo, porque a mí me sigue haciendo gracia el tipo de humor negro, bestia y tontorrón que destila la película. Pero cuando se usa bien. Lo que he apreciado en esta revisión es una sucesión de anécdotas graciosas con un tono muy idiota, el cual va in crescendo tratando de superarse constantemente. Y utilizar marionetas como método de animación es incluso un chiste en sí mismo. Pero termina resultando como esos tíos pesados que conoces en una noche de borrachera en cualquier sitio, que se arriman a ti e intentan convertirse en tu mejor amigo a base de hacer chistes de cualquier cosa. El resultado termina acercándose a lo patético.

Que sí, hay dos o tres momentos en los que me entra la risa. Esto es como cuando yo me pongo a intentar encestar en una canasta sin tener nada de técnica en el baloncesto: si me tiro dos horas haciéndolo, alguna cuela. Y que no es una comedia de segundo visionado. Seré explícito: ver follar a dos marionetas en todas las posturas imaginables choca la primera vez. Cuando te sabes la jugada, pierde su gracia. Y la supuesta crítica que realiza de forma cínica se queda desinflada, aunque el escupitajo al gremio de actores y artistas por su postureo político es lo que más da de sí en ella. Así que la trascendencia de la película es bastante nula, y eso que en su momento parecía tener ingredientes para sobrevivir. South Park, que también es de Trey Parker, sale mucho más airosa en ese aspecto utilizando el mismo humor zafio y grosero.


Una sátira que ataca a todo lo que pilla por delante: a América (la de verdad, la del norte quitando Canadá), a belicismo descontrolado, al cine de acción desbordada, al ya mencionado gremio de actores, a Bush, a los franceses, a los islamistas, a los musicales. Pero es un ataque tan inofensivo como el berrinche de un niño de cinco años. Quien la disfrutara en su momento, que se aleje de ella si quiere conservar un buen recuerdo. 

4/10