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jueves, 21 de diciembre de 2017

Star Wars Episodio VIII: Los útimos Jedi. (Rian Johnson, 2017)

Hace 40 años, una trilogía de aventuras galácticas donde se enfrentaban los dos bandos bien diferenciados de la luz y la oscuridad nos cautivó. Luego tuvimos unas precuelas que, lejos de esa capacidad para maravillar, eran puro entretenimiento. Y entonces, llegó el Episodio VII para recordarnos aquella nostalgia, aquel humor liviano que poseían las originales, aquella camaradería entre personajes. Un Episodio VII que repetía esquema con 'Una nueva esperanza' en cuanto al viaje clásico del héroe, pero repartiendo nuevas fichas sobre el tablero, y ofreciéndoles un horizonte distinto al de Luke, Leia y Han Solo. Un Episodio VII necesario para que la idea a destacar de 'Los últimos Jedi' - romper con lo anterior, marcar un nuevo camino - sea efectiva. Y por mi parte, todo bien. No tengo ningún problema con la evolución de la saga, con desmarcarse de la tradición, con respetar la nostalgia pero superarla. 

'Los últimos Jedi' es la más atrevida aventura de la saga, es un desafío a varios niveles por varios motivos. Primero, porque planta cara al fandom más conservador y no se rinde a lo que esta gente quiere desesperadamente, abriendo la ventana para que entre aire fresco, lo que no significa que les falte el respeto, ni mucho menos. Tiene las agallas de poner a un personaje como Luke Skywalker, un personaje mítico que apenas tuvo dudas sobre el destino que debía tomar dentro del bando bueno, en la tesitura de no ser capaz de soportar el peso de su leyenda, de tener dudas morales, de cuestionar a la propia orden Jedi para la que tanto esmero dedicó por resucitarla. Un Luke pesimista y acobardado. Eso sin olvidar que sigue siendo Luke Skywalker, el héroe por antonomasia de 'Star Wars', y ofreciéndole un clímax a la altura de lo que representa. Pero que acepta que hay un relevo generacional, representado por Rey, que debe tomar su propio camino, que tiene tanto derecho como él y como todos los que contemplaron sus hazañas en la época a la que pertenecen a tener sus propios héroes herederos de los de antaño, que el futuro pertenece a esa generación, y que anclarse en el pasado es resignarse a un bucle eterno que carece de progreso. 


La película también es un desafío porque, en coherencia con lo anterior, ni lo oscuro es tan oscuro, ni lo blanco es tan blanco, una división que en Star Wars siempre ha estado bastante definida y limitada. Hay muchos grises en esta película. Héroes y villanos que dudan, que se equivocan, impulsivos, humanos. Y que fallan en sus objetivos. Mientras en las precuelas los planes del lado oscuro progresaban y salían bien, y en la trilogía original los planes del bando rebelde eran los que siempre acababan triunfando sin salirse demasiado del tiesto, aquí unos y otros tropiezan en varias ocasiones. Eso se ve en las decisiones que deben tomar los personajes: la Resistencia, acosada constantemente por la Primera Orden, compartiendo punto de vista con un Poe Dameron cuyo arco crece a pasos agigantados a base de enfrentamientos con sus líderes Leia y Holdo de visión más humana y sensata (al más puro estilo 'Battlestar Galactica'); y Kylo Ren, cuya trayectoria hacia el bando oscuro tiene mucho más sentido y es más madura que la que en su momento tuvo Anakin Skywalker. Igualmente, este desafío responde a un tono de drama político, social y bélico mucho más maduro y revolucionario que el que poseyera cualquier otro episodio de la franquicia. Mientras que estos temas pasaban por las anteriores entregas de una manera fácil y asequible, el Episodio VIII habla con franqueza de la trata de esclavos, de la sinrazón de las religiones como instrumentos morales, de los refugiados, de las consecuencias de la guerra, o de las desigualdades sociales.


Y por si fuera poco, un último desafío: reparte tollinas a todos. Se carga de un plumazo ideas horribles de las precuelas, dando a la Fuerza el sentido que debe tener (a tomar por culo los midiclorianos); señala al fanatismo - tanto al religioso como al cultural - como principal traba para el desarrollo; pone en cuestión que un a un villano no se le pueda caricaturizar, que no se les pueda humanizar, que no se les pueda exponer al ridículo, y en definitiva hace un ejercicio con ellos de deconstrucción y desmitificación que sienta genial, siendo capaz de soportar sus dramas, su rabia y su amenaza sin necesidad de recurrir a un carácter perpetuo de tensión; da un pescozón al linaje, se ventila la idea de que para ser alguien en este universo haya que ser heredero de una estirpe o haya que ser especial, cualquiera puede convertirse en héroe o villano por sus propias capacidades. 


Todas estas virtudes no serían nada sin la capacidad de hacernos sentir cercanos a lo que se cuenta y a los personajes que transitan por ella. En 'Los últimos Jedi' temes constantemente por la vida de sus protagonistas, te cabreas con ellos cuando sabes que la están cagando, te alivia cuando se encuentran y te angustia cuando se separan. Comprendo que haya un amplio sector del fandom echando humos: una película que te señala a ti mismo como parte de la causa de que los iconos y símbolos culturales no tengan capacidad de progresar y tener desarrollos nuevos debe de doler. Pero mira, chico, supéralo y adáptate, o échate a un lado y perece. Ya no estamos ni en 1978 no en 1998, las normas del juego han cambiado y las están escribiendo personas que llegaron después y cuyas inquietudes son distintas a las que tuviste tú, y merecen ser contempladas. Porque Rian Johnson y los nuevos responsables de la franquicia, a diferencia de George Lucas, lo han comprendido: Star Wars es universal y no pertenece solo a quienes la disfrutaron en el pasado, que tiene futuro, y en ese futuro no tiene cabida lo ya visto. Esta es una galaxia demasiado grande como para anquilosarse en los mismos pilares eternamente.

9/10


martes, 19 de diciembre de 2017

Swiss Army Man. (Dan Kwan & Daniel Scheinert, 2016)

Sorpresita de película, una de esas que te encuentras en raras ocasiones y que disfrutas al comprobar que su naturaleza extravagante, ridícula e incluso pueril funciona y se te mete por las retinas y recorre cada uno de tus sentidos dejándote esa sensación que se explora cuando haces algo por primera vez en la vida. La película es arriesgada y está plagada de méritos, dos actores que dan todo de sí mismos, una historia con buena cantidad de mensajes contraculturales positivos, un humor muy primario pero usado de forma muy inteligente, que se despreocupa de las formalidades y el buen gusto para ofrecernos otras cosas bonitas en forma de impúdicas flatulencias.

'Swiss army man' es rara ya desde el planteamiento: un joven náufrago al borde del suicidio se hace amigo de un cadáver. Y se enamora de él. Y juntos viven aventuras y descubren qué es la vida. Y la vida, alejada del decoro y el formalismo social, es un conjunto de impudicias que escondemos y limitamos al ámbito más privado de nuestra individualidad. La vida son flatulencias, son tonterías y pensamientos absurdos, son erecciones repentinas, son todas esas cosas que queremos hacer y no hacemos por vergüenza. Y la película te explica eso a través de un enorme arrojo de sinceridad consigo mismo del protagonista, y a través de su relación con un cadáver que bien te enciende una fogata o bien te sirve de moto acuática propulsada por sus propios pedos (sí, la peli va a saco con esto, y es genial), y que así resucita sus ganas por vivir.


Del dúo protagonista solo se pueden contar halagos. Paul Dano, un actor cuya trayectoria está marcada por personajes que de una u otra forma se les hace bullying y vejaciones varias, y Daniel Radcliffe, eterno Harry Potter, desmarcándose en unas interpretaciones complejas y llenas de pasión. Son muy conscientes del absurdo de sus personajes y de lo loco que es todo en el guion, y ellos se amoldan a ese disparate con firmeza y una entrega total al propósito del film. Entienden de qué va el asunto, entienden que los convencionalismos están fuera de lugar, y se adaptan a esta jungla de lo incorrecto con una maravilla de actuaciones. 


Es imprescindible entrar en su juego, dejar de lado la "realidad" del cine, tener ojos inocentes y una reflexión atrevida y creativa mientras se ve. No tiene cabida en ella el cinismo, ni el clasicismo, ni la tradición. Todo lo que se puede extraer de ella choca con cualquier tipo de formalidad, ahí radica su principal valor, y que tiene la capacidad de señalar a cualquier adulto maduro y decente y decirle que en el fondo escondemos a nuestro niño que se sigue riendo con caca, culo, pedo, pis, para al final dejarte la duda de que en algún momento del camino perdimos la pureza de la vida tal como es para encajar en la vida tal y como la hemos desvirtuado.

7,5/10


jueves, 23 de noviembre de 2017

Liga de la Justicia. (Zack Snyder, 2017)

Después de una producción con muchos problemas, con la urgencia de dar un giro tras las mala fama que generó 'Batman V Superman' (película que sigo defendiendo a capa y espada) y 'Suicide Squad' (esta sí, esta se puede morir), y tras comprobar que tono de esperanzador de 'Wonder Woman' le sentaba bien a la franquicia, esta reunión de héroes DC ha terminado por ser una película ligera de acción divertida, que baila entre ser un apagafuegos contundente y certero y una película puente para empezar a hacer las cosas con más calma, seguridad y precisión de cara al futuro. 

No es una película pasional y carece de profundidad. Eso no es malo en absoluto. La película, dentro de su simpleza, logra aferrarse a su principal virtud: las buenas intenciones. Se nota que detrás de ella hay alguien que quiere enmendar errores sin derribar la casa, que sabe qué agujeros tiene que tapar, y que además es consciente de que el reloj va a su contra porque la maquinara está en movimiento y a estas alturas no puede detenerse. Por lo que la solución a tanto caos detrás de las cortinas ha sido crear un cómic en movimiento, quitarse de epicidad y pasión, presentar a los nuevos personajes que tienen que conformar la Liga dándoles un desarrollo mínimo para saber qué papel juega cada uno y dejar simplemente que se muevan. Ya habrá tiempo para dedicarles, lo importante ahora era ya tenerles juntos y darles una primera aventura que demostrara que funcionan juntos. Y funciona. Y divierte. Pese a que la peli va como un tiro, que no tiene momentos de interludio y cada escena atiende a ser consecuencia de la anterior, en definitiva, pese a ser una aventura llana y simple, funciona y divierte. Prefiero mil veces esto a lo que se pretendía hacer con 'Escuadrón suicida'. O, si nos vamos a la competencia, prefiero esto a la complejidad descabezada de 'La era de Ultrón'.


En cuanto a personajes, Batman y Wonder Woman tienen el hilo conductor sobre sus hombros, y el que se sabía que tenía que reaparecer, Superman, lo hace con aura renovado y esperanzador, llegando al pico de esa evolución de mesías que intenta hacerlo bien pero que todo le viene grande que comenzó en 'Man of Steel'. Quizá es la mayor molestia que he sentido, que su reaparición sea apresurada y no tenga el reposo necesario para asimilar un evento como tal. Pero el personaje muy bien. Los nuevos: Flash y Cyborg son las sorpresas. Como se dice en la película, son los accidentes, los que nadie esperaba. Me gustaría verles trabajar juntos en el futuro, porque conforman una pareja fresca y dinámica. En cuanto a Aquaman, el tío mola y se flipa, pero no hace nada. Sí, reparte alguna que otra leche y vacila un poco. Pero no hace nada. Puro relleno. El villano, pues a lo que estamos acostumbrados: llega, quiere apoderarse del mundo y tiene un ejército de esbirros. ¿Por qué? Porque tiene un hacha bien gorda y 5000 años atrás le ocurrieron movidas. ¿Yo que sé? Es la excusa para reunir a los héroes, sin más. Por cierto, esta vez Lois Lane no va de un lado para otro como pollo sin cabeza, y su papel está más que justificado.


En estos términos, a la película no se le puede rascar más. Por otro lado, la película me satisface en el sentido que siempre lo han hecho los personajes de DC: me resultan más interesantes por separado que en conjunto, dejando la introspección para los capítulos individuales y la explosión de esas emociones en las hazañas colectivas. Y sí, hay tijera, hay cierto choque en cuanto Whedon coge los mandos dejados por Zack Snyder, hay escenas en que la paleta de colores es un tanto fea y sobrecargada, y le hubiera sentado genial algo más de calma. Quienes esperen de ella el cúlmen del subgénero de superhéroes saldrá defraudado, y quien vaya a pasar un rato divertido viendo cómo los personajes de las viñetas cobran vida saldrá satisfecho. Ha puesto tiritas, hace que las anteriores películas cobren más sentido aún (excepto, insisto, 'Suicide Squad', que no pasaría nada si deciden hacer como que no ha ocurrido y hacerle bullying) y ahora ya sí hay una base que no ha empezado a construirse por el tejado, que tiene unos cimientos sobre los que elevarse. Encarrila con firmeza el futuro igual que Bruce Wayne logra encarrilar a estos personajes descarriados. 

6,75/10


lunes, 6 de noviembre de 2017

Thor: Ragnarok (Taika Waititi, 2017)

No supone una continuación de la dinámica dada por 'Guardianes de la galaxia', sino una entrega total y sumisa al humor y a los chistes por encima de la épica. Y ojo, que en este caso le sienta bien. Es una película muy divertida, muy por encima de las dos primeras partes, lo cual era sencillo, pero que no deja de ser una payasada que no tiene más pretensiones que reírse de sí misma. A estas alturas, Marvel ni siquiera se esfuerza en hacer avanzar a sus personajes, simplemente les introduce en nuevas situaciones y experimenta por ver cómo funcionan en ellas. La cosa sale bien si lo que vienes buscando es entretenimiento.

Hay una premisa que tenemos que aceptar: Marvel sabe que sus películas son como droga cuando estás tan metido en ella y eres tan yonki que cualquier mierda te va a valer para aliviar tu mono. Hasta que lleguen las guerras del infinito parece ser el rumbo que van a tomar, dar a su público, que saben que van a pasar por taquilla por pura inercia, unas pocas entregas en las que no es necesario contar nada que altere el universo que tienen establecido, y que simplemente mantenga atenta a esa audiencia hasta que lleguen momentos más importantes. Y mientras tanto, pues eso, a ver hasta qué límites se puede llevar a estos personajes, ya sean en un patrón cómico, como es el caso, o en uno más dado a la acción, como parece que va a ser el caso de 'Black Panther'. 


De todas formas, recordemos que Marvel ha apostado siempre por el público familiar y juvenil. No es nada malo sentirse como un adolescente bobalicón mientras contemplas lo que nos está ofreciendo. De hecho se agradece. Quién iba a suponer en aquella fase 1 donde el humor era un recurso más o menos equilibrado para aliviar la tensión que un personaje como el que aquí interpreta Jeff Goldlum tuviera lugar en estas historias. Y en serio, me gustaría volverle a ver por aquí. Si para disfrutar de una película de Thor hay que imponer este clima de broma, pues bienvenido sea. También teniendo en cuenta que sus bromas son más inteligentes y sorprendentes que en, por ejemplo, 'Ant Man', y que la presencia Cate Blanchett transformando una villana plana en un personaje con buena presencia, pues redondea el producto. Prefiero esto al tono bravucón y lineal de las dos primeras entregas del dios del trueno. Y otro punto a su favor es quitarse a Natalie Portman de en medio, que no pegaba ni con cola en estas películas y se le notaba incómoda en su papel de "la chica", o que la única presencia terrícola de la película sea un Bruce Banner que lleva dos años perdido por la galaxia siendo Hulk. 


Con cierta proximidad a las buddy movies, y más cercana a la mencionada 'Guardianes de la galaxia' que a las de sus compañeros vengadores, incluso se puede decir que la sobrepasa al no hacer concesiones a ningún momento de reflexión o de mediatación dramática. Incluso en momentos donde parece que te se va a parar para dar ese énfasis más serio, regresa de forma violenta al cachondeo. Bastante festiva y colorida, y perfecta parada en el camino para tomar carrerilla hacia la tercera entrega del equipo de héroes.

7/10


viernes, 20 de octubre de 2017

Gladiator. (Ridley Scott, 2000)

Esta resurrección del cine de péplum es un sólido producto que combina a la perfección los dos factores imprescindibles en la industria cinematográfica: comercialidad y calidad. Saliendo victoriosa en ambos apartados, 'Gladiator' se convirtió en un referente de cara a futuras producciones de aventuras y dramas épicos, puesto que las dosis de entretenimiento y cine en mayúsculas no se estorban la una a la otra, y su combinación cuadra a la perfección.

Por supuesto, hay trampas. Pero es que el cine, sobre todo el buen cine, es tramposo. Y con un resabiado de los trucos que tiene el séptimo arte como lo es Ridley Scott a los mandos, esta historia de venganza y honor no se va a cortar un pelo a la hora de ponerse mentiroso. Primero, que tenemos una Roma clásica espectacularmente recreada, así como espectaculares son cada una de las escenas de batallas y peleas en el Coliseo. Que luego tenemos un Russell Crowe y un Joaquin Phoenix que saben perfectamente cómo llevar a cabo sus respectivos papeles, siendo uno el soldado pasado a esclavo que demanda justicia, y siendo el otro el aborrecible y antipático usurpador del Imperio. Lejos de sobreactuar o hacer de sus contraposturas algo maniqueo, ofrecen unos personajes robustos y convincentes, llevados a extremos con equilibrio y comedimiento, y que con sus respectivas puestas en escena a lo largo de la película son fácilmente identificables en cuanto a sus deseos, necesidades y luchas internas. Sí que es verdad que hay frases en sus textos, como en los del resto del reparto, que por sí solas tienen más valor que los diálogos en los que van insertas... Pero como ya he dicho, es una peli llena de trampas, pero que nos las comemos con sumo gusto.


También es verdad que pese a tener un buen ritmo durante todo el film, el peso de la acción se desvanece de cara al tercer acto, cayendo este tanto al principio durante la batalla en Germania y en el punto medio en la que tiene lugar en el Coliseo emulando la batalla de Cartago. El tercer tercio baja esa epicidad y catársis para centrarse en lo emocional, atenúa el compás para tornar el clímax en un asunto casi privado. La alternativa para tener el pico de acción en este momento hubiera sido colar una trampa aún más mayúscula, una trampa histórica, metiendo al ejército romano en la ciudad y presentar batalla con Máximo a los mandos contra el falso Emperador. La elección de esa pelea final es acertada, pese a ese desvanecimiento. 


Poco más que decir, aparte de excelente fotografía y paleta de colores, una banda sonora de Hans Zimmer en estado catártico haciendo lo que más le gusta, y un guion sencillito pero muy puro. 'Gladiator' forma parte de ese compendio de películas ('Matrix', 'Titanic' o 'El Señor de los Anillos', entre otras) que agitan la mano diciendo definitivamente adiós al cine convencional para dar la bienvenida al cine del siglo XXI lleno de CGI, trucos de ordenador y donde la magia pasa a ser más digital que artesanal. Que los nostálgicos lo verán como algo dramático, pero que en realidad hay que verlo como lo que realmente es: progreso y tecnología al servicio del producto.

8,5/10


jueves, 3 de agosto de 2017

Spiderman Homecoming. (Jon Watts, 2017)

Por fin han dado con la tecla correcta. Por fin podemos ver en gran pantalla una representación honesta del trepamuros. En una aventura casi local, que se escapa de la trascendencia e importancia que todas las películas Marvel suelen tener, se nos presenta a un amigo y vecino que es tal cual: majete, inteligente, torpe, bocazas, honrado, flipado, motivado,... Nunca deja de ser un pringado adorable que intenta lidiar a la vez con la necesidad de hacer bien las cosas y de demostrar su valía. En esta primera experiencia dentro de la franquicia, esa es la lucha interna del personaje. Todo ello adaptado al 2017. Este Peter Parker no recibe el bullying casi merecido de chaval nerd que recibía el de Tobey McGuire, ni tiene el carácter emo y rebelde del de Andrew Garfield. Esta película conoce mucho mejor a su público inmediato (jóvenes y adolescentes) que las anteriores versiones, y les da un personaje con el que de verdad puedan verse reflejados.

Y hacer un hilo de pretensiones tan pequeñitas supone un acierto. Spiderman es un puñetero crío que apenas acaba de descubrir sus poderes, que además habita en un mundo donde ya existen los Vengadores, y que cada situación de urgencia en la que se mete le supera por completo. Tom Holland lo ha pillado a la perfección, y se mueve con naturalidad y gracia tanto con las mallas como cuando simplemente es Peter Parker. Recibe multitud de ostias y aún así es tan cabezota que vuelve a levantarse una y otra vez. No está preparado aún para la eterna responsabilidad a la que se le suele someter, está en fase de crecimiento, y llegado el momento en que se da cuenta de ello se retrata a sí mismo a base de lloriqueos suplicantes, pero finalmente sabiendo salir él solito del marrón en el que se ha metido. De ahí la importancia de la presencia de Iron Man como mentor. Porque volver al drama del tío Ben, después de que ya nos lo sepamos de memoria tras dos sagas en menos de 15 años que partían de ese suceso, iba a ser cansino. Bien hecho empezar en un punto en el que todo el origen del héroe ya ha sucedido, y bien hecho en situarnos en el punto en el que está empezando a explorar las posibilidades que sus poderes le permiten. Siempre teniendo en cuenta que es un adolescente que se muere por ser mucho más de lo que puede abarcar. 


La sensación de cercanía y de acontecimiento local se refleja también en el villano. El Buitre no tiene intenciones de destrucción masiva, ni una sed de venganza desmedida, ni está conspirando para un fin mayor. Simplemente se está aprovechando de la chatarra extraterrestre dejada en anteriores capítulos de la franquicia para poder, de algún modo, ser algo más de lo que realmente es. Tal como el propio protagonista, tiene pretensiones más grandes de lo que es capaz de abarcar, cosa que finalmente se le va de las manos y es ahí donde estalla la némesis entre ambos. Y por ese planteamiento humano del personaje, se convierte en uno de los antagonistas más redondos y con motivaciones más sensatas del UCM.


En general, el tono es alentador. Todo es cotidiano, el humor es constante y no distrae, la sensación y el reposo que deja el conjunto es amigable, quieres quedarte con este Spiderman. No necesita dosis de acción desorbitadas, ni un drama interno que le esté machacando constantemente, ni una trama romántica que acapare atención. Es un amigo y vecino que por ahora se tiene que conformar con proteger a su pequeña comunidad. Ya habrá tiempo para los Octopus, para Oscorp, para ahondar en las secuelas que le ha dejado la muerte de Ben, o en lo que supone para un chaval cono él formar parte de un grupo de élite como lo son los Vengadores. Poco a poco, porque tenemos arácnido para rato.

7,75/10


viernes, 30 de junio de 2017

Toy Story 3. (Lee Unkrich, 2010)

Y 15 años después, la guinda del pastel, que consolida una trilogía equilibrada en un nivel muy poco asumible por otro tipo de sagas, mantiene el espíritu aventurero y explorador de sus anteriores episodios, aumentando el nivel de urgencia de sus protagonistas al tener que luchar esta vez contra el paso del tiempo, contra la niñez que se va, contra la desdicha de dejar de ser útiles. Tiene un recetario nostálgico y melancólico que no se antepone a la diversión que caracteriza a la franquicia, y tampoco pretende hacer drama pese a sus momentos tiernos e intensos.

Esta tercera parte recoge todos los aciertos de las anteriores, se sobreesfuerza por culminar con maestría la historia de los juguetes, sigue inyectando dosis de ingenio y propicia nuevas circunstancias aumentando de forma lógica el universo ya creado, y nos ofrece casi dos horas de sana e imaginativa diversión que parece no tener techo, porque la cosa sube y sube hasta límites estratosféricos. Toy Story ahora ya no solo se ha colado en géneros de aventuras o de rescate, ahora se ha permitido el lujo de tocar el terreno del drama carcelario y salir triunfante. Se saca de la manga varios giros que huyen del deus ex machina, ya que el guion no se olvida de ir colocando miguitas en sus primeros actos que puede recoger con entusiasmo en el tercero, y por lo tanto todo resulta redondo y satisfactorio. La inclusión de nuevos personajes como Barbie y Ken permiten jugar y burlarse de los prejuicios sociales hacia los juguetes "de género". Los héroes que ya conocemos continúan su arco de evolución, esta vez teniendo que hacer frente a un destino que parece inevitable.


Logra lo que ya parecía imposible superar dentro de una película Pixar: elevar el ritmo a la máxima exponencia, no hay minuto con tregua, ocurren cosas todo el rato, y ninguna de ellas es arbitraria o episódica, todo atiende a hacer crecer la bola emocional que fabrica desde el deleitoso comienzo con guiño a la primera secuencia de la primera peli hasta el milagroso y perfecto final. Una vez más, calidad técnica y guion marca de la casa es compatible con el afán de Disney por vender el producto más allá de las pantallas. Pixar pone el talento, y Disney las tiendas de juguetes y los parques de atracciones. La combinación, por contradictoria que parezca, es funcional.


Y no puedo saltarme un apunte hacia una de las escenas del cine de animación para todos los públicos más bellas, tensas y dolorosas que ninguna película haya logrado jamás. Sí, me refiero a la escena del basurero. Una magistral lección de suspense, capaz de llevarnos a todos a pensar que esta gente iba a ser capaz de dar un final tan desgarrador a sus personajes. Quien diga que en ningún momento se le pasó por la cabeza esa posibilidad y que tenía el nudo en la garganta miente. Todo el mundo dice que Pixar les rompió el corazón con la primera secuencia de 'Up', pero esta secuencia de 'Toy Story 3' también da muestras de cómo son capaces de inducirte un coma momentáneo.


Woody, Buzz y compañía terminan una trilogía magnífica, una de las más valiosas muestras de cómo conducir una saga sin descarrilamientos, con mucho mimo y sensatez en todo lo que se hace y se cuenta, una reivindicación más del cine de animación como cine con mayúsculas y no solo destinado al público familiar. Hecha para pasar a los anales de la historia, porque esto no es un hito menor que cualquiera de los clásicos de Chaplin, Ford, Kubrick o Spielberg. Es cine en su esencia más pura.

10/10


martes, 6 de junio de 2017

Piratas del Caribe: La venganza de Salazar. (Joachim Rønning & Espen Sandberg, 2017)

Ha sido la entrega de la saga con la que menos hype he acudido. De hecho, la he visto para hacer tiempo mientras me cambiaban el aceite del coche en el taller, con eso queda todo dicho. Siendo Jack Sparrow uno de mis personajes favoritos del cine, no tenía yo demasiadas ganas de volver a verle, a ese desastre me llevó la insufrible cuarta parte (bueno, y que a Johnny Depp le he cogido manía). Quizá ese sea uno de los motivos por los que salgo satisfecho: no tenía pretensiones que saciar, y solo quería pasar el rato con ella. Lo cumple, y además remonta el vuelo de forma digna después de que la anterior película hiciera un ridículo espantoso.

Y creo que la clave es la que se perdió en la película a la que ya he insultado dos veces en el párrafo anterior, y que en la tercera se dejaba de lado en pos de hacerlo todo más grande y épico de lo que debiera: el cachondeo, la pillería, y varios personajes amortiguando al Jack Sparrow más desvergonzado desde 'El cofre del hombre muerto'. El humor es esencial en una película de aventuras de este calibre, igual que los gags o dejar que su protagonista sea un capullo con corazón, que sabe hacer el ridículo sin dejar de ser el más listo de la función. A la saga se le había olvidado eso, había metido tramas serias y personajes aburridos, encomendándose por completo a las rarezas de Sparrow. Y aquí recupera casi todo lo bueno: una pareja de nuevos personajes con peso, bien explicados y acoplados al mundo ya creado anteriormente, una tropa de piratas imbéciles, gruñones, tramposos pero simpáticos, Barbossa volviendo a tener relevancia (sigue siendo el mejor villano que ha brindado la franquicia, pese al magnífico Davy Jones que le sucedió y al esfuerzo y presencia imponente de Bardem en esta), y sin dejar que las subtramas se coman al hilo principal.


El ritmo también recupera la fragancia aventurera. Muchas escenas de acción, en las que no faltan las persecuciones chifladas (la escena del robo del banco define lo que pedía a gritos la saga) o los convites entre barcos en pleno mar, las conversaciones con doble sentido e ingeniosos juegos de palabras más afilados que las propias espadas, y las varias oportunidades en las que Sparrow se salva de morir en el último segundo y de las formas más ingeniosas. 


La película no es perfecta, las dos primeras siguen estando en el escalón superior, y aunque la escena post-créditos sugiere lo contrario, que paren ya. Han solucionado las cagadas cometidas anteriormente, y dejan una película que supondría un final digno. No se concedan otra oportunidad de tocar fondo. No más Sparrow, déjenle morir, que ya hemos tenido suficiente. 

6,75/10