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jueves, 21 de diciembre de 2017

Star Wars Episodio VIII: Los útimos Jedi. (Rian Johnson, 2017)

Hace 40 años, una trilogía de aventuras galácticas donde se enfrentaban los dos bandos bien diferenciados de la luz y la oscuridad nos cautivó. Luego tuvimos unas precuelas que, lejos de esa capacidad para maravillar, eran puro entretenimiento. Y entonces, llegó el Episodio VII para recordarnos aquella nostalgia, aquel humor liviano que poseían las originales, aquella camaradería entre personajes. Un Episodio VII que repetía esquema con 'Una nueva esperanza' en cuanto al viaje clásico del héroe, pero repartiendo nuevas fichas sobre el tablero, y ofreciéndoles un horizonte distinto al de Luke, Leia y Han Solo. Un Episodio VII necesario para que la idea a destacar de 'Los últimos Jedi' - romper con lo anterior, marcar un nuevo camino - sea efectiva. Y por mi parte, todo bien. No tengo ningún problema con la evolución de la saga, con desmarcarse de la tradición, con respetar la nostalgia pero superarla. 

'Los últimos Jedi' es la más atrevida aventura de la saga, es un desafío a varios niveles por varios motivos. Primero, porque planta cara al fandom más conservador y no se rinde a lo que esta gente quiere desesperadamente, abriendo la ventana para que entre aire fresco, lo que no significa que les falte el respeto, ni mucho menos. Tiene las agallas de poner a un personaje como Luke Skywalker, un personaje mítico que apenas tuvo dudas sobre el destino que debía tomar dentro del bando bueno, en la tesitura de no ser capaz de soportar el peso de su leyenda, de tener dudas morales, de cuestionar a la propia orden Jedi para la que tanto esmero dedicó por resucitarla. Un Luke pesimista y acobardado. Eso sin olvidar que sigue siendo Luke Skywalker, el héroe por antonomasia de 'Star Wars', y ofreciéndole un clímax a la altura de lo que representa. Pero que acepta que hay un relevo generacional, representado por Rey, que debe tomar su propio camino, que tiene tanto derecho como él y como todos los que contemplaron sus hazañas en la época a la que pertenecen a tener sus propios héroes herederos de los de antaño, que el futuro pertenece a esa generación, y que anclarse en el pasado es resignarse a un bucle eterno que carece de progreso. 


La película también es un desafío porque, en coherencia con lo anterior, ni lo oscuro es tan oscuro, ni lo blanco es tan blanco, una división que en Star Wars siempre ha estado bastante definida y limitada. Hay muchos grises en esta película. Héroes y villanos que dudan, que se equivocan, impulsivos, humanos. Y que fallan en sus objetivos. Mientras en las precuelas los planes del lado oscuro progresaban y salían bien, y en la trilogía original los planes del bando rebelde eran los que siempre acababan triunfando sin salirse demasiado del tiesto, aquí unos y otros tropiezan en varias ocasiones. Eso se ve en las decisiones que deben tomar los personajes: la Resistencia, acosada constantemente por la Primera Orden, compartiendo punto de vista con un Poe Dameron cuyo arco crece a pasos agigantados a base de enfrentamientos con sus líderes Leia y Holdo de visión más humana y sensata (al más puro estilo 'Battlestar Galactica'); y Kylo Ren, cuya trayectoria hacia el bando oscuro tiene mucho más sentido y es más madura que la que en su momento tuvo Anakin Skywalker. Igualmente, este desafío responde a un tono de drama político, social y bélico mucho más maduro y revolucionario que el que poseyera cualquier otro episodio de la franquicia. Mientras que estos temas pasaban por las anteriores entregas de una manera fácil y asequible, el Episodio VIII habla con franqueza de la trata de esclavos, de la sinrazón de las religiones como instrumentos morales, de los refugiados, de las consecuencias de la guerra, o de las desigualdades sociales.


Y por si fuera poco, un último desafío: reparte tollinas a todos. Se carga de un plumazo ideas horribles de las precuelas, dando a la Fuerza el sentido que debe tener (a tomar por culo los midiclorianos); señala al fanatismo - tanto al religioso como al cultural - como principal traba para el desarrollo; pone en cuestión que un a un villano no se le pueda caricaturizar, que no se les pueda humanizar, que no se les pueda exponer al ridículo, y en definitiva hace un ejercicio con ellos de deconstrucción y desmitificación que sienta genial, siendo capaz de soportar sus dramas, su rabia y su amenaza sin necesidad de recurrir a un carácter perpetuo de tensión; da un pescozón al linaje, se ventila la idea de que para ser alguien en este universo haya que ser heredero de una estirpe o haya que ser especial, cualquiera puede convertirse en héroe o villano por sus propias capacidades. 


Todas estas virtudes no serían nada sin la capacidad de hacernos sentir cercanos a lo que se cuenta y a los personajes que transitan por ella. En 'Los últimos Jedi' temes constantemente por la vida de sus protagonistas, te cabreas con ellos cuando sabes que la están cagando, te alivia cuando se encuentran y te angustia cuando se separan. Comprendo que haya un amplio sector del fandom echando humos: una película que te señala a ti mismo como parte de la causa de que los iconos y símbolos culturales no tengan capacidad de progresar y tener desarrollos nuevos debe de doler. Pero mira, chico, supéralo y adáptate, o échate a un lado y perece. Ya no estamos ni en 1978 no en 1998, las normas del juego han cambiado y las están escribiendo personas que llegaron después y cuyas inquietudes son distintas a las que tuviste tú, y merecen ser contempladas. Porque Rian Johnson y los nuevos responsables de la franquicia, a diferencia de George Lucas, lo han comprendido: Star Wars es universal y no pertenece solo a quienes la disfrutaron en el pasado, que tiene futuro, y en ese futuro no tiene cabida lo ya visto. Esta es una galaxia demasiado grande como para anquilosarse en los mismos pilares eternamente.

9/10


viernes, 15 de diciembre de 2017

Coco. (Lee Unkrich & Adrián Molina, 2017)

Creo que ya lo he dicho en alguna reseña anterior, pero es importante recordarlo: los de Pixar son unos hijos de puta que te cogen el corazón y te gritan al oído "¡¡¡Llora, llora, mira cómo se tambalea tu masculinidad!!!". Todos recordaréis los cinco primeros minutos de 'Up' o la escena de 'Toy Story 3' en la que los juguetes se dirigen juntos a una muerte segura, ¿no? Pues 'Coco' va servido de la misma receta.

Pero las escenas de nudito en la garganta y de lucha interna por evitar que se escape la lagrimita solo son el pico de la montaña. 'Coco' es divertida, es lúcida, visualmente es una pasada y tiene un uso de los colores endiabladamente precioso, y la parte sonora... Madre mía la parte sonora, jamás en mi vida pensé que disfrutaría tanto escuchando rancheras, sin menospreciar el gran acierto que ha sido dejar el doblaje mexicano para meterse de lleno en ella. Y es que esta gente es tan apasionada en lo que hace y lo transmite tan bien que es inevitable resistirse a sus encantos. El buen uso de la animación y sus artefactos clásicos tanto en el diseño de personajes, escenarios y adornos caracterizadores varios, o la naturalidad en que un mundo mágico se desenvuelve con tanta naturalidad son sello propio e inconfundible. Lo que quiero decir, la factoría sigue en forma, la maquinaria permanece engrasada y la imaginación parece que no se les acaba nunca. Y la madurez y la ternura que demuestran tampoco se quedan atrás, que meter algo tan chungo como el Alzheimer en una película cuyo público potencial son niños de 6 a 12 años me parece brutal.


Que vale que tenemos como antecedente de cierto parecido a la producción de Guillermo del Toro 'The book of life'. Pero mira, chico, ya sea por presupuesto, por virtuosismo, o simplemente porque la gente de Pixar tiene esa capacidad de llegar que otros muchos no tienen (y por poder permitirse fichar a los mejores y dotarles de equipo y tiempo para trabajar, también), 'Coco' está varios peldaños por encima de aquella. Y yo nunca me he opuesto a copiar ideas (mi director favorito es el copiota de Tarantino) siempre y cuando sea para mejorarlas o para ponerlas en un nuevo contexto, para jugar a un nuevo juego con ellas, o para explotarlas más de lo que pudieron explotarse en su original. 'Coco' lo hace, y por lo tanto tiene mi bendición tal como la que busca el protagonista por parte de sus ancestros en la película. 


A estas alturas ya no sé ni en que escalafón de "mejores películas de Pixar" colocarla, porque esta peña no deja de sacar joyitas. Porque tiene cosas que la equiparan con 'Up', otras cositas que están al nivel de 'Wall-E', y otras pequeñitas virtudes que superan en ciertos aspectos a 'Inside Out' o a la mismísima trilogía de 'Toy Story'. En su todo quizá no sea ni mejor ni se quede por debajo de ninguna de ellas, pero en ese todo se disfruta tanto como cada una de ellas. Creo que lo mejor que se puede decir de ella es que mantiene el nivel, porque si el nivel ya de por sí es alto, mantenerlo es una virtud. 

8,25/10


miércoles, 13 de diciembre de 2017

Perfectos desconocidos. (Álex de la Iglesia, 2017)

Álex de la Iglesia es un bicharraco muy astuto, con un ojo muy tenaz para crear situaciones cuanto menos extrañas, y ante todo muy fiel a sí mismo. No le creo demasiado talentoso, la verdad. Eso no es un demérito soltado a la ligera, porque es un atributo que se tiene o no se tiene. Sin embargo, en su caso lo suple con una alta porción de profesionalidad, de conocimiento y, a estas alturas, de ser perro viejo. Vamos, que se las sabe todas, y además sabe adaptarse a los tiempos. Recordemos que es él quien ha conseguido que Mario Casas ofrezca registros inimaginables en un actor de su palo. 

Bien, concentrándonos en esta su última película (remake de una italiana, por cierto), esa astucia del director le lleva a enfocar todo el peso de la acción en los personajes, en sus diálogos, reacciones, en algunos gags, en cómo se relacionan unos con otros, en cómo se comportan según qué personaje ocupe el escenario y qué personaje esté ausente. En fin, que las interpretaciones son la base de la película, de una manera muy cercana al teatro, dejando que la sucesión de los acontecimientos fluya y se amolde en torno a ellos. Un reparto de lujo, por cierto, con muchas tablas (aunque Eduardo Noriega no es santo de mi devoción, pero incluso él encaja en este corralillo), y que saben dar, recibir y contraatacar a sus interlocutores con precisión praxiteliana para producir lo que aquí se viene buscando: la risa. 


A todo esto, no podían faltar elementos caricaturescos o fantásticos dentro del mundo costumbrista de Álex de la Iglesia. En esta ocasión, sabe contenerlos y mantenerlos en un plano muy secundario, y llegamos al tercer acto sin que la cosa se desmadre de cualquier manera como le ocurría en anteriores películas. Aquí la cosa se resuelve con mala leche (aunque la mala leche impera desde el minuto 1), con contundencia, pero sin que los cabos que sujetan el barco de desanuden. O sea, todo en orden. La planificación y resolución de las escenas también tiene tela, porque no es un ejercicio sencillo tener un solo escenario con varios personajes y hacer que el ritmo de planos y contraplanos sin que esto sea un muermo. La cosa tiene mucha elegancia y la narrativa del montaje es modélica. 

Tampoco nos vayamos a creer que esto es "12 hombres sin piedad". Aquí es todo más profesional y de gente que tiene las cosas clarísimas de cómo se maneja este tipo de obras. No hay lugar para improvisaciones, está todo muy medido. No hay lugar para las sorpresas, ni a nivel técnico ni a nivel de guion, pues ya el juego que se propone te está advirtiendo que de sorpresas va la trama. Es el buen hacer de los implicados lo que hace que todo funcione como tiene que funcionar. Es una comedia muy de salón, no solo para reírse sino de saber reírse, de entender que lo amargo provoca carcajada si se sabe llevar al terreno que uno desea. Y por mí, dabuti.

7,5/10


lunes, 4 de diciembre de 2017

Asesinato en el Orient Express. (Kenneth Branagh, 2017)

Curioso nuevo acercamiento a la novela de Agatha Christie bajo la mirada vodevil de Kenneth Branagh, quien se sitúa en el centro justo de toda la atención de una obra fabricada con mucho amor, tanto propio como a la propia obra que adapta, con un toque moderno, un esmero notable en tender un escenario con carácter propio, y rodeado de una corte de estrellas que saben enmarcarse perfectamente dentro de la función.

La película es ligera y agradecida de ver. El misterio del asesinato al que alude el título se va descifrando a través de las conversaciones con los distintos pasajeros. Conversaciones que se transforman rápidamente en interrogatorios, los cuales son uno de sus principales atractivos. La narrativa fluye en ese sentido, pues la búsqueda de pistas y el método detectivesco quedan relegados a un segundo plano. Es la exposición de los hechos, las divagaciones del protagonista Hercules Poirot y sus encuentros con los viajeros lo que hace fluir con bastante encanto y buen gusto una película también satisface sin disimulo el ego interpretativo de su director.

No es una película que añada nada nuevo al género de intriga. Utilizando recursos teatrales apoyados en un uso acentuado de la fotografía en el propio escenario y en matizar particularidades identificables de cada personaje, no se sale de las normas más clásicas de la narrativa audiovisual. Con una pulcritud por las formas escrupulosa, dentro de esa pretenciosidad por resultar único y fascinante que caracteriza a Brannagh. Pues eso, que no viene a descubrirnos nada, aunque nos resulte simpático y toda la película ruede sin brusquedad y sin atragantamientos. Como punto postivo, su interpretación del detective belga está contenida y el resto del reparto saben hacerle el contraataque.


Es una película agradable de ver, simpática, no supone revolución alguna aunque el autor se empeñe en ello, pero en un contexto de thrillers que se obzecan en el detallismo, el análisis y la necesidad de dejar cada milímetro del misterio bien explicado, se agradece una película policiaca tan desenfadada como ésta. 

6,75/10


martes, 14 de noviembre de 2017

La suerte de los Logan. (Steven Soderbergh, 2017)

Steven Soderbergh es un autor muy irregular y cuyas pretensiones superan su capacidad para fabricar películas importantes. Le funcionaron muy bien 'Ocean's Eleven' y 'Traffic', pero después se ha tirado 15 años con obras cuyo potencial estaba muy por encima de su resultado. Ahí tenemos 'El buen alemán', las plomizas biografías del Ché, o 'Contagio'. Aunque el entusiasmo del cineasta se acerca al documental, creo que su mayor punch es cuando saca su vena cachonda, y por eso 'La suerte de los Logan' da bastante en el clavo para ser un producto ligero sin altas miras pero solvente. 

Con un reparto donde los secundarios llevan el peso y el protagonista sirve más que nada de salvocinducto, como ya pasaba en las de Ocean, esta historia de atraco labrado por una panda de paletos ofrece unas cuantas risas y un buen rato de pelearse con las palomitas que se quedan pegadas en el paladar. Destacan Adam Driver con un desparpajo voraz para sacar adelante un personaje cuyos gags son de la escuela de Buster Keaton, con rostro y gestos herméticos, y Daniel Craig psicótico, con el gran momento de los ositos de gominola y su master class de química. En cambio, Channing Tatum es un tío que da para mucho más y que queda algo desaprovechado en un papel demasiado suave para la que quiere montar. 


En cuanto al plan del atraco sobre el que gira la trama, resulta verosímil y las sorpresas que esconde se asimilan sin reparos, aunque me resultó demasiado sencillo debido a la poca resistencia que se les va presentando. A ver, mola ver la funcionalidad de cada paso que hacen, y las formas para llevarlo a cabo tienen bastante gracia. Pero que fuera del ingenio que tengan que echarle parezca que tienen un camino barnizado, también. Al margen de eso, el ritmo y la narración tienen una elegancia muy del viejo Hollywood, siguen recetas maestras de forma milimétrica, y eso bien hecho nunca deja de gustar. Que Soderbergh sea irregular no le quita profesionalidad.

Entonces tenemos una película liviana, graciosa y bastante precisa. Un guion que procura no enrevesarse, más cercano a la picaresca que a la mala leche, que se defiende bien cuando recurre a tópicos, y que su principal baza son las situaciones puntuales que va presentando según va desarrollándose. 

6,5/10


viernes, 10 de noviembre de 2017

Annabelle: Creation (David F. Sandberg, 2017)

Me es muy difícil comentar de forma objetiva una película que me pasé la mitad mirando a otro lado, y la otra mitad tapándome los oídos. Pero bueno, eso no es mérito de la película, eso es culpa de que soy un cagado y ante cualquier cosa que me amenace con darme sustos adopto la estrategia de la avestruz de meter la cabeza bajo tierra. Dicho ésto, pues venga, la película tiene un pase bastante más aceptable si lo que buscas es pasar un rato de miedo. No le busques más, porque la película va directa al grano y su objetivo no es más que el de ser un pasaje del terror sin más comida de cabeza que esa.

Repite e insiste con esquemas frecuentes, con ruidos que acrecientan la tensión y con un uso agobiante del sonido, con enfoques y desenfoques sinuosos y encuadres de cámara deliberadamente acotados para tapar por dónde te va a llegar la sorpresa. Nada nuevo bajo el sol, o en este caso bajo la oscuridad, que también es su principal aliada como en cualquier obra parecida. No nos viene a contar nada nuevo, y escasea en cuanto a aportar savia fresca. No hay imágenes que permanezcan en la memoria ni escenas o personajes que vayan a perdurar, si bien la muñeca causante de las pesadillas ya estaba presentada de antemano, y la película se limita a sacarle partido, ya que de no ser por el aprovechamiento de su fama la película pasaría desapercibida entre la multitud de cine de su categoría.


Entonces, ¿qué tenemos? Una película de miedo que da miedo, que analizada una vez vista resulta ser un refrito que usa ingredientes de toda la vida y mezclados de forma parecida, que al menos pone algo de empeño en tener algunos personajes mínimamente presentados aunque ya los hayas visto otras veces bajo otros rostros y nombres, y que cumple su función como producto desechable de rápido consumo. No hay mucho más de lo que rascar. Ni siquiera puedo compararla con la primera de 'Annabelle' porque no la he visto, pero desde luego sigue quedando a mucha distancia de los expedientes Warren de la que es spin-off. 

5,75/10


miércoles, 18 de octubre de 2017

Madre! (Darren Aronofsky, 2017)

Película que necesita una digestión larga, porque no son pocas las insinuaciones que Aronofsky nos cuela en esta rara avis de género de terror claustrofóbico y sofocante. Tenemos elementos de los que el autor nos tiene acostumbrados en su cine, los cuales maneja como arcilla húmeda para crear un universo fascinante y lírico dentro de una atmósfera tenebrosa y pantanosa: un caserón con corazón propio y que sangra como escenario principal, personajes principales sin más nombre que Madre o Él que les dotan de universalidad, tintineos cuyos ecos advierten amenazas, o el propio proceso de creación y destrucción del hogar como reflejo paralelo de la salud social que se va desarrollando dentro de él. Un ambiente que palpita y se nos pega de inmediato gracias a los constantes primeros planos y al montaje interno de seguimiento de los personajes.

Con un poco de meditación se pueden sacar dos alegorías más o menos obvias de lo que Aronofsky pretende contarnos. Una es un paralelismo bíblico, siendo el personaje de Javier Bardem el creador y Jennifer Lawrence la naturaleza, quienes han levantado juntos ese caserón que representa la Tierra, y cuyos primeros invitados son los personajes de Ed Harris y Michelle Pfeiffer, una suerte de Adán y Eva, con sus Caín y Abel particulares, que no tardarán en resultar molestos a la Madre mientras llenan el ego del Creador. La segunda metáfora es medioambiental y se desarrolla en la segunda mitad y en dos tandas, donde la película se convierte en un maravilloso what the fuck en el que los invitados pasan a apoderarse sin ningún consentimiento del refugio particular de la Madre, ante el beneplácito de Él que con el ego ante la llegada de admiradores parece olvidarse de su esposa. Todo se vuelve desmedido, el ambiente se torna sectario y fanático, y llega un punto de no retorno en el que el caos se apodera del escenario. Subliminalmente nos está contando que eso es lo que el ser humano hace con el planeta, tomarlo como suyo, invadirlo y sobrepoblarlo hasta la incomodidad y enfermarlo. 


A esto yo le sumo una tercera lectura, más personal que otra cosa. Creo que 'Madre' habla del proceso de creación y de la vida que tiene una obra y su propio autor. No es aleatorio que Él sea escritor y la principal tarea de la Madre sea levantar y cuidar esa casa desde sus cenizas. Creo que la película habla de cómo una obra o un autor llega al público, al principio a grupos pequeños, los primeros seguidores, y que con la fama aparecen los fanáticos, los haters, los críticos, los que no entienden absolutamente de mensaje inicial,... La obra y el autor se desvirtúan de lo que eran al principio, el ego se dispara y nubla la vista hasta el punto de dejar morir la esencia, y termina por ser más importante alimentar a esa masa de seguidores de todo tipo que seguir creando con cariño. 


Con un solo visionado y tan poco tiempo para haberlo meditado más profundamente, no tengo mucho más que aportar. Me extrañaría mucho no ver a los actores en las listas de candidatos para grandes premios, más alguno técnico pues es indiscutible la calidad artística inmersa en la película. Habrá muchos que salgan fatigados, o que la odien directamente. Yo salgo deslumbrado y sin dudar de que esta continuación respecto a la intencionalidad de 'Cisne negro' es una demostración de maestría.

8,5/10


viernes, 13 de octubre de 2017

Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017)

Complicadísimo ejercicio de ser digna secuela de uno de los pilares de la ciencia ficción, y que sale muy bien parada. Tanto, que incluso en algunos puntos toca ese techo de la de 1982. Esta ampliación del universo de 'Blade Runner' no solo es visualmente memorable (cada plano es una obra de arte en sí misma, os lo aseguro), sino que tiene un interior bastante profundo que desengranar, ofrece mucha reflexión y nos recuerda que cine lento no es sinónimo de cine aburrido. Porque sí, es una película larga, cocida a fuego lento, y hace de ello una virtud. En los tiempos audiovisuales que nos tocan, una debilidad es la tendencia a ofrecer información rápida, sencilla y asequible. Denis Villeneuve se aleja de ello siendo muy consciente de que es hijo de estos tiempos, y sabe combinar ese tempo narrativo con un lenguaje contemporáneo, nos acerca el mismo futuro opresivo que la de Ridley Scott con la ventaja de tener 35 años de avances tecnológicos, sin desvirtuar el encanto analógico y noir que la mítica película poseía. 

La gran sensación con la que me quedo es lo triste que me ha resultado la película, tanto por su acercamiento a un existencialismo muy hondo, como a la realidad y destino de sus personajes. Se aprovecha del universo ya creado para inspeccionar y abrir otros límites. 'Blade Runner 2049' habla del papel del ser humano en un mundo cada vez más tecnológico, donde las máquinas toman protagonismo, habla de la soledad, de la insatisfacción, del desarraigo, del amor,... Introduce el concepto del recuerdo y del pasado (no solo flashbacks, sino esas referencias nada gratuitas a Elvis, Marilyn o Frank Sinatra en el punto medio del film) como materia fundamental para crear sentimientos, singularidad y consciencia sobre uno mismo y el entorno que le rodea. Un cambio fundamental respecto a la de 1982 es el uso del espacio y de arte visual implícito en él. 'Blade Runner 2049' apuesta claramente por espacios abiertos y paisajes enormes, pero vacíos, yermos y que cada vez que se apaga la banda sonora llaman al silencio. Es una forma actualizada de dar importancia a la opresión a la que la sociedad está sometida. Y otra diferencia es el hecho de no ser una película de persecución como lo era la original, sino de búsqueda, lo cual cambia radicalmente los matices y necesidades de los personajes.


Que en cuanto a los personajes, más allá del sobrio protagonismo de Ryan Gosling y el afligido regreso de Harrison Ford como Deckard, o del constante acecho y peligro de la casi anecdótica presencia de Jared Leto, hay que valorar el papel de las mujeres en la película. Cada encuentro del protagonista con un personaje femenino es de especial trascendencia, ya que abren un interesante trasfondo acerca de la fragilidad que tiene el género impostado o el protagonismo social y en las relaciones que culturalmente hemos configurado a cada uno. Destaca Ana de Armas como la realidad virtual enamorada de la máquina, no más encerrada en sus propios límites físicos que cualquier ser humano. En su conjunto, los personajes secundarios ofrecen mucha más enjundia que la original.


Es una película a valorar con detenimiento. Sí, su lectura es fácil y la conclusión no da pie a enigmas posteriores, pero tiene un contenido de mucho peso, tiene capacidad para asombrar y para hacer meditar, hay belleza en ella a la que la mayoría del cine de gran presupuesto no es capaz de acercarse, y lo más importante es que es digna sucesora, sin necesidad de repetir o confiarse a la nostalgia, porque sí, 'Blade Runner 2049' abre fronteras y no se atrinchera en la historia original. No es perfecta, pero sí extraordinaria.

8/10


jueves, 5 de octubre de 2017

Detroit. (Kathryn Bigelow, 2017)

Imprescindible relato acerca del odio y la violencia visceral, narrado desde un plano físico y sin medias tintas, con pulso y nervio, y que juzga con severidad los acontecimientos, las decisiones de los personajes y su posterior lavado de cara. Cuenta con el empujón de que el mundo actual no se diferencia, ni mucho menos, de la forma de pensar y actuar que se nos presentan. Las guerras callejeras y los guetos siguen siendo, aunque nos distanciemos de ellos, tendencia.

Y es Kathryn Bigelow quien viene a quitarnos esa venda de los ojos. Nos relata lo acontecido durante unos disturbios raciales a finales de los 60, pero volvamos la mirada a cualquier informativo actual. Esa migraña, esa sinrazón, sigue presente en las sociedades occidentales, los confrontamientos por motivos de odio, de raza o de margindad siguen presentes. Y la directora viene a señalar esto en su película, a mi parecer, más redonda, menos aparatosa y más depurada, cuyo significado o ensañamiento no se ven enturbiados por la magnificencia o la reiteración, como le ocurría en 'The hurt locker'. Y su capacidad para filmar la tensión sigue siendo impecable. En esta ocasión se centra en un momento concreto que pueda servirle de marco y reflejo de un contexto, se va a lo mínimo para exponer lo que ocurre en un campo más amplio, lo que permite, con un posicionamiento hacia las víctimas muy claro, conocer perfectamente a los bandos enfrentados.


Que las secuencias centrales de la película se esfuercen en estar focalizadas en los personajes y sus actos, en tenerlos casi cara a cara con nosotros mismos, es un acierto para poder entender la enajenación de unos y la aprensión de otros. A destacar las labores interpretativas de dos jóvenes promesas como son John Boyega y Will Poulter, uno haciendo las veces de ingenuo mediador entre los bandos, y otro como desmedido, encendido y cruel agente de policía. 


Es un cine con agallas, valiente, cuya denuncia resulta muy oportuna y que no pretende ensalzar ningún sentimiento patriótico, algo que me echa bastante para atrás en el cine de Bigelow, sino que va directa a cuestionar la agresividad permitida por el sistema, la rabia y la impunidad con la que se puede actuar en nombre del orden y la ley. 

7,75/10



miércoles, 20 de septiembre de 2017

It. (Andrés Muschietti, 2017)

Nunca terminé de ver la TV Movie protagonizada por Tim Curry, por lo cual, en el terreno audiovisual no tengo referencias previas de este remake. Sí las tengo de la referencia original, la novela de Stephen King, uno de sus libros que más atrapado me tuvo entre sus páginas. Esta versión actualizada (los acontecimientos del libro ocurren en la década de los 50, en la película a finales de los 80, y supongo que el éxito de 'Stranger Things' tendrá algo que ver en ello) se acerca tanto que casi quema a lo que yo tenía en mente de esta historia, por lo que mi parte fanboy ha quedado satisfecha. Porque precisamente es una adaptación, con sus inventos, sus cambios y alteraciones, y no una reproducción exacta de la novela. Cada medio funciona de distinta manera.

Y a mi parte crítica también le ha complacido. 'It' sabe combinar la historia de madurez forzada que viven sus protagonistas adolescentes con el terror más primario y básico, el del miedo puro, el de la incomodidad e incertidumbre, el que tememos desde niños, algo así como el constante acecho del hombre del saco, que no es otra cosa que un ente folclórico heterogéneo y abstracto del cual cada uno echaba a su imaginación para conformarlo con sus peores traumas. Ambas, la narración del paso de la infancia a la edad adulta y la del monstruo comeniños, crecen conjuntamente sabiendo hacer palanca la una sobre la otra. Para regodeo mío, y de muchos espectadores seguramente, la película no se corta un pelo a la hora de volverse sangrienta y visceral. Aparte de dar buenos sustos recurriendo sin complicaciones a sistemas del género de toda la vida (cosa que hace muy bien), y añadiendo tensión y pulso que nada tiene que ver con sustos, deja ver sin apartar la cámara o sin elipsis el festín carnívoro en que Pennywise convierte a cada una de sus víctimas. Otra cosa que los guionistas han entendido muy bien es que el payaso actúa como un asesino en serie, por lo que la narración atiende al crecimiento de la investigación de los chavales sobre qué es Eso en ese sentido.


Otra cosa que entiende y a la que atiende perfectamente la película es que los niños prefieren enfrentarse al monstruo que les acecha que enfrentarse a lo que ya tienen en sus casas. El mundo adulto es un monstruo ya de por sí al que llevan enfrentándose toda su vida. Las preocupaciones del clan de los perdedores están enfocadas en la indiferencia o en el peligro que sus propios progenitores representan para ellos, desde padres sobreprotectores hasta padres abusadores, y al bullying que sufren por parte de los abusones de la escuela. Desde luego, Pennywise es solo un monstruo más al que deben enfrentarse, pero esta vez es un villano contra el que pueden luchar juntos. Mientras que la pelea diaria a la que deben hacer frente en sus propias casas individualmente les supera, la tropa se vuelve poderosa y carismática en la contienda contra el payaso. 


Visualmente es elegante y emocionante, con sencillez casi conservadora sabe crear un mundo hostil, fangoso y hermético, y a la vez bello y con cierta luz esperanzadora. Por tópico que suene, es una película con alma, conmueve, y los protagonistas te roban el corazón. Sabe conducir a cada personaje para que sientas su rabia, o su impotencia, o sus ganas de huir. Una adaptación que sabe tomar lo cotidiano y lo pervierte, sabe crear una atmósfera terrorífica a plena luz del día, y con ello construye la angustia del relato. 

7,5/10


miércoles, 23 de agosto de 2017

Baby Driver. (Edgar Wright, 2017)

Edgar Wright tiene una cualidad que admiro, por encima de las risas que me haya podido echar con buena parte de su filmografía: sabe coger métodos narrativos extrínsecos del cine y hacer que el universo de sus películas gire en torno a ellos sin que ello las convierta en productos artificiales. En esta ocasión, todo el cuento va versando alrededor de la música que Baby escucha en sus auriculares. Todo el montaje, tanto a nivel interno (movimiento de personajes, de cámara,...) como externo (cortes de planos, sucesión de secuencias,...) está bajo la batuta de la banda sonora. Cuando se apuesta cien por cien por una fórmula de contar una historia que se sale del esquema clásico, el riesgo de cagarla es máximo porque en el momento en que quieras desahogar el ritmo recurriendo a las recetas de toda la vida el truco va a ser más cantoso que un descosido. Buena noticia: el director sabe mantener ese protocolo (la música rige absolutamente todo) durante las dos horas del film, incluso en las escenas menos importantes.

Con tal declaración de intenciones, la película no debía fallar en otro asunto importante: tiene que molar. Y de eso va sobrada. Apoyada por un reparto cachondo y de gente chula como ella sola, con escenas de persecuciones automovilísticas que tienen coreografías medidas con el mismo aplomo que una obra de ballet, acción gamberra, y la necesidad de tener muchas coñas momentáneas que hacen que te apuntes a esta movida desde el primer momento (las innumerables gafas de sol de Baby, gag humorístico de haber mamado mucho Chaplin). Son muchos los ingredientes bien cocidos que hacen que sea una película canalla y muy divertida, entretenimiento puro y duro.


Además, me gusta la elección de Ansel Elgort como protagonista, o como elemento adolescente del film. Es un chaval joven, lampiño, guapete, pero no un mojabragas. Su personaje no se vende a través de elementos sexuales, tiene determinación y actitud de sobra para olvidarnos de que no deja de ser una cara bonita al pie del cañón. Y no se fuerza la explicación a que su mundo gire en torno a lo que sale de los auriculares de su reproductor de música, ni de las cientos de cintas que graba para uso personal y que definen su vida y sus emociones, haciendo que efectivamente la música sea elemento indispensable para que los ladrillos queden bien cementados. A Kevin Spacey tengo que mencionarle porque solo su presencia como villano capullo ya hace valer la pena el visionado.


'Baby Driver' es una apuesta segura para pasar un rato desfogado. Hay poco que discutirle, cumple su objetivo de sobra. Una película de aroma pop, cuyo derroche de imaginación para hacer fluir la acción te obliga a abrocharte el cinturón de seguridad. Es un macizo ejemplo de que un guion normalito gana muchísimo si es contado con gracia y talento. 

7/10


jueves, 3 de agosto de 2017

Spiderman Homecoming. (Jon Watts, 2017)

Por fin han dado con la tecla correcta. Por fin podemos ver en gran pantalla una representación honesta del trepamuros. En una aventura casi local, que se escapa de la trascendencia e importancia que todas las películas Marvel suelen tener, se nos presenta a un amigo y vecino que es tal cual: majete, inteligente, torpe, bocazas, honrado, flipado, motivado,... Nunca deja de ser un pringado adorable que intenta lidiar a la vez con la necesidad de hacer bien las cosas y de demostrar su valía. En esta primera experiencia dentro de la franquicia, esa es la lucha interna del personaje. Todo ello adaptado al 2017. Este Peter Parker no recibe el bullying casi merecido de chaval nerd que recibía el de Tobey McGuire, ni tiene el carácter emo y rebelde del de Andrew Garfield. Esta película conoce mucho mejor a su público inmediato (jóvenes y adolescentes) que las anteriores versiones, y les da un personaje con el que de verdad puedan verse reflejados.

Y hacer un hilo de pretensiones tan pequeñitas supone un acierto. Spiderman es un puñetero crío que apenas acaba de descubrir sus poderes, que además habita en un mundo donde ya existen los Vengadores, y que cada situación de urgencia en la que se mete le supera por completo. Tom Holland lo ha pillado a la perfección, y se mueve con naturalidad y gracia tanto con las mallas como cuando simplemente es Peter Parker. Recibe multitud de ostias y aún así es tan cabezota que vuelve a levantarse una y otra vez. No está preparado aún para la eterna responsabilidad a la que se le suele someter, está en fase de crecimiento, y llegado el momento en que se da cuenta de ello se retrata a sí mismo a base de lloriqueos suplicantes, pero finalmente sabiendo salir él solito del marrón en el que se ha metido. De ahí la importancia de la presencia de Iron Man como mentor. Porque volver al drama del tío Ben, después de que ya nos lo sepamos de memoria tras dos sagas en menos de 15 años que partían de ese suceso, iba a ser cansino. Bien hecho empezar en un punto en el que todo el origen del héroe ya ha sucedido, y bien hecho en situarnos en el punto en el que está empezando a explorar las posibilidades que sus poderes le permiten. Siempre teniendo en cuenta que es un adolescente que se muere por ser mucho más de lo que puede abarcar. 


La sensación de cercanía y de acontecimiento local se refleja también en el villano. El Buitre no tiene intenciones de destrucción masiva, ni una sed de venganza desmedida, ni está conspirando para un fin mayor. Simplemente se está aprovechando de la chatarra extraterrestre dejada en anteriores capítulos de la franquicia para poder, de algún modo, ser algo más de lo que realmente es. Tal como el propio protagonista, tiene pretensiones más grandes de lo que es capaz de abarcar, cosa que finalmente se le va de las manos y es ahí donde estalla la némesis entre ambos. Y por ese planteamiento humano del personaje, se convierte en uno de los antagonistas más redondos y con motivaciones más sensatas del UCM.


En general, el tono es alentador. Todo es cotidiano, el humor es constante y no distrae, la sensación y el reposo que deja el conjunto es amigable, quieres quedarte con este Spiderman. No necesita dosis de acción desorbitadas, ni un drama interno que le esté machacando constantemente, ni una trama romántica que acapare atención. Es un amigo y vecino que por ahora se tiene que conformar con proteger a su pequeña comunidad. Ya habrá tiempo para los Octopus, para Oscorp, para ahondar en las secuelas que le ha dejado la muerte de Ben, o en lo que supone para un chaval cono él formar parte de un grupo de élite como lo son los Vengadores. Poco a poco, porque tenemos arácnido para rato.

7,75/10


jueves, 27 de julio de 2017

Dunkerque. (Christopher Nolan, 2017)

Tenía mucha curiosidad por ver cómo Nolan abordaba el género bélico, fuera del marco más o menos fantástico en el que andaba sumergido desde 'Origen'. Y mira, que nadie ponga en duda que estamos ante uno de los directores clave en la historia moderna del cine, uno de los más arriesgados y más capaces de afrontar proyectos de cualquier índole, que mejor aprovechan los grandes presupuestos, llevando por bandera la intensidad y la confabulación de imagen y sonido como un todo narrativo.

'Dunkerque' precisamente es intensidad en el lado más extremo de su significado. Sin dar un respiro, sin darte oportunidad de asentarte en ella, desde el primer minuto te sumerge en el conflicto. Durante su hora y tres cuartos que se pasa volada no te deja respirar, te agarra firmemente y te convencerá de que no hay vía de escape. Con un enfoque a tres bandas cuyas historias alterna con un magistral ejercicio de la dilatación del tiempo y de la organización del montaje paralelo, y con el sonido y banda sonora como herramientas descriptivas de la situación, dando musicalidad a las bombas, a la incertidumbre y al terror, el director nos lleva al ojo del huracán de una batalla sin salida, en la cual la supervivencia depende más del azar que de lo que uno pueda hacer por sí mismo. El enfoque superlativo y reiterativo del sonido es fundamental para entender la extrema gravedad y urgencia de la secuencia en la que nos encontramos (sí, el guion tiene un tratamiento como si de una sola secuencia se tratara en cada una de sus tres narraciones). Y de paso nos ofrece un magnífico retrato de la dignidad humana, de la épica, que lejos de ser un enfrentamiento contra un enemigo numeroso o más grande, y al que apenas vemos pese a dar la sensación de estar por todas partes, es alzarse contra un pronóstico desfavorable porque no quedan más cojones que hacerlo.


Y si la película está caracterizada por su sonido fundamentalmente rotundo y aparatoso, también lo está por su parquedad. Nolan prescinde de diálogos grandilocuentes o explicativos, sus personajes apenas articulan palabras, y la comunicación entre ellos se basa en miradas que todo lo dicen, en gestos con más significado que cualquier sonido vocal pueda expresar. Hay pureza cinematográfica en esta película, hay una simpleza casi minimalista de argumento y una plenitud de pasión narrativa y visual que pocos pueden alcanzar. Están ocurriendo muchas cosas al mismo tiempo y cada una de ellas está perfectamente ubicada en el eje temporal en que se desenvuelven, pese a que el montaje juega con historias cuya trayectoria y llegada al hilo narrativo distan unas de otras y conforman un puzzle que va juntando sus piezas según avanza el metraje.


Por cierto: Tom Hardy. Qué poco reconocido está este hombre. Tiene una expresividad en sus ojos que decenas de actores carecen en la totalidad de su rostro. Casi toda su parte está metido en un primer plano cerrado sobre esos ojos que transmiten absolutamente todo lo que no necesita decir. Sabemos lo que piensa, lo que desea hacer, lo que debe hacer. Y hablando de personajes, la película ni se molesta en hablarnos de quiénes son. Son personas anónimas a las que simplemente les ha tocado estar ahí, en ese momento, con una necesidad que no es otra que la supervivencia propia y del prójimo. Y vas con ellos a muerte porque se construyen con actos llenos de dignidad y de humanidad. ¿Quién es esa gente y cómo ha acabado ahí? No importa. Te haces a la idea con una facilidad pasmosa, y quieres compartir su agonía hasta las últimas consecuencias. 


'Dunkerque' es una experiencia de terror y claustrofobia, una catapulta hipnótica que cuando llega al clímax hace converger satisfacción y un merecido reposo, que da un paso más allá en la inmersión que nos proponían blockbusters como 'Black Hawk Derribado' o escenas de cátedra como la de las escaleras del 'El acorazado Potemkin'. Es sin duda un suma y sigue en la carrera de Nolan. Simplemente me queda decir que puedes elegir ser muchas cosas, pero no elijas ser hater de Nolan, no compensa. 

9/10