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lunes, 12 de diciembre de 2016

Steins; Gate. Temporada Única.

¿Cómo un anime cuya premisa es que un grupo de amigos logra enviar mensajes de texto al pasado a través de su horno microondas, cuyo tono tira a lo jocoso y juvenil, plagado de bromas pueriles, y con un protagonista cuya personalidad casa perfectamente toda la amplitud de lo que pueda significar ser un gilipollas, termina convirtiéndose en un drama espacio-temporal, en un thriller con carácter de urgencia, en una ciencia ficción con trasfondo distópico, y convergiendo todo lo anterior, en una historia compleja y profunda que sostiene una de las líneas evolutivas de personajes más complicadas y completas que he podido disfrutar?

Con una animación muy sencillita, todo el peso recae en el propio argumento y en los personajes. La historia se presenta con apariencia de shonen pero a raíz del primer giro de trama importante se desmarca como un seinen. Porque la serie te permite estar relajado durante sus primeros 12 capítulos (¡12 capítulos!) en los que apenas hay crecimiento narrativo, al menos no más allá de presentarnos algún nuevo individuo que se una a la tropa que se está forjando y la consecución de alguno de los inocentes experimentos que van realizando. La cosa es bastante hija de puta, porque el carácter ingenuo de esta casi primera mitad de la serie es clave para la empatización con el grupo protagonista, puesto que a partir de un momento clave descubrirán que sus juegos se han vuelto más peligrosos de lo que creían. A partir de este punto, comienza una lucha de Okabe (el protagonista) contra el tiempo y las devastadoras consecuencias a las que les ha conducido los pasatiempos en los que solía centrarse la trama.

Como he dicho, Okabe es gilipollas. O al menos esa es la conclusión a la que llegamos tras conocerle durante los primeros capítulos. Los acontecimientos le llevan a tomar decisiones drásticas y temerarias, y con ello empezamos a conocer el interior de un personaje que va a sufrir mucho, lo que viniendo de una producción japonesa significa momentos de intensidad extrema, que felizmente no desborda. ¿Y por qué decía que la cosa es bastante hija de puta? Porque vamos a echar de menos al Okabe gilipollas. El ejercicio de empatización con él es prodigioso, casi agónico, termina convirtiéndose en un personaje atípico, excéntrico y carismático. Su relación con el resto de personajes, especialmente con su nueva compañera Kurisu y su amiga de la infancia Mayushi, crece hasta límites inimaginables en aquellas peripecias que nos parecerán tan lejanas en este nuevo marco que tomará la historia. Personajes secundarios, por cierto, que tendrán todos y cada uno su oportunidad de explicarse y desentrañar todo lo que sus inocentes apariencias esconden. 

Otra de las cosas que mejor le sientan es su capacidad para recurrir a situaciones embarazosas y bromas estrafalarias que se dedican los personajes dentro del creciente contexto dramático, lo que le dota de mucha humanidad. Como amante de la ciencia ficción, recalco que la sensibilidad es clave en un género que da demasiadas facilidades a la frialdad. El destacar y recordar las cualidades que nos convierten en seres terrenales y de naturaleza perecedera es una virtud dentro de historias con contextos vastos y exorbitantes. 'Steins gate' sabe tocar la membrana emocional sin acudir al terreno sensiblero. 

Muy recomendable por ser una rareza dentro del mundo audiovisual, por su argumento caótico pero sólido, por la ternura que desprende, y porque tiene razones de peso para estar considerada como una de las mejores series anime de todos los tiempos. 


domingo, 20 de noviembre de 2016

Battlestar Galactica. Temporada Cuatro.

Me ha llevado algunas semanas desde que la acabé para poder escribir sobre el final de esta serie porque es difícil encontrar palabras que hagan justicia a la magnífica conclusión de esta epopeya galáctica, de esta odisea cuyo regreso al hogar no es el viaje que el espectador lleva creyendo desde los primeros capítulos, cuyos giros son proezas argumentales que dan vuelcos tan contundentes como inesperados, y cuya resolución acaba resultando tan simple y clarividente como compleja ha sido toda su trama.

Una serie que merece asiento entre las obras de ciencia ficción de mayor calibre de la historia del audiovisual, y desde luego entre las obras de ficción televisivas de todos los tiempos. Una serie intergaláctica alejada de clichés, de exotismos marcianos, más cercana a la filosofía de 'Blade Runner' y a la sociología de 'Ghost in the Shell' que a "space operas" como 'Star Wars' o 'Star Trek', con un realismo escrupuloso y concienzudo. No hay trucos sacados de la manga, el milagro final del argumento está trabajado meticulosamente desde el episodio 1 de la serie sin que nos demos cuenta de ello, y se saca la chorra obrando el logro de resolver absolutamente todo lo que estaba abierto en apenas los últimos 20 minutos del último capítulo. Uno no puede evitar quedarse babeando y boquiabierto, con una sensación de plenitud por ver completar tal puzzle sin haberse dejado nada por el camino, y que se transforma en gratitud por semejante buen trabajo. 

Dado el importante mensaje sobre la naturaleza humana que este pasatiempo de 4 temporadas nos deja, no es nada arbitrario que los personajes con mayor factura durante la última temporada sean a la vez los más conflictivos y contradictorios: Starbuck (mi personaje favorito de principio a fin), Saul, Gaius, Caprica o la presidenta Laura Roslin (menuda interpretación la de Mary McDonell, tan contenida y llena de sinceridad), sin desmerecer al resto de la tropa. Pero esos cinco personajes son los que más preguntas sobre sí mismos y sobre su entorno han ido repasando contínuamente, y sobre esas preguntas han ido girando la mayoría de conflictos. La evolución en la relación entre cylons y humanos que tan imposible parecía, tan real y necesaria en última instancia, es el verdadero triunfo de esta conclusión, ilustrándose en la victoria de la amistad entre Saul Tigh y Adama. El holocausto de la humanidad ha resultado ser un pretexto para escarbar en su propio viaje a través de la historia, en el legado que podrá dejar. 

Las dudas sobre los compañeros de ese viaje, sobre las condiciones de libertad, la impunidad o la redención que merecen, sobre las creencias, las esperanzas y las posturas políticas de cada uno y sus inevitables choques,... Todo ello se entrecruza y está calculadamente bien manejado mientras la raza humana combate en dos luchas que persisten análogamente: la lucha por la supervivencia contra el enemigo cylon, y la lucha por la persistencia de la democracia contra sí misma. Sobra decir que la serie ha sabido dónde poner el punto final, que no ha alargado el chicle, logrando que resulte redonda. 

Se puede hablar de serie de culto, con personajes poliédricos y repletos de dudas, con un sentido de la épica que no se centra en grandes batallas sino que es más cercano a las proporciones dramáticas de los actos y las decisiones que se van tomando. Es un regalo que una serie tenga un punto de partida tan bueno y sin embargo sea capaz de ir mejorando capítulo a capítulo, que tenga un plan a largo plazo bien trazado, y que culmine con un final tan arrebatador y estimulante. Es una obra de sci-fi que incluso quienes no suelen acercarse a este tipo de productos disfrutarán sin reservas, y que ya forma parte de la historia televisiva. Ojalá más series tan honestas consigo mismas.


martes, 13 de septiembre de 2016

Gotham. Temporada 2.

Lo que más me gusta de esta serie es lo payasa que es sin sentir vergüenza alguna. Porque a diferencia de otros universos del mismo género, "Gotham" combina momentos muy bestias con otros que puedan ruborizar al espectador más impasible. Y pocas veces creo que vaya a usar este argumento como un halago. La segunda temporada tiene una primera mitad, o sea, hasta el parón de invierno, tremenda. Todo lo que gira en torno al villano principal, Theo Galavan, es pura dinamita. Incluso el sorpresivo destino del personaje que más deleite ofrece en los primeros capítulos, Jerome, da mecha a varios combos que a los seguidores les van a resultar onanísticos. Eso sí, dejemos de lado los cánones establecidos del mundo de Batman: "Gotham" se los pasa por donde la luz del sol nunca brilla. Y para la propia serie, es un notorio plus de libertad. 

La serie sigue aprovechando los logros de sus inicios. La estética gótico-punk se mantiene, y la caracterización de los personajes sumada a las interpretaciones de algunos de ellos sigue siendo su bala de mayor calibre. Robin Lord Taylor como Pingüino continúa siendo maravilloso (pese a que a mitad de temporada los guionistas le doten de una vulnerabilidad demasiado llorica, algo que solventan en el tramo final), y Cory Michael Smith como Nygma se revela por fin como un obsesivo sanguinario. David Mazouz como Bruce Wayne realiza una labor verdaderamente madura para un chaval de su edad, aunque en ocasiones su personaje peque de suplicio. En estos apartados, la serie bebe mucho del tratamiento que se les daba a las tramas y situaciones de la serie animada de los 90, y de uno de los autores que más repercusión tuvo en el mundo del murciélago, Paul Dini. 

Por otra parte, el personaje de Jim Gordon me sigue resultando limitado y demasiado esquematizado. Es el mayor exponente de las virtudes y las taras de la serie: tiene momentos asombrosos, para después realizar acciones estúpidas, y finalmente resolverlas con mayor o menor elegancia, haciendo del Deus ex Machina un recurso demasiado fiel en ocasiones. Pero eso forma parte del encanto de la serie, lo artificial y teatral que resulta, su oscuridad tangible y su deliberada lugubridad, tanto en el aspecto artístico como en el narrativo. Y me gusta que se deje llevar hacia aspectos más sobrenaturales, que no se empeñe en resultar realista, sin dar lugar a explicaciones. No las necesita, ese mundo es así y lo místico forma parte de él. 

Creo que 22 capítulos son demasiados para un argumento que, si bien es de protagonismo coral y cada uno de sus elementos necesita su tiempo de exposición, alarga demasiado subtramas poco interesantes y que no terminan de llevar a ningún lugar. Eso hace mella tras el parón de invierno, tras el cual hay que soportar cinco o seis episodios que entorpecen la dinámica y el ritmo a los que nos había acostumbrado, y que lleva a un tramo final mucho más cautivador, pero precipitado. Mr. Freeze me ha aburrido bastante, y a Hugo Strange le han sobrado minutos de elaboración de planes y le han faltado los de ejecución.

La conclusión que me queda de cara a la tercera temporada es que la serie avanza de manera saludable, pero debería centrarse en sus potenciales y dejar de lado sus intentos de abarcar demasiado. Ha demostrado saber ser impredecible y tener recursos para huir de la monotonía, por lo que sería un error que intentara seguir dando vueltas a algunos hilos que suponen un lastre.

jueves, 25 de agosto de 2016

'Stranger Things'. Temporada Uno.

Decir de ella que es un nostálgico y adolescente paseo a la década de los ochenta y todo lo que ello conlleva dentro de un relato audiovisual es plantarse en lo superficial. 'Stranger Things' constata que frecuentar lugares comunes y usar clichés no es malo en absoluto si sabes cómo hacerlo y a quién dirigirlo. Estos ocho capítulos rellenan su metraje de absolutamente todo lo que ya conocemos a través de las novelas de Stephen King, de las aventuras extraterrestres producidas por Spielberg y George Lucas después retomadas por J. J. Abrahams, o de la sci-fi, la fantasía y el terror artesanal. Contiene al pequeño pueblo donde nunca ocurre nada, con la madre angustiada a la que nadie cree su locura, al padre ausente, al jefe de policía deprimido, a la pareja de policías que no dan crédito de lo que hace su superior, al grupo de amigos frikies, a los abusones, al profesor apasionado de ciencias, a la adolescente guapa e inocente, a su amiga menos afortunada en el físico, a su pretendiente chulo engominado, al joven solitario y raro, al matrimonio nuclear, al monstruo que provoca la crisis en sus vidas, al laboratorio gubernamental secreto, y a la aparición de la niña con poderes sobrenaturales. La mimada y cuidada mezcla, el cariño, la contundente firmeza que le otorga la consciencia de saber que está pisando terreno sembrado, y la perspectiva alusiva y revocadora con la que contempla los ingredientes dados confieren un resultado maravilloso.


Casi resulta una aliteración adjetivar una producción de Netflix como magnífica o como propia de una realización cinematográfica. Estamos en época dorada para el formato televisivo (aunque sea internet su principal fuente de exposición), y en ese sentido no se queda atrás de otras obras. El viaje emociona desde el primer momento, y concentrar la narración en apenas 8 capítulos es todo un acierto, pues no deja hueco para el relleno ni paradas en el camino. A posteriori, no quitaría ni añadiría absolutamente nada. Además, juega a explorar el otro lado de sus vasos conductores, o sea, los personajes que ya conocemos, no solo literalmente acercándose según avanza la historia a Upside Down, sino ofreciendo la faceta oculta, redentora o reveladora que pueden ofrecer estos estereotipos. 


Efectivamente, la nostalgia no el el único arma con el que cuenta el guion. Todo pasa por el rodillo de una mirada vehemente de aquello que pertenece al colectivo cultural y de cómo puede permutar de una generación a otra sin necesidad de recurrir a artificios o experimentos, puesto que también transmite que aquello que ya funcionaba en los 80 sigue funcionando hoy en día. Además, no se corta un pelo a la hora de exponer violencia, crueldad o expresiones malsonantes, sin renunciar al halo protector que invierte hacia la inocencia de sus protagonistas. Y para contagiar la pasión de este mensaje, una ambientación, caracterizaciones y banda sonora que reiteran en él, Winona Ryder en la que puede ser una de las interpretaciones más honestas y lúcidas de la década, junto a un casi siempre secundario David Harbour que aquí no deja pasar la oportunidad de lucimiento, y una tropa de jóvenes actores con mucha química entre ellos. 


Para rematar, todos los argumentos que abre quedan cerraditos y usa la inercia de haber calado en el espectador para reclamar su atención de cara a una segunda temporada. Incluso en ese detalle de no dejar colgado a su público le es leal. Aire fresco aludiendo a otros tiempos, sin pretensiones visionarias ni absurdas idas de cabeza. Una historia clara, fantástica, bien contada y medida, que da mal rollo cuando tiene que darlo, provoca gracia cuando debe y enternece cuando tiene que enternecer. Y lo mejor es que no deja tiempo para el aburrimiento.


miércoles, 29 de junio de 2016

Juego de tronos. Temporada 6.

AVISO. No los describiré explícitamente, pero en las próximas líneas dejaré caer ciertos argumentos que dejan palpable ciertos SPOILERS. Así que si no has terminado la temporada, y no quieres leer por dónde van los tiros, ALÉJATE YA DE ESTE POST, GUÁRDALO EN MARCADORES Y REGRESA A ÉL CUANDO ESTÉS PREPARADO. Dicho ésto...


Sí, yo también estoy como la mayoría, por no decir todos los seguidores de la serie: ¿en serio debemos esperar un año para ver cómo continúa? Una sexta temporada inconmensurable, cuya principal baza era no tener ya una base literaria de la que guiarse. A partir de aquí, la historia era de los propios guionistas y creadores, por mucho que George R. R. Martin les hubiera marcado el camino. Y la historia ha evolucionado como mejor podía: adentrándose en la zona narrativa que pertenece al desenlace, sin abrir más frentes de los que pudiera ser capaz de administrar, regresando a aquellos que permanecían en un limbo, y cerrando otros cuyas intrigas y teorías se llevaban postergando desde hace varias temporadas, e incluso desde el comienzo de toda la trama argumental. 


Y es satisfactorio ver que no han intentado dispersarse. Me explico: han ofrecido lo que se llevaba vaticinando desde que antes de la propia serie, o sea, desde que los primeros libros comenzaran a colocar todas las piezas de la partida en un tablero enorme cuya estrategia no se sabía por dónde iba a converger. Teníamos una serie de deseos con los personajes: Daenerys partiendo a Poniente, Tyrion como Mano de la desheredada, el origen de Jon Nieve que le sitúa en varios escalafones jerárquicos por encima de ser un comandante bastardo, la liberación de Cersei de su condición de mujer, amante y madre, el comienzo de la venganza de Arya, Brienne cumpliendo su juramento, la conversión de Bran en el Cuervo de Tres Ojos, la recuperación de Invernalia o el final de la maduración de Sansa asumiendo su rol como matriarca de la casa Stark. Todo esto eran deseos que ahora son realidad. Es lo más inteligente que se ha podido hacer: no ir en contra de estas ansias durante tanto tiempo esperadas, sino conceder esa solución. Solo queda por saber por qué regresar a Sandor Clegane de manera tan fortuita; no contemplo otra salida de este personaje que no sea enfrentarse a su propio hermano, quien ocupa su lugar junto a los Lannisters que él mismo tenía antes de huir de la batalla del Aguasnegras.


Una temporada a la altura de aquellas maravillosas tercera y cuarta. Esta vez, como lector de los libros, sumándome a la experiencia de contemplar los acontecimientos sin tener la mínima idea de por dónde iba a fluir el asunto, simplemente guiándome por unas expectativas que se han convertido en deleite por verse hechas realidad, y sorprendiéndome de manera virgen. Porque por fin cada personaje ha logrado y finalizado todo aquello para lo que llevan evolucionando desde el comienzo. Cada uno de ellos están justo en ese punto para el que fueron separados, juntados o llevados a terrenos hostiles. Lo que afianza a la historia como una emocionante partida de ajedrez: ahora comienzan las jugadas previas al jaque mate, después de 5 temporadas en las que las piezas se han ido moviendo estratégicamente, muchas de ellas han caído por el camino, y ahora las más fuertes e importantes se preparan para las embestidas finales.


Y como colofón, esos dos episodios finales que ya forman parte de lo mejor que se ha podido contemplar en la historia de la ficción televisiva. Y dejando a Cersei en el lugar que le corresponde: ella es el villano de la historia, siempre lo ha sido. Ni Joffrey, ni Ramsay Bolton (qué pedazo de actor es Iwan Rheon), ni el septón supremo. Ella, y nadie más, sin la carga de la devoción y amor por los hombres de su familia, es a quién debe enfrentarse Daenerys en el verdadero juego de tronos. Dos episodios finales que también dan sentido al título de la saga literaria, 'Canción de hielo y fuego', en los que el invierno que siempre aventuraba Ned Stark ha llegado, en los que las principales casas retoman totalmente el protagonismo. Y con el apremiante avance del Rey de la Noche y sus huestes en el horizonte. 


lunes, 18 de abril de 2016

Boku Dake ga Inai Machi (Erased; Desaparecido)

Conocido internacionalmente como 'Erased', y aquí traducido como 'Desaparecido' (aunque una traducción más literal del original sería "La ciudad sin mí"), este anime de 12 capítulos adapta el manga de Kei Sanbe, el cual no me he leído, pero por el sabor de boca que me ha dejado la serie tengo la firme intención de hacerlo. Y no sabría muy bien cómo analizarlo objetivamente, puesto que decir que me ha encantado es quedarme corto y no me veo capaz de no dejarme llevar por la pasión.

La historia nos presenta a Satoru, quien tiene la habilidad no controlada por él mismo de retroceder unos minutos en el tiempo para poder solucionar desgracias que ocurren a su alrededor, lo cual suele repercutir negativamente en él, y en este comienzo ya le sitúa con lesiones y hospitalizado. La visita de su madre para atender sus cuidados es el pretexto que dará comienzo a la verdadera acción, cuando ella es asesinada y él se ve como principal sospechoso. Su extraña capacidad a la que él mismo llama "revival" le lleva 18 años atrás, cuando tuvo lugar una serie de extraños secuestros y asesinatos de niños resueltos de aquella manera, y que tendrá que resolver si quiere evitar tal homicidio. Lo cual le da la oportunidad de convertirse en el héroe que no pudo ser en aquel momento.

Aunque en esa sinopsis se apele a la fantasía temporal, el guion contiene una habilidad excelente para que tan solo sea una excusa con la que arrancar una historia de madurez, de regreso a la infancia, de misterio e intriga. Una trama que va abriendo nuevas puertas en el pasado del personaje, quien debe administrar tanto los hechos que tuvieron lugar en 1988 como lo que le está ocurriendo a su yo presente. Y el equilibrio entre ambas épocas está tan bien jugado y confluyen de manera tan ensamblada que lo único que quieres como espectador es ver más y más del universo y los personajes que te ha presentado la obra. Es un anime lleno de ternura que en ningún momento recurre a la sensiblería para lograr transmitir plena sensación de afecto con ellos, y que a la hora de meterse en la clave detectivesca logra crear una buena dosis de ansiedad producida por sentimientos encontrados a la hora de intentar desvelar quién es el verdadero villano de la función.


La economía narrativa es puro oro. Tengo entendido que a la hora de adaptar el manga del que parte se han depurado y cortado varias fases, que a mi juicio no han sido necesarias incluirlas, puesto que como ya he expuesto, el elemento sobrenatural del que se parte ni es el tema que quiere tratar la historia ni a nosotros como espectadores nos importa de dónde viene, y la sobreexplicación de algunos personajes podría haber saturado una serie cuyo tempo está muy bien ajustado y que no hace perder el tiempo con subtramas innecesarias. Por otra parte, la animación y la parte visual tienen mucho mimo, el diseño de los personajes está muy suavizado y la integración entre los fondos y los planos protagonistas resulta impecable. Desde luego, 'Erased' es muy bonita de ver.


La conclusión es obvia. No puedo dejar de recomendarla incluso a quienes no suelen ver animación japonesa. Creo que además es muy válida como obra de iniciación en este mundillo. Yo ni siquiera estoy acostumbrado a ver anime en versión original subtitulada, y no me ha importado en absoluto. Me he quedado prendado de ella desde el primer capítulo hasta un final que queda redondo y que deja una gratificante sensación de que es el que tenía que ser. No vas a encontrar grandes personajes, ni un gran villano, y de hecho tampoco es una historia demasiado original. Lo que 'Boku Dake ga Inai Machi' contiene es un conjunto de cosas sencillas, contadas de manera prodigiosa y con un acabado maravilloso. Todo un descubrimiento.


P.D.: Tengo que destacar el opening, que hace una jugada maestra: te cuenta toda la historia sin que te des cuenta de ello. Cuando llegas al final y lo ves desde esa perspectiva no te queda otra que reverenciarlo y decir "qué hijos de puta, si es que han puesto esmero hasta en los pequeños detalles".


sábado, 12 de marzo de 2016

'Sherlock'. Primera temporada.

Con alguna rara excepción, no acostumbro a ver series de televisión según se van emitiendo, sino que tiendo a hacerlo una vez han finalizado sus temporadas o cuando al menos tengo un puñado de capítulos de margen. 'Sherlock' sorprendió a casi todo el mundo cuando emitió su primera temporada, dando paso a una horda de fervientes seguidores, lo cual me lleva a lo que quiero decir en este primer párrafo: ¿quién no ha visto ya 'Sherlock'? Aparte de mí, quiero decir, que hasta ahora solo había visto un par de capítulos sueltos de diferentes temporadas, y desde luego el impacto de la primera toma de contacto con la serie ya lo tenía asimilado y como cualquier mortal que se acerque a ella, tarde o temprano querría verla entera. 

Así que me pongo con esta primera temporada, cuyo formato de tres capítulos de hora y media cada uno no resulta tan extraño cuando ves el panorama de las series británicas: temporadas cortas, certeras, producción ambiciosa, actores con tablas, y esa impronta british tan deliciosa. Si bien tan solo el primer capítulo hace alusión a una novela propia de Sir Arthur Conan Doyle ('Estudio en rosa' adaptando al siglo XXI 'Estudio en escarlata'), los otros dos episodios toman de él su base y cogen ciertas ideas de las novelas 'El signo de los cuatro' y 'Los planos de Bruce-Partington' para crear una trama cerrada y circular, por lo que el trabajo de fidelidad respecto a la fuente original ya es en sí mismo un hallazgo.

¿Qué decir de la propia serie? El ritmo narrativo es una bella locura, casi tan rocambolesco como la propia mente del detective. Ahorra recursos explicativos usando el propio montaje interno, sobreexponiendo sobre los planos principales las pruebas, los mensajes y todo aquello que pasa por delante de los ojos de la pareja Sherlock & Watson, y permite centrar el foco de atención en las propias investigaciones y enigmas sin detenerse en pequeños detalles que podrían fácilmente haber entorpecido el ritmo. Sin duda, la cristalización de los procesos intelectuales del protagonista es de lo más atractivo de la obra. Otra de esas técnicas eléctricas que usa para encandilarnos es ser conducidos y situarnos bajo el punto de vista del propio Watson, magnífico Martin Freeman. Su propia sorpresa y admiración es lo que finalmente se traduce en nuestra fascinación por la reinvención del personaje de Sherlock Holmes, un Benedict Cumberbatch excitado, con una lengua que parlotea a la velocidad de la luz.

Muy elaborada traslación de los métodos deductivos de un personaje del siglo XIX al 2010, sin perder la propia clave de intriga y misterio en tiempos de las redes sociales y la información, y que hace uno de los mejores usos del "hombre detrás de la cortina" que se podría haber realizado para llevarnos hasta Moriarty, el cual hace su explosiva aparición en un episodio final que invita a continuar la serie en las sucesivas temporadas. Esta miniserie es una rara avis que define perfectamente el momento audiovisual que estamos viviendo: al espectador no hay que hacerle perder el tiempo, una trama compleja puede estar perfectamente intrínseca en una historia sencilla de seguir, y el entretenimiento y la calidad de las producciones nunca deben ser incompatibles. Y desde luego consigue el hito de meterse en la maga tanto a los puristas y fanáticos como a quien no haya tocado novela negra en su vida.

martes, 23 de febrero de 2016

El Ministerio del Tiempo. Primera temporada.

Pocas veces ha ocurrido un milagro de tal calibre en la televisión española como el que ha obrado esta serie. Con el lastre de pasarse sus tres meses de emisión amenazada con la cancelación por un supuesto share que no colmaba las expectativas depositadas en ella por parte de TVE, fue la propia audiencia la que a través de las redes sociales clamó masivamente por su continuación. Y es que pocas ficciones han logrado colocar entre los temas candentes del momentos a personajes tan distantes en la historia como Velázquez, Torquemada, Isabel II, Lope de Vega, Lorca o a los propios Leño. Esto no solo convierte a esta serie en un descubrimiento diferente al que nos acostumbra el audiovisual patrio, sino en algo necesario por atreverse a dar ese paso de calidad en las historias que cuenta, exponiendo la riqueza cultural que posee España sin recurrir a la didáctica, consciente de sí misma como entretenimiento puro y duro, con dos armas principales bien combinadas y esgrimidas: el humor y la intriga.

Por una vez podemos disfrutar de una serie hecha aquí que es ficción pura, y por lo tanto, como buena mentira, en sus entrañas está contándonos la verdad. Es injusto reducirla a una comparación con 'Doctor Who', porque aparte del McGuffin del que parten ambas o de sus excelentes guiones, poco tienen que ver. A través de los viajes al pasado, el perfecto trío protagonista nos transporta a 8 primeras aventuras con una ambientación impresionante, costumbristas, solemnes, más sencillas que simples, pero insólitas y con una pulcritud en toda su producción impecable. Tiene el mejor inicio posible, que no hace más que crecer durante estos primeros episodios hasta alcanzar ese colofón final con la trama de Leiva y el antológico episodio en la Residencia de Estudiantes. Cabe destacar el casting, que apuesta por gente experimentada y con tablas (qué bien sienta escuchar a actores que saben hablar de forma natural delante de una cámara, coño. A ver si empezamos a advertir que un sonido impecable es tan o más importante que la imagen para lograr un producto decente). Aparte de Rodolfo Sancho, Aura Garrido y Nacho Fresneda (grande Alonso de Entrerríos), los secundarios, muchos de ellos interpretados por acostumbrados actores de doblaje, encajan y hacen química entre ellos. Pocas series cuidan tan bien a sus personajes episódicos, subrayando el papel de Ángel Ruiz como Federico García Lorca.


Emociona la pasión por un trabajo bien hecho, lo bonito que es ver el contínuo esmero técnico, y el perfeccionamiento tanto del montaje como de la postproducción. Su formato de 70 minutos por episodio está muy bien aprovechado, no cuela ni escenas de más para rellenarlo, ni se queda corto. De hecho, se pasan volados. Como ya apunté antes, la serie ha tenido que cargar con la cruz de ver peligrar su continuidad, por lo que se ve obligada a cerrar casi todas las tramas de manera un tanto apresurada, cayendo en un Deus ex Machina que podría haberse evitado con la tranquilidad de quien tiene asegurado su futuro. Pero incluso esta jugada le sale bien, aparte de ser un notable gesto de respeto hacia su audiencia al asegurarse de no dejarla tirada en caso de su ya desechada cancelación.


En definitiva, dentro de un panorama acostumbrado a las parodias facilonas o a los dramas de intensidad sobreexcitada, 'El Ministerio del Tiempo' es una serie sin complejo alguno, que sabe ironizar y sacar chascarrillos sin tener que pedir perdón por adelantado, que incorpora temáticas como el papel de la mujer en la sociedad a través del tiempo o la homosexualidad con naturalidad, firmeza y sin ningún pudor, que resulta mágica, como toda ficción de aventuras tiene que ser, y que hace funcionar su fantasía dentro de la ubicuidad de lo real sin empeñarse en demostrar la verosimilitud del cuento, porque es algo que ni lo necesita ni nos importa.  Hay que abrazar y mimar esta serie como Velázquez contempla a Picasso. ¿Que no tiene sentido? Vedla y se lo sacaréis.


miércoles, 17 de febrero de 2016

Scrubs. Primera temporada.

En un panorama televisivo donde las sitcom que han copado la atención de todos son 'Friends', 'Big Bang Theory', 'Modern Family' y 'Cómo conocí a vuestra madre', resulta entrañable encontrarse con la muy destacable 'Scrubs', con un estilo propio y genuino y un logrado equilibrio entre la carcajada y la sensibilidad (que no sensiblería) para nada fortuito. No en vano, la serie se desarrolla casi enteramente en un hospital, por lo que las tramas giran entre el frenético día a día filtrado por los desvaríos mentales de su protagonista, y los dramas que en ese escenario podrían caber, tanto los personales del elenco principal como los de los pacientes que van entrando y saliendo en cada capítulo. 

Podría decirse que esta primera temporada es, por ejemplo, mejor que la primera temporada de 'Friends'. Aquí los personajes ya parten bien definidos y en seguida te acostumbras a ellos. Por no hablar de ciertos personajes de otras series que tienen en ésta a su fuente (House, te presento al Doctor Cox), y de que el punto de encuentro de todo el cast, J. D., es pardillo pero no tanto como Ross de 'Friends', y resulta tierno, pero no tanto como Ted Mosby. Junto a los principales, hay una corte de secundarios recurrentes que dan redondez al asunto y propician la sensación de familiaridad que tiene esta sitcom. Porque uno de sus principales atributos es que te hace sentir partícipe de ese ambiente psico-festivo-hospitalario como si el que estuviese en su año de prácticas fueras tú. 

La mayoría de chistes vienen dados a través del principal recurso del guion: la imaginación de J.D., quien va relatando los acontecimientos de una manera particular. No es raro encontrarse en sus capítulos con médicos que pueden volar, administrativos cuyas conversaciones las entonan con melodías a capella, pacientes que resultan un dolor de cabeza y en venganza su cabeza termina explotando,... Porque así es J.D., todo lo que le pasa por la mente queda patente en cada escena y así es como se nos van narrando las historias. Sin olvidarnos de que a parte de ser un graciosillo, nuestro "Bambi", tal como le apodan sus compañeros, es también un médico novato y un tío sensible, por lo que la presión de enfrentarse a sus dramas personales y profesionales deja momentos de nudito en la garganta bastante humanos. Tal como la vida sea seguramente en un hospital, el humor suele llegar de manera artificial para aliviar la pesada atmósfera, y los dramas por vía natural. 

Desde luego, darle una oportunidad a esta serie inmediatamente significa quedarte prendado de ella. Porque es bonica como ella sola. Una primera temporada con una soltura de temporada avanzada, con el colofón de los episodios finales con el cameo de Brendan Fraser. Una serie en la que un médico puede estar contínuamente intimidado por el capullo del conserje, las enfermeras sean una mini pandi de mafiosas, o que los equipos de cirugía y medicina compitan entre ellos en carreras en sillas de ruedas. una joya por descubrir al no haber gozado de la misma publicidad y enaltecimiento que otras del mismo género.

viernes, 12 de febrero de 2016

Jonathan Strange & Mr. Norrell. Temporada única.

El mérito de encontrarme con esta miniserie de la BBC no es mío, sino de mi novio, que es el que se encarga de encontrar estas rarezas que no suelen llegar a nuestro país en plataformas oficiales, y es el precioso mundo de Internet el que te permite acceder a ellas. Lo dicho, 'Jonathan Strange & Mr. Norrell' no encaja como producto que suela consumir. Y sin embargo, menuda sorpresa me he llevado con esta historia fantástica, en la que la magia resulta ser un campo de la ciencia caído en desgracia, abandonada durante siglos, y en la que dos magos practicantes se disponen a restaurar su dignidad. Ya de paso, luchando contra los franceses en la guerra.

Lo más inmediato que advertí nada más ponerme con el primero de los siete capítulos que la componen es el ambicioso diseño de producción. Acierta en el formato, que es ideal para desarrollar un cuento que en principio se tenía pensado llevar a cabo como película, y que hubiese perdido muchas subtramas interesantes. Abruma el detallismo en todos sus aspectos visuales, en los escenarios y decorados, las atmósferas, el sonido y banda sonora, el vestuario o la recreación de ciertos hechos históricos combinado con el folklore británico. Los actores, quienes suelen trabajar como secundarios en la mayoría de sus trabajos, son maravillosos, y recrean unos personajes asombrosos, chocantes y llenos de sorpresas. Me consta que no está doblada al castellano, pero por si acaso: versión original, nenes. Merece mucho la pena escuchar los acentos, las puntualizaciones y los matices de cada uno, porque uno de los grandes valores de la serie son las interpretaciones. 


A destacar lo bien que combina la realidad de la Inglaterra de las guerras napoleónicas con la fantasía y el mundo de las hadas. El engranaje es milimétrico, y toda la magia que envuelve a la historia resulta natural hasta el punto de volverse cotidiana. A la hora de ponerse tétrica, la serie se controla con mucho desparpajo. En ningún momento necesita ponerse rarita para ensimismar al espectador. Es fascinante lo lubricadas que están las transiciones entre ambientes bélicos, palaciegos, u hogareños hacia escenarios de un imaginario delicioso. Es una gozada cada vez que uno de los magos se adentra en el mundo de Desesperanza y cada vez que realizan cualquier hallazgo que nos permite descubrir junto a ellos las posibilidades mágicas de las que están dotados. 


En sí misma, la historia encierra dos formas de ver el mundo, un enfrentamiento entre maestro y alumno en el que prevalece el respeto mutuo. Sabe cuidar bien a los personajes, les dota de empatía pese a los errores que pueden llegar a cometer debido a sus miedos y sentimientos, unos más por el conservadurismo y experiencia de Mr. Norrell, y otros causados por la arrogancia y descaro de su pupilo Jonathan Strange. Dos orgullos, dos vanidades, con un objetivo común, que no es más que utilizar la magia para el bien y la prosperidad, pero desde puntos de vista opuestos, y cada uno de ellos manipulado y empleado por una tropa de personajes que van desde políticos, nobles codiciosos e interesados, o duendes infernales cuyos tratos no son precisamente justos. Especial relevancia el papel de las mujeres, cuyos papeles son los que hacen que la trama gire en los momentos oportunos, o de Steven y Childermass, unos secundarios con más importancia de la que al principio demuestran. 


No me ando por las ramas: una miniserie que se disfruta mucho, se ve en seguida (siete capítulos de una hora cada uno), es una rara avis en el panorama televisivo por su naturaleza finita, y que deja ganas de más. Hacedle un hueco porque merece mucho la pena encontrarse con ella.


lunes, 1 de febrero de 2016

Battlestar Galactica. 3ª Temporada.

Galactica tiene ratos que me hacen creer que estoy viendo la mejor serie que he visto nunca. Las dos primeras temporadas se encargaron de crear una sociedad humana realista en un entorno imposible. No solo es minuciosa con el crecimiento de sus personajes, con el hilo de sus tramas y subtramas, con el arco argumental o con la acción y la emotividad que impregna a cada uno de sus capítulos. También es detallista a la hora de elaborar una sociología, unos paradigmas políticos, militares, religiosos y filosóficos, es perfeccionista con la utilidad de cada uno de los componentes que permiten la subsistencia de la civilización nómada espacial en la que se centra el show, y logra un asombroso y equilibrado protagonismo coral en el que, si bien los personajes del Almirante Adama y la presidenta Roslin parten como punto de encuentro del resto, cuesta dilucidar cuáles de ellos tienen más peso que otros.

Esta tercera temporada es sin duda un punto de inflexión. Se profundiza en la sociedad e intenciones de los cylons, que en ocasiones resultan más humanos que los propios humanos, pero con unas particularidades propias como conjunto que obvian ciertas diferencias insalvables para una posible convivencia con sus creadores los humanos. Dejan de lado su naturaleza artificial, haciéndose preguntas, evolucionando, encontrándose con sentimientos de compasión o de rabia, y en definitiva buscando también una salvación. Si bien las tramas que se van presentando interiorizan en cada uno de los personajes, destapando ciertas emociones arraigadas en cada uno tras haber sido sometidos en New Caprica a la opresión cylon. La xenofobia, las diferencias culturales, el revanchismo o la pérdida de la patria, incluso la lucha de clases son temas que se exploran ahora, dejando atrás temas más triviales como las antiguas profecías o las predestinaciones de los personajes, que no se recuperarán hasta pasada la mitad de la temporada y que desencadenarán un final lleno de intrigas y sorprendentes respuestas. Quiénes son los 5 cylon aún por conocer, qué papel tendrá Hera en la guerra entre humanos y cylons, la llegada al templo de Jupiter y lo que en él se puede hallar, a qué aluden las visiones y alucinaciones de algunos personajes,... serán subtramas de mucho peso.


Toman especial relevancia personajes como Tigh, Sam o Chief, quienes en los primeros capítulos forman parte de la resistencia humana en New Caprica organizando actos de guerrilla y movimientos sindicales. Atravesarán por diversos traumas que les llevarán a tener un papel definitorio. Starbuck será sometida a una dura prueba tras haber sido enclaustrada durante 4 meses, y se enfrentará a fantasmas del pasado que en algunos momentos le llevarán por una senda de autodestrucción y decadencia, aunque esta chica es como un Ave Fénix. Dad por seguro que sigue siendo la puta ama. Quizá los dos personajes más importantes durante los 20 capítulos sean Apollo y Gaius Baltar. Serán quienes más enfrentamientos tengan con el resto de la tripulación, quienes hagan dilucidar acerca de la rectitud moral y equitativa en un sistema que pende de un hilo, donde se confunden los sentimientos con la justicia, parcheado con improvisaciones legales. Tanto los episodios iniciales como los finales corren de su cuenta por la magnitud de sus decisiones.


La serie resucita su clave de éxodo bíblico, recupera el objetivo de encontrar la Tierra dejando por el camino importantes paradas. Mantiene el empeño por no resultar alarmantemente futurista y por poner a prueba la integridad de cada uno de los personajes encerrados en un paraje hostil, en el que relaciones de enemistad y amistad duran lo que la honradez de cada uno de ellos dure. Es una serie sci-fi alejada de artificios fantásticos, que da prioridad a las relaciones, a los diálogos y a los intereses compartidos y enfrentados de los personajes que al contexto en el que se mueven, y que bien puede estar retratando de un modo u otro el futuro al que se enfrenta la humanidad. Y en conclusión, una tercera temporada explosiva, marcada por los egos y la búsqueda de la verdad, que si bien tiene ciertos episodios que interrumpen la historia, le da un plus dimensional a la serie, y acerca a humanos y cylons, con distintos conflictos y mismos problemas.


martes, 5 de enero de 2016

Doctor Who. 9x13: The Husbands of River Song.

Una novena temporada magnífica, con la que Peter Capaldi ya tiene el show en el bolsillo (y probablemente se haya convertido en mi doctor favorito), en la que han predominado las tramas de largo recorrido a través de capítulos dobles, cerrada con una trilogía de episodios excepcionales (destacando el episodio monólogo 'Heaven Sent', donde la interpretación, el guión, la realización y la banda sonora conforman una ópera suprema), tramas tirando a oscuras, en la que hemos conocido a un nuevo personaje recurrente, Ashildr (o Me, como se autodenomina ella), que se ha aferrado fuerte, y con despedidas que guardan sorpresa final, y en la que Clara ha dejado claro que definitivamente ella es The Impossible Girl.

Ahora, como es costumbre en la serie, tocaba el turno de aligerar el tono con un especial navideño. Y qué mejor forma de enganchar a los fans que recurrir a la nostalgia otorgando protagonismo a alguien que se echaba de menos de menos: la siempre sorprendente River Song (o como dirían en la semana santa andaluza, "¡y guapa, y reina!" Es que soy muy fan.) La perplejidad es patente desde el principio, cuando River no parece acordarse de su sweetie y parece que ha estado anidando con otros gallos a través de la galaxia y el tiempo. ¿La mujer del Doctor poniéndole los cuernos con monarcas con complejo de Transformers? El capítulo da un par de vueltas y cabriolas sobre este asunto, aunque la resolución no sea tan rocambolesca como la serie nos tiene acostumbrados. Porque éste no es un capítulo para el lucimiento del Doctor. Ya he mencionado la nostalgia de la que se vale el episodio, y esa será la condición que se apodere de todo él. 


La última vez que vimos a River ni siquiera conocíamos aún a Clara. El duodécimo Doctor se había sumido en la soledad y depresión que le embarga cada vez que le toca afrontar una separación de alguna de sus compañeras (aquella vez por partida doble, pues era la despedida de Amy y Rory), y ya está. No volvimos a saber nada de ella. Un personaje tan brillante tenía que tener un final apropiado. Y éste capítulo viene a ser la respuesta a tal plegaria. No esperéis un capítulo de puzzles y misterios por resolver, ni de alguna de las emergencias cotidianas que requieren de un "¡corre!", porque todo ello se reduce al mínimo para salvar el cupo, y dará pie a ese esperado destino que sufrirá la pareja del que aún no teníamos respuesta. Por lo tanto, no es la emoción por la aventura la que embarga la trama, sino la catarsis de despedir definitivamente a uno de los personajes más queridos de la serie. Tarde o temprano tenía que llegar, aunque personalmente me hubiese gustado tener durante una temporada a River lidiando con este Doctor. Desde luego, la química entre ambos queda patente. 


Mucha ternura, algunos momentos bastante graciosos (el Doctor "impresionándose" con el hecho de que la TARDIS it's bigger on the inside), y en definitiva satisfactorio episodio final de una temporada memorable. Qué larga se va a hacer la espera hasta la décima, allá dentro de unos 9 meses.