jueves, 9 de febrero de 2017

Lion. (Garth Davis, 2016)

Es imposible evitar acordarse de 'Slumdog Millionaire', tanto por temática como por protagonista, al ver 'Lion'. Y tras el visionado de esta, la denuncia llena de júbilo, festividad y colores que intentaba propagar la que se llevó 8 Oscars queda como algo trivial e inocente. Sin apenas palabras, con una narración que va directa al drama y a la injusticia, a la culpabilidad y a la impotencia, la primera mitad del film encargada de relatar la odisea de Saroo escarba en la emotividad del espectador sin trampas y sin artificios. Es muy jodida de ver sin necesidad de volverse melodramática, y tampoco ahonda más de lo necesario en el espacio interior de su protagonista, puesto que su condición, su miseria, y el enorme e inhumano mundo que le rodea siendo él tan pequeño y vulnerable son suficientes para hacernos una descripción de su historia.

Antes de la segunda mitad del film, la que se desarrolla en su casa de acogida en Australia, hay un pequeño momento en una escena transitoria que define enteramente la historia del pequeño Saroo. Una mujer le informa en ese orfanato más parecido a una cárcel de la buena noticia. Pese a saber que va a pasar a una vida mejor, al niño solo le importa una cosa: si realmente han buscado a su madre. Él no desea esa nueva vida llena de esperanza y futuro, él ya era feliz junto a su madre y su hermano. La plenitud y la dignidad de la pobreza y la humildad. Y a partir de ahí, la película se convierte en el drama del acogido, del que siente que no está donde debe estar, del que siente que su propia dicha es fruto de la injusticia que otros padecen.


Si la primera parte de la película era dura, esta segunda mitad se torna trágica. Empatizamos de lleno con la obsesión del personaje de Dev Patel por saberse privilegiado en un mundo lleno de calamidad, de historias terribles que nadie atiende a resolver, de gente desamparada. Sufre en su piel la cruda diferencia vital que uno puede tener según el lugar donde haya tenido la suerte de nacer. Vive en un sueño artificial donde tiene fácil acceso a los aperitivos que soñaba con poder probar cuando mendigaba entre los puestos callejeros de su pueblo natal. Eso no empaña el respeto, admiración y gratitud que el film proclama hacia las personas que se implican en la lucha de los desfavorecidos, de su capacidad de comprensión y de entender la aflicción perenne en ellos.


La inclusión en el relato de Google Earth está acertada en cuanto a brújula más que como a herramienta indispensable para el hallazgo. Advertencia de que aunque la lucha principal de la película es la de Saroo por regresar y honrar sus orígenes, las heroínas de la trama son las madres. Hay que atender la perspectiva familiar de la película, que aunque manipula los momentos importantes para volverlos lacrimógenos, posee honestidad e integridad. La interpretación contenida y dulce de Nicole Kidman prende la mecha de la explosión emotiva final.


Sí, me la pasé entera con un nudo en la garganta, y disfruté de lo que sentía viéndola. Su descripción de la frustración, de la desesperación  y de la necesidad de búsqueda recalca la desigualdad social sin necesidad de ensalzar salvadores ni malograr responsables. Garth Davis finaliza diciendo que esto es lo que hay, que sucede de verdad, y que todos somos parte del problema y de la solución. 

8.5/10


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