jueves, 6 de abril de 2017

Ghost in the Shell. (Rupert Sanders, 2017)

Tengo una buena noticia: es muy entretenida. Hay whitewashing, el final pervierte a la original, la reflexión política queda excluida, hay sobreexplicación en temas que su referente dejaba para la indagación de cada uno, y la filosofía y antropología queda bien pulida para acercarla al público occidental mediano. Pero es muy entretenida. Por lo tanto, no puedo caer en la bajeza de decir que es una mala película o un fracaso (como película, su nivel en taquilla es otro cantar); en todo caso, es una reproducción del anime que ha cogido las piezas que le convenían para hacer lo que quería con él y se ha sacado un blockbuster que se puede ver sin esfuerzo.

Pero en eso consisten los remakes, y más cuando es un remake americano que parte de un producto ajeno a sus fronteras. Recordemos que 'Los siete magníficos' es la americanización de 'Los siete samuráis'. Vamos, que no seamos tan puritanos ni más papistas que el papa, y vayamos a la película como ente individual. Partiendo de la base de que se ha preferido acoger todo el tema antropológico que ya proponía la de Mamoru Oshii y jugar con ello y esquivar la vertiente político social, el resultado es el mismo que coger cualquier lección de ontología y alargarla y diseccionarla lo suficiente para que pueda entenderla cualquier persona que no sea un erudito. Habrá quien se quede con las escenas de acción y con los logrados efectos visuales. No culpo que la película dé una de cal y otra de arena en ese sentido, hay que dar de comer a las dos vertientes, y no es fácil coger todo lo que significaba 'Ghost in the Shell' y llevarlo a un campo en el que cohabitan tanto los entusiastas de la de 1995 como los neófitos que tan solo buscan un par de horas de diversión. Pues bueno, la papeleta se resuelve de forma digna y resultona, sabiendo homenajear a aquella en el diseño, en el calco de algunas de sus escenas o con ese examen del mensaje que lanzaba, y sabiendo contentar a quienes llegan, pagan la entrada, y se van. 


No hay prostitución de la original. Ni de lejos, vamos. El respeto hacia ella queda patente, por mucho que joda que Hollywood la lleve a su terreno. Y claro que quedan cosas mejorables, muy mejorables. El personaje que viene a hacer las veces del titiritero encargado a Michael Pitt queda relegado a un papel mucho más aprovechable, y quedan lastradas las posibilidades de acometer el tema del terrorismo al que estamos dispuestos a someternos con el auge de la cibernética y la tecnología, o de la causalidad de las grandes empresas y gobiernos en la prosperidad del mismo, o de la frontera que separa esas empresas y gobiernos a la hora de quién decide construir la sociedad en la que nos movemos, con las libertades o identidades propias que estamos sacrificando en pos de su avance. El villano que nos lanza esta versión moderna está estereotipado, encajonado a alto cargo de poderosa multinacional con malos hábitos y prácticas, y su función no va más allá de la de caer mal y tener focalizada de forma corpórea la agresión que sufren los protagonistas. Pero como miles de veces ha ocurrido antes, y no voy a penalizar a esta película por repetir ese esquema simple y que, quieras que no, para las pretensiones dadas funciona. 


Y en fin, no es una película que corra demasiados riesgos, y pasa por el filtro oportuno. Tampoco cae en la pereza de limitarse a copiar o a repetir ideas, dando una vuelta a la tortilla a la hora de abordar el tema de los espíritus humanos despertando dentro de las máquinas, prefiriendo bordearlo en esta ocasión con los espíritus cada vez más arrinconados bajo las actualizaciones robóticas. E insisto en que su mayor virtud es ser muy entretenida, con una ambientación esforzada y Scarlett Johansson demostrando saber llevar la batuta de una película de acción ella solita. Y aunque más que parecerse al anime, a la serie o al manga, los utilice de apoyo para cumplir su propio camino, esta nueva 'Ghost in the Shell' da en el centro de la diana a la que apuntaba. Como admirador de la de 1995, me quedo contento.

6,75/10


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