sábado, 15 de julio de 2017

HappyThankYouMorePlease (Josh Radnor, 2010)

Es una película cuca, con cierta intención de dejar poso, pero de la que realmente no tengo demasiadas ganas de hablar, por lo que creo que la atención que se le presta mientras uno la ve no se convierte en eco divagador pasado su visionado. Parece querer llegar al corazón a través de personajes de existencia marcada por las decepciones, tiene atmósfera con buen rollo, pero recarga demasiado su sencillez con ciertas excentricidades que parecen querer tener más protagonismo del adecuado. Y que la cabeza pensante del tema sea Josh Radnor con su eterna obsesión por ser la imagen viva del tío cercano a los 30 que no encuentra con quién compartir la vida termina resultando irritante.

Más interesantes que esa historia principal cuyo ego conductor es el del protagonista de 'Cómo conocí a vuestra madre', que para colmo de talante aquí hace las veces de guionista y de director, son las otras dos historias que se desarrollan durante la peli. Carecen de falsas angustias, al contrario que la que más peso tiene, y paradójicamente las protagonistas sí parecen tener motivos de sobra para tomarse en serio sus propios problemas. La lucha a la que hace frente la historia protagonizada por Josh Radnor, con secuestro "cuqui, tierno y simpático" de niño por medio, parece habérsela buscado a posta el protagonista porque no tiene otra cosa que hacer con su vida que llamar la atención dando pena y siendo un capullo. La premisa es similar a la de su Ted de la citada serie: está mentalizado de que se le va a pasar el arroz, y ha encontrado a la chica que encaja con él 100%, y ahora solo tiene que convencer de ello a la muchacha. Tío, me cansas.


La película emula precisamente a series del palo de 'Friends' sin la simpatía que sus personajes despiertan, sin la complicidad que ellos transmiten, y que tropieza cuando entra en el terreno de la comedia gamberra. Sin embargo, en el terreno del romance sensible de la historia protagonizada por Malin Akerman sí que funciona. Si la película se hubiese centrado en ella en vez de en el ombligo de Radnor, hubiera estado varios peldaños por encima del resultado final. Aparte de que la carga de sinceridad que lleva esa subtrama llega inmediatamente al espectador, no tiene que marear la perdiz para llamarnos la atención ni volverse estrambótica. Ese arco es el que realmente salva todo lo demás y hace que el visionado no sea una pérdida de tiempo. 


Y bueno, ¿sabéis cómo termina cada episodio de 'Cómo conocí a vuestra madre'? ¿Con reflexiones de Ted acerca de las relaciones, de la amistad, de cómo debería o no debería ser el amor? Aquí tenemos la misma terapia, pero sin ser HIMYM. Lo mejor que se puede hacer es ver la película y empezar a buscar otras comedias del mismo estilo que hacen lo que esta pretende, pero con más estilo y encanto. Como película de iniciación al género suponiendo que hayas estado desconectado del cine romántico indie durante los últimos 20 años, puede valer. 

6/10


sábado, 8 de julio de 2017

Ahora me ves 2 (Jon Chu, 2016)

A ver, si algo te sale medio decente, déjalo como está y no prolongues la agonía. La primera parte era divertida, no daba pie a que se quedara en la memoria permanentemente, pero el rato te lo hacía pasar sin ponerle peros. Ahora bien, si te empeñas en que ese disfrute pasajero puede dar más de sí mismo, pues venga hermoso, estira el chicle hasta que se rompa. Pues eso es lo que ocurre con esta innecesaria y presumida secuela, que de la mina en la que no hay más diamantes como mucho vas a sacar algo de carbón.

Esta secuela es tonta hasta límites sonrojantes. No solo por tener a Daniel Radcliffe presumiblemente parodiándose a sí mismo, o a Jesse Eisenberg tratando de llevar el peso de la función teniendo a quienes tiene alrededor y que le sacan varios cursos de carisma, sino porque a quién se le ocurrió llevar a al desvergonzado personaje que funcionaba que te cagas como el de Woody Harrelson aún más al extremo, que en la primera hacía gracia, y aquí, por partida doble al sacarle un hermano gemelo malvado, se pierde en el vacío intentando, paradójicamente, llenar de escenas humorísticas lo que no sabe ocupar con cualquier otra cosa. 

Y luego ya están las flipadas. Volviendo al sencillo pero efectivo recurso de la comparación, la primera parte iba de sobrada, los trucos de magia eran exagerados, pero te los creías dentro de lo que te estaba ofreciendo. Aquí no. Aquí, gracias a lo enrevesada que se llega a hacer, no puedes dejar de repetirte una y otra vez "venga, coño". Además, por si no se queda agusto, es de vacile que sea tan larga y que, aunque parta con esa premisa, te esté intentando engañar todo el rato. Pero una cosa es engañar, y otra hacer trampas. Los trucos de magia nada tienen que ver con hacer trampas, amigos. 


Y lo que la deja a un nivel aún más inferior es su intento de convertir a su grupo de "jinetes" en una especie de iconos modernos. Que no, que la primera peli fue una peli entretenida sin más, que estos personajes no se van a colar en nuestros corazones, que dejéis de intentar hacer de un producto caduco algo trascendental. Es que no os ha salido bien la jugada del más gordo y más grande ni en taquilla, que era el objetivo a pesar de todo. Da tanta sensación de tomarse a sí misma tan poco en serio, que se ha olvidado que para hacer algo primero hay que tener algo de inteligencia para administrar la broma. Si es que ni la presencia de Mark Ruffalo salva el show, no me jodas.

3/10


viernes, 30 de junio de 2017

Toy Story 3. (Lee Unkrich, 2010)

Y 15 años después, la guinda del pastel, que consolida una trilogía equilibrada en un nivel muy poco asumible por otro tipo de sagas, mantiene el espíritu aventurero y explorador de sus anteriores episodios, aumentando el nivel de urgencia de sus protagonistas al tener que luchar esta vez contra el paso del tiempo, contra la niñez que se va, contra la desdicha de dejar de ser útiles. Tiene un recetario nostálgico y melancólico que no se antepone a la diversión que caracteriza a la franquicia, y tampoco pretende hacer drama pese a sus momentos tiernos e intensos.

Esta tercera parte recoge todos los aciertos de las anteriores, se sobreesfuerza por culminar con maestría la historia de los juguetes, sigue inyectando dosis de ingenio y propicia nuevas circunstancias aumentando de forma lógica el universo ya creado, y nos ofrece casi dos horas de sana e imaginativa diversión que parece no tener techo, porque la cosa sube y sube hasta límites estratosféricos. Toy Story ahora ya no solo se ha colado en géneros de aventuras o de rescate, ahora se ha permitido el lujo de tocar el terreno del drama carcelario y salir triunfante. Se saca de la manga varios giros que huyen del deus ex machina, ya que el guion no se olvida de ir colocando miguitas en sus primeros actos que puede recoger con entusiasmo en el tercero, y por lo tanto todo resulta redondo y satisfactorio. La inclusión de nuevos personajes como Barbie y Ken permiten jugar y burlarse de los prejuicios sociales hacia los juguetes "de género". Los héroes que ya conocemos continúan su arco de evolución, esta vez teniendo que hacer frente a un destino que parece inevitable.


Logra lo que ya parecía imposible superar dentro de una película Pixar: elevar el ritmo a la máxima exponencia, no hay minuto con tregua, ocurren cosas todo el rato, y ninguna de ellas es arbitraria o episódica, todo atiende a hacer crecer la bola emocional que fabrica desde el deleitoso comienzo con guiño a la primera secuencia de la primera peli hasta el milagroso y perfecto final. Una vez más, calidad técnica y guion marca de la casa es compatible con el afán de Disney por vender el producto más allá de las pantallas. Pixar pone el talento, y Disney las tiendas de juguetes y los parques de atracciones. La combinación, por contradictoria que parezca, es funcional.


Y no puedo saltarme un apunte hacia una de las escenas del cine de animación para todos los públicos más bellas, tensas y dolorosas que ninguna película haya logrado jamás. Sí, me refiero a la escena del basurero. Una magistral lección de suspense, capaz de llevarnos a todos a pensar que esta gente iba a ser capaz de dar un final tan desgarrador a sus personajes. Quien diga que en ningún momento se le pasó por la cabeza esa posibilidad y que tenía el nudo en la garganta miente. Todo el mundo dice que Pixar les rompió el corazón con la primera secuencia de 'Up', pero esta secuencia de 'Toy Story 3' también da muestras de cómo son capaces de inducirte un coma momentáneo.


Woody, Buzz y compañía terminan una trilogía magnífica, una de las más valiosas muestras de cómo conducir una saga sin descarrilamientos, con mucho mimo y sensatez en todo lo que se hace y se cuenta, una reivindicación más del cine de animación como cine con mayúsculas y no solo destinado al público familiar. Hecha para pasar a los anales de la historia, porque esto no es un hito menor que cualquiera de los clásicos de Chaplin, Ford, Kubrick o Spielberg. Es cine en su esencia más pura.

10/10


domingo, 25 de junio de 2017

Wonder Woman. (Patty Jenkins, 2017)

Estaban DC y Warner sumidos en un evidente rumbo improvisado con su franquicia de superhéroes, a la cola de Marvel, a la sombra de lo que ya hizo Christopher Nolan con uno de sus iconos en la trilogía de 'El Caballero Oscuro, y que no, que no lograban acertar en la diana con sus primeros títulos. A mí particularmente me gustan tanto 'Man of Steel' como 'Batman V Superman', pese a sus errores y a sus escenas carne de meme, mientras que mi visión hacia 'Escuadrón Suicida' ha cambiado mucho desde el primer y eufórico visionado, ya que ahora mismo la considero una película horrorosa en muchos aspectos. Pero la falta de cordura y paciencia era obvia. Y en medio de este follón, la luz: Wonder Woman, la tercera pieza de la Trinidad de DC. No solo supone un golpe en la mesa o una esperanzadora remontada en medio del caos. Es que es mucho más.

'Wonder Woman' es una película jodidamente maravillosa, y no estoy escogiendo este adjetivo al azar, puesto que la mujer maravilla es precisamente eso, y la película lo refleja sin paliativos, sacando orgullo. Más allá de una película que viene a engrandecer y dar un vuelco al cine de superhéroes, es una película que era necesaria. Porque aunque cuente una historia sobre la que el propio género ya ha planeado, siendo un viaje iniciático en un contexto bélico y con un marco de aventuras, lo hace colocando las piezas del tablero en un lugar al que hasta ahora se les había privado. Atendiendo al contexto político-social en el que vivimos, es una película importante. Tampoco le pidamos peras al olmo. 'Wonder Woman' no es cine social ni cine político, es un puñetero blockbuster, concebido para atraer a las masas a pasar un rato entretenido. Ahí radica su valor: un producto así, liderado por una mujer, Patty Jenkins, fuera del cine de autor o indie, en un género asociado tradicionalmente al público masculino, y que es capaz de transmitir mensajes positivos y reflexivos acerca del empoderamiento femenino sin excluir la atención empática de ningún tipo de público, que es capaz de hablar sin miramientos de los refugiados y los indefensos, o de las causas y consecuencias de la guerra sin echar balones fuera (el propio personaje de Steve Trevor se culpa a sí mismo por formar parte de ese "todo" que causa las guerras). 


Gal Gadot hace una labor encomiable poniéndose en la piel de Diana Prince. Hace suyo al personaje, lo conoce, va con ella a muerte, y cumple sobradamente tanto en su fase ingenua e inocente como en los momentos épicos, rebeldes y de amazona guerrera. En serio, hay escenas realmente inspiradoras y emocionantes en las que Wonder Woman, a la que todos le dicen lo que tiene que hacer, sobrepasa a todos y decide actuar y hacer lo que ella cree que es lo correcto, momentos en los que dice "hasta aquí ha llegado mi paciencia" y decide dar el paso al frente que nadie más da. Eso es épica. Formando equipo con un Chris Pine que nos regala un Steve Trevor precioso, con labor de motor de cambio y de guía en el mundo de los hombres, aparte de ser el apoyo emocional y romántico de la protagonista. Ojo, que nadie confunda el papel que hace este personaje con el de la protagonista. Ella siempre lleva el peso del viaje del héroe (heroína en este caso), y nunca invierten ese papel. Lo que pasa es que Steve Trevor no es una mera comparsa como sí lo son las sucesivas acompañantes femeninas del resto de superhéroes masculinos. Toma decisiones propias, no necesita que ella le saque de apuros (no confundir con salvarle en ciertas ocasiones), se vale por sí mismo, y sus acciones, sobre todo en el tercer acto, son importantes para el desarrollo y conclusión de la trama. No todo pasa por lo que hace Wonder Woman. Esto también es un punto a favor que debería tomar en cuenta el cine de acción y de aventuras.


Y aparte de todo eso, pues tiene lo que hay que exigirle a una película de su tipo: entretenimiento a raudales, acción muy lucida (y muy bien rodada, por cierto), una banda sonora y una fotografía que se lucen, emoción, con momentos para la risa y para las lágrimas bien sintonizados y colocados donde deben estar. Y que recupera cierta esencia clásica del cine de superhéroes que se había perdido con el ya mencionado Nolan, esa simpleza efectiva y noble que tenía el 'Superman' de Richard Donner o el 'Spiderman' de Sam Raimi. Una película en la que quienes la han llevado a cabo demuestran pasión y mimo, querer y saber hacerlo bien, que conocen el universo que nos están mostrando, y que sacan las garras cuando todo el mundo parecía querer enterrarles definitivamente. Este es el camino a seguir, no hay otro.

9/10


jueves, 22 de junio de 2017

Las ventajas de ser un marginado. (Stephen Chbosky, 2012)

Película de temática adolescente con el toque nostálgico de las de antaño, de las que versan sobre la complejidad de la amistad, que trata los conflictos internos de los personajes con honestidad y delicadeza, y que se sustenta en la credibilidad de lo que está contando. Los problemas a los que se refiere la película en una etapa de cambios para sus protagonistas son reales, los trata con seriedad y sin empalago, con encanto y calidez.

El principal acierto de la película son las varias capas que tiene, las cuales va desflorando una a una, presentándose como una comedia romántica más, pero descubriéndose según avanza como un drama de traumas y miedos no superados, incertidumbres que afrontar, reflejando con tacto las confusiones que se suceden una tras otra durante la etapa juvenil. No solo es una película de crecimiento, sino de exploración. Temas como la exclusión social, la homosexualidad o la depresión son incluídos no como meros reclamos narrativos, sino que están ahí porque forman parte de los protagonistas y les caracterizan, y en vez de ser dibujados en torno a sus condiciones, la película hace crecer a los personajes haciendo ver que ellos no son una etiqueta, sino que esa etiqueta es una de las infinitas cualidades que les conforman. 


La rotundidad de la película va más allá de esos condicionantes. Es capaz de describir los rituales sociales durante la adolescencia con precisión audaz y perspicaz, soporta la mirada de un protagonista que tiene normalizado el bullying y el rechazo a lo diferente, y que ahonda en cómo un grupo de amigos puede convertirse en un grupo de héroes capaces de dar ternura, solidaridad y apoyo cuando el mundo parece haberte olvidado. Pocas veces en el cine una fiesta juvenil ha sido tratada de forma tan realista, con las expectativas de cada uno de sus integrantes y lo que finalmente encuentra en ella perfectamente dibujadas.


A todo ello hay que destacar a Ezra Miller, secundario de lujo que llena la pantalla y embauca al espectador con una interpretación preciosa, una banda sonora con mucho gusto, buen tacto para la planificación, y mucha pasión para contar una historia desde las entrañas. Una película que sabe que la tristeza y la alegría van de la mano, que sabe dotar de dulzura el tratamiento de las emociones esquivando el empalago de la bollería industrial, y que dota de dignidad al pesimismo y a los invisibles. 

8/10


miércoles, 21 de junio de 2017

Prometheus. (Ridley Scott, 2012)

Me acuerdo que la primera vez que la vi me decepcionó muchísimo. La pregunta con la que supuestamente me tenía que atrapar, de dónde proviene la vida en la Tierra, me la resolvía en una primera escena que no volverá a tener trascendencia en el resto del film. Desechado ese misterio, cuece otros interrogantes que podrían ser interesantes: ¿por qué fuimos creados? Y finalmente: ¿por qué los seres que nos crearon quieren ahora destruirnos? La película no resolverá ninguna de las dos. Y en Covenant también se han olvidado de ello, por lo tanto, en este sentido, sigo estando insatisfecho con esta peli.

A diferencia de la saga con la que comparte universo, 'Alien', abandona la clave de terror para optar por la de ciencia ficción. Fastidia mucho que una propuesta tan buena como la que tiene se deteriore por las decisiones que va tomando según avanza. Tiene entre su grupo de protagonistas un grupo científico insultantemente torpe (geólogos que son los primeros en perderse por el sitio que han mapeado previamente, arqueólogos explorando restos extraterrestres que, mariconadas las justas, se quitan el casco, biólogos que no siguen pautas de prevención ante formas de vida desconocidas,...), escenas muy mal rematadas (eso de no saber correr hacia los lados que tienes totalmente libres cuando un objeto gigante va a aplastarte te quita muchos puntos como villana de la función), y bichos que, en fin, ni atemorizan, ni crean tensión o incertidumbre, y cuya función se limita a tener algo con lo que pelearse. La vuelvo a ver y vuelvo a convencerme de que hay mucho potencial desperdiciado, de que las herramientas para hacer una película muy buena están todas, pero mal usadas.


Lo que sí he apreciado en este revisionado son los dos personajes principales, y que salvan el despropósito. Noomi Rapace y Michael Fassbender defienden como pueden unos personajes que deben compensar los déficits del resto de la película. Que por cierto, confirma que una buena e impecable realización no asegura una buena película, pues las buenas maneras se quedan en eso, dejando de lado la autenticidad, la inquietud narrativa, la exploración tensa o la sensación de hallazgo inaudito. Lo que peor hace 'Prometheus' es mostrarnos precisamente eso, el hallazgo más importante en la historia de la humanidad y hacer que nos parezca irrelevante. Aparte de tener un tercer acto en el que todo se precipita, no deja respirar, quiere resolverlo todo con prisas y a lo loco (un ser de inteligencia superior se despierta después de 2000 años y lo primero que hace es liarse a ostias en vez de preguntarse qué ha ocurrido en ese tiempo), y todo para terminar la película sin haber respondido a nada de lo que ha planteado, aparte de que las intenciones de la empresa que subvenciona la expedición no eran las que se creían (oh, sorpresa). 


¿Es una mala película? Pues a ver, entretener entretiene, no hay un solo plano que no resulte bello, y es una película de las que si quieres hacer pis a la mitad, la pausas para no perderte con lo que sigue. Pero sinceramente, estamos hablando de un universo, el de una maravilla como 'Alien', y de un reputado director, Ridley Scott, a los que hay que exigir mucho más, y no solo la pretensión de involucrarnos en una vacía reflexión existencialista que se pierde en su grandeza formal. No, no es mala película, pero te decepciona y deja peor sensación que unas lentejas en verano a 45º. 

5,5/10


miércoles, 14 de junio de 2017

Captain Fantastic. (Matt Ross, 2016)

Comedia agridulce que tiene mucha firmeza y fe en el mensaje que lanza, cuya propuesta es cercana y radical, entusiasta y contundente. Es un retorno a la naturaleza, a la humanidad más pura, una invitación a cuestionar el alienamiento social al que estamos sometidos, a ser ingenuos y curiosos, a ser humildes y rebeldes.

Hay mucho vitalismo en esta obra que pasó por Sundance y Cannes, y que los grandes premios prefirieron ignorar. Me recuerda en formas a 'Pequeña Miss Sunshine' y en carácter a ' Moonrise Kingdom'. Aquí los ingredientes son un grupo de jóvenes actores muy capacitados para orbitar alrededor del maestro de la ceremonia, Viggo Mortensen, que simplemente está magnífico en un rol puro y respetable que adopta con espontaneidad y con el que se siente como pez en el agua (actor que, por cierto, prima los proyectos de calidad antes que los de elevada factura industrial), y el guion que enfrenta al pensamiento propio de esta extravagante familia contra la educación conservadora de masas. Lucha que no solo se queda como marco contextual de la historia, sino que realmente se lleva al espectador a meditar acerca de lo condicionado que está nuestro punto de vista y nuestra perspectiva sobre la vida gracias a la tecnología, los dispositivos y los medios de comunicación, y nuestro ampuloso consumo de marcas comerciales.


Lo que el director Matt Ross parece querer decirnos con esta fábula es que todos los avances que nuestra sociedad está experimentando no están compensados si renunciamos a nuestra propia esencia, a nuestras raíces. No es un discurso novedoso en una película con este rollo, sí lo es la forma rompedora y encantadora de hacerlo, con diálogos realmente sorprendentes e impredecibles, igual que lo es su puesta en juicio del modelo social y económico al que nos hemos sometido, de la misma forma que emite un mayúsculo interrogante acerca del infantilismo académico y la burbuja protectora con los que se educa a los miembros más jóvenes de la civilización. 


Es una de esas películas inesperadas, que llegan sin hacer ruido y lo hacen para dejar huella en aquellos que quieran acercarse a ellas, que aportan mucho más aparte de dos horas divertidas de cine buenrollero. Tiene complejidad emocional, subrayada por una fotografía y una banda sonora que terminan de darle pinceladas al conjunto, y que una vez vista resulta indispensable. 

8,25/10