viernes, 22 de diciembre de 2017

Saw V (David Hackl, 2008)

Y entonces la saga de 'Saw' se convierte en culebrón de nivel de producción televisivo. Una película de sobremesa y esto se diferencian en que aquí hay más sangre y hay personas a las que se les cercena miembros de su cuerpo de manera explícita. A eso hay que sumarle la fórmula del bucle, que ya se dejaba entrever en la anterior entrega, y esto significa que no hay nada nuevo bajo el sol: un tío encierra personas en un juego de escape mortal, estas personas se dedican a ser reventadas de una forma u otra con cada vez menos posibilidades de sobrevivir, y hay un guion con presentación, nudo y desenlace para tener una estructura mínimamente cinematográfica que diferencie esto de cualquier vídeo viral que te puedas encontrar por internet.

Intenta ser interesante jugando con flash-backs y flash-fordwars colocados al tun tun, y añadiendo drama intrascendente para, yo que sé, que los personajes tengan algo que hacer mientras no están intentando no morir. Para más inri, gana protagonismo el relevo de 'Jigsaw', aquel tío cuya habilidad interpretativa destacable era poner perpetua cara de estar oliendo mierda. Y, sinceramente, no me acuerdo de mucho más del resto del reparto, ni el papel que cada pieza del puzzle -o supuesto puzzle, porque incluso esa esencia de la saga parece ya debilitada a estas alturas - juega en la trama.


Tiene cierta gracia que los personajes se dediquen a matarse entre ellos para seguir adelante en el juego, pero creo que dejé de prestar atención antes de llegar al tercer acto incluso porque lo que veía no me aportaba un mínimo interés. Trampas que ni siquiera son ya más originales que las que ya hemos visto en las anteriores entregas (aunque para mí el mejor de esos juegos siga siendo el más simple de todos, el que ocupaba el protagonismo en la primera entrega). Centrarse tanto en ir de una trampa mortal a otra, en vez de pensar en que sería más interesante poner el foco en algo que lo recogiera todo, hubiera dado un poco de dignidad al producto. Pero las cosas se hacen al revés, y no hay quien aguante esto. Es mucho mejor ir directamente a youtube, poner las escenas sueltas de cada una de esas trampas, y limitarse a recrearse con ellas, porque todo lo demás es paja sin sentido alguno. 

2/10


jueves, 21 de diciembre de 2017

Star Wars Episodio VIII: Los útimos Jedi. (Rian Johnson, 2017)

Hace 40 años, una trilogía de aventuras galácticas donde se enfrentaban los dos bandos bien diferenciados de la luz y la oscuridad nos cautivó. Luego tuvimos unas precuelas que, lejos de esa capacidad para maravillar, eran puro entretenimiento. Y entonces, llegó el Episodio VII para recordarnos aquella nostalgia, aquel humor liviano que poseían las originales, aquella camaradería entre personajes. Un Episodio VII que repetía esquema con 'Una nueva esperanza' en cuanto al viaje clásico del héroe, pero repartiendo nuevas fichas sobre el tablero, y ofreciéndoles un horizonte distinto al de Luke, Leia y Han Solo. Un Episodio VII necesario para que la idea a destacar de 'Los últimos Jedi' - romper con lo anterior, marcar un nuevo camino - sea efectiva. Y por mi parte, todo bien. No tengo ningún problema con la evolución de la saga, con desmarcarse de la tradición, con respetar la nostalgia pero superarla. 

'Los últimos Jedi' es la más atrevida aventura de la saga, es un desafío a varios niveles por varios motivos. Primero, porque planta cara al fandom más conservador y no se rinde a lo que esta gente quiere desesperadamente, abriendo la ventana para que entre aire fresco, lo que no significa que les falte el respeto, ni mucho menos. Tiene las agallas de poner a un personaje como Luke Skywalker, un personaje mítico que apenas tuvo dudas sobre el destino que debía tomar dentro del bando bueno, en la tesitura de no ser capaz de soportar el peso de su leyenda, de tener dudas morales, de cuestionar a la propia orden Jedi para la que tanto esmero dedicó por resucitarla. Un Luke pesimista y acobardado. Eso sin olvidar que sigue siendo Luke Skywalker, el héroe por antonomasia de 'Star Wars', y ofreciéndole un clímax a la altura de lo que representa. Pero que acepta que hay un relevo generacional, representado por Rey, que debe tomar su propio camino, que tiene tanto derecho como él y como todos los que contemplaron sus hazañas en la época a la que pertenecen a tener sus propios héroes herederos de los de antaño, que el futuro pertenece a esa generación, y que anclarse en el pasado es resignarse a un bucle eterno que carece de progreso. 


La película también es un desafío porque, en coherencia con lo anterior, ni lo oscuro es tan oscuro, ni lo blanco es tan blanco, una división que en Star Wars siempre ha estado bastante definida y limitada. Hay muchos grises en esta película. Héroes y villanos que dudan, que se equivocan, impulsivos, humanos. Y que fallan en sus objetivos. Mientras en las precuelas los planes del lado oscuro progresaban y salían bien, y en la trilogía original los planes del bando rebelde eran los que siempre acababan triunfando sin salirse demasiado del tiesto, aquí unos y otros tropiezan en varias ocasiones. Eso se ve en las decisiones que deben tomar los personajes: la Resistencia, acosada constantemente por la Primera Orden, compartiendo punto de vista con un Poe Dameron cuyo arco crece a pasos agigantados a base de enfrentamientos con sus líderes Leia y Holdo de visión más humana y sensata (al más puro estilo 'Battlestar Galactica'); y Kylo Ren, cuya trayectoria hacia el bando oscuro tiene mucho más sentido y es más madura que la que en su momento tuvo Anakin Skywalker. Igualmente, este desafío responde a un tono de drama político, social y bélico mucho más maduro y revolucionario que el que poseyera cualquier otro episodio de la franquicia. Mientras que estos temas pasaban por las anteriores entregas de una manera fácil y asequible, el Episodio VIII habla con franqueza de la trata de esclavos, de la sinrazón de las religiones como instrumentos morales, de los refugiados, de las consecuencias de la guerra, o de las desigualdades sociales.


Y por si fuera poco, un último desafío: reparte tollinas a todos. Se carga de un plumazo ideas horribles de las precuelas, dando a la Fuerza el sentido que debe tener (a tomar por culo los midiclorianos); señala al fanatismo - tanto al religioso como al cultural - como principal traba para el desarrollo; pone en cuestión que un a un villano no se le pueda caricaturizar, que no se les pueda humanizar, que no se les pueda exponer al ridículo, y en definitiva hace un ejercicio con ellos de deconstrucción y desmitificación que sienta genial, siendo capaz de soportar sus dramas, su rabia y su amenaza sin necesidad de recurrir a un carácter perpetuo de tensión; da un pescozón al linaje, se ventila la idea de que para ser alguien en este universo haya que ser heredero de una estirpe o haya que ser especial, cualquiera puede convertirse en héroe o villano por sus propias capacidades. 


Todas estas virtudes no serían nada sin la capacidad de hacernos sentir cercanos a lo que se cuenta y a los personajes que transitan por ella. En 'Los últimos Jedi' temes constantemente por la vida de sus protagonistas, te cabreas con ellos cuando sabes que la están cagando, te alivia cuando se encuentran y te angustia cuando se separan. Comprendo que haya un amplio sector del fandom echando humos: una película que te señala a ti mismo como parte de la causa de que los iconos y símbolos culturales no tengan capacidad de progresar y tener desarrollos nuevos debe de doler. Pero mira, chico, supéralo y adáptate, o échate a un lado y perece. Ya no estamos ni en 1978 no en 1998, las normas del juego han cambiado y las están escribiendo personas que llegaron después y cuyas inquietudes son distintas a las que tuviste tú, y merecen ser contempladas. Porque Rian Johnson y los nuevos responsables de la franquicia, a diferencia de George Lucas, lo han comprendido: Star Wars es universal y no pertenece solo a quienes la disfrutaron en el pasado, que tiene futuro, y en ese futuro no tiene cabida lo ya visto. Esta es una galaxia demasiado grande como para anquilosarse en los mismos pilares eternamente.

9/10


miércoles, 20 de diciembre de 2017

Resident Evil 4: Ultratumba (Paul W. S. Anderson, 2010)

Me voy de carrerilla a despachar rápidamente la cuarta entrega de la saga. Primero porque es tan mala que poco hay que comentar que valga la pena, y segundo porque tengo como ocho reseñas que hacer aún antes de que acabe el año y no me va a dar tiempo. 

Y si la segunda parte era un despropósito que hacía el ridículo tratando de emular al videojuego, y la tercera remontaba con cierta cordura inclinándose a la acción dentro de una historia que, con sus enormes vacíos, tenía lógica y una estructura clara, esta cuarta entrega es una puñetera vergüenza. Es la bajada de pantalones suprema hacia el lado más comercial de la industria cinematográfica. Ya no solo por entregarse descaradamente a la técnica supuestamente revolucionaria del 3D y que resultó ser un sacacuartos prescindible tras 'Avatar' y que solo funcionó en 'Avatar', sino que se tira de cabeza a la acción porque sí, sin ton ni son, sin una razón argumentada para meterla en cualquier sitio. Aquí hay unos señores que en preproducción han decidido que en vez de ofrecer algo que contar y que pueda seguir lo que sea que llevan contando desde el principio de la saga, van a meter una sucesión de escenas en las que lo único que ocurre son efectos de explosiones, peleas y mucho movimiento para amortizar esas cámaras 3D que se usarán en el rodaje. La acción en esta película no tiene razón ni siquiera como estímulo, porque está fatalmente coreografiada, el CGI es cantoso y feo, y esta vez no se salva ni Milla Jovovich, que con Paul W. S. Anderson de nuevo en la dirección se comporta más como un maniquí que se mueve que como un ser humano que debe interpretar un papel.


Tan solo hacen falta 10 minutos eternos de inicio de película para darse cuenta de que aquí todo está mal. 10 minutos en los que Alice y un centenar de clones suyos se dedican a derrochar pólvora como si eso fueran las Fallas, pero sin nada que celebrar por medio. Y que te muestran las intenciones de la película, porque ese gancho de los clones aliándose con la protagonista se esfuma pasada esa horrible escena en la que todo termina volando por los aires y solo queda viva ella. El resto de la película es ir de un sitio a otro encontrándose con personajes que no aportan nada, con giros de guion que solo atienden a ese propósito de generar más paja intrascendente, y creo que aún no he mencionado lo brasas que es la música en esta saga, la turra que dan metiendo música machachona a todo trapo con un montaje videoclipero cuya sucesión de planos es aleatoria, y que aquí llega a niveles insoportables. 


¿Se nota lo muy poco que me ha gustado la película? Mira que defiendo la existencia del cine malo, pero es que meter a la gente en una sala de cine para ofrecerles hora y media de absolutamente nada, de vacío argumental, de ningún avance destacable en la historia, y de nula capacidad para ofrecer otra cosa que no sea personajes dándose de leches contra legiones de monstruos sin un hilo que haga que eso tenga algún sentido, es para quitarles la licencia de hacer películas y dársela a otros que al menos tengan ganas de contar una historia, aunque sea mala.

2/10


Resident Evil 3: Extinción (Russell Mulcahy, 2007)

Tras un segundo capítulo bochornoso, parece que alguien se ha dado cuenta de que las cosas se pueden hacer sin necesidad de hacer pasar un rato de vergüenza al espectador. Que la saga sigue siendo mediocre, pues sí, y mucho. Pero al menos en esta secuela tienen la decencia de tirar hacia adelante limitándose a la acción y asumiendo que la saga de películas va a su bola, en vez de pretender que siguen la estela del videojuego tal y como es pero pasándose por el forro todo su universo.

Esta 'Extinción' tiene un logro principal, que es ser coherente con la propia saga cinematográfica sin aludir a nada externo, ni siquiera a la hora de incluir personajes que provienen de las consolas. No reivindica su procedencia, ni intenta imitar en falso a aquello en lo que se basa. Crea un mundo postapocalíptico con una atmósfera más parecida a 'Mad Max' que al videojuego o a las anteriores películas, y dentro de esa clave se deja ver. También desiste de ser una película de terror, se mete de lleno en las peleas y batallas contra ejércitos de muertos vivientes, pájaros infectados (mira que hay que hacer mal todo lo demás para que la escena que más mola de la peli, y casi de la saga, esté protagonizada por estos bichos) o algún monstruo deforme, y deja los sustos para quien sepa o quiera hacerlo mejor. Aquí hemos venido a ver pólvora, golpes, machetazos y gente pasándolas putas pero que ni se despeina, ni se ensucia, ni suda pese a estar en medio de un desierto eterno. Vale, la película es coherente con su propio postureo, y al menos no te toma por tonto.


Pero seamos francos. Esto sigue siendo una película de Resident Evil, esto sigue siendo estiércol con proteína extra. Si te gusta la comida basura y disfrutas de ella a sabiendas de que estás consumiendo porquería, esta es tu peli. Pese a que la película pretenda ir hacia algún sitio en concreto, o incluir una especie de diario que va siguiendo la protagonista Alice para tener un objetivo final al que llegar, lo que se ve en pantalla contradice en muchas ocasiones a lo que los personajes dicen. Que están limitados de gasolina, pues usamos motos y vehículos hasta para colocar un perímetro de postes de seguridad que se podían colocar andando y sin derrochar. Eso por poner un ejemplo, porque de incongruencias la peli va sobrada. Y uno de los elementos centrales, los zombies, casi que pasan desapercibidos. Les dan una escena para que parezca que no se han olvidado de ellos, y una subtrama donde el villano de turno está intentando dotarles de inteligencia. Pero que todo eso es paja para llegar a los 90 minutos de metraje requeridos, porque aquí lo que importa es, como viene ocurriendo desde la primera película, Milla Jovovich. Y por cutre que sea todo, por muy limitada que sea la narración o los arcos de evolución, por muy vacíos que sean los diálogos, o por muy intrascendentes que sean el resto de personajes, ella ha sabido aprovechar al máximo un material tan pobre para sacar adelante su rol de heroína con mala leche y habilidades imposibles. 


Supera de sobra a la segunda (tampoco era complicado), se queda algo por debajo de la primera (que tampoco era una maravilla). Entretiene si eres consciente de que no vas a encontrar nada que recuerde al videojuego y si te dejas llevar pensando que el rollo que se pretende dar a esta franquicia es el de la morralla pura y dura. Las profanaciones ya se dieron en las dos anteriores, aquí los responsables de la criatura son lo mínimamente consecuentes de saber que están haciendo una película mala. Así que como espectador las normas son simplemente coger el rebufo y seguir la inercia.

4,5/10


martes, 19 de diciembre de 2017

Swiss Army Man. (Dan Kwan & Daniel Scheinert, 2016)

Sorpresita de película, una de esas que te encuentras en raras ocasiones y que disfrutas al comprobar que su naturaleza extravagante, ridícula e incluso pueril funciona y se te mete por las retinas y recorre cada uno de tus sentidos dejándote esa sensación que se explora cuando haces algo por primera vez en la vida. La película es arriesgada y está plagada de méritos, dos actores que dan todo de sí mismos, una historia con buena cantidad de mensajes contraculturales positivos, un humor muy primario pero usado de forma muy inteligente, que se despreocupa de las formalidades y el buen gusto para ofrecernos otras cosas bonitas en forma de impúdicas flatulencias.

'Swiss army man' es rara ya desde el planteamiento: un joven náufrago al borde del suicidio se hace amigo de un cadáver. Y se enamora de él. Y juntos viven aventuras y descubren qué es la vida. Y la vida, alejada del decoro y el formalismo social, es un conjunto de impudicias que escondemos y limitamos al ámbito más privado de nuestra individualidad. La vida son flatulencias, son tonterías y pensamientos absurdos, son erecciones repentinas, son todas esas cosas que queremos hacer y no hacemos por vergüenza. Y la película te explica eso a través de un enorme arrojo de sinceridad consigo mismo del protagonista, y a través de su relación con un cadáver que bien te enciende una fogata o bien te sirve de moto acuática propulsada por sus propios pedos (sí, la peli va a saco con esto, y es genial), y que así resucita sus ganas por vivir.


Del dúo protagonista solo se pueden contar halagos. Paul Dano, un actor cuya trayectoria está marcada por personajes que de una u otra forma se les hace bullying y vejaciones varias, y Daniel Radcliffe, eterno Harry Potter, desmarcándose en unas interpretaciones complejas y llenas de pasión. Son muy conscientes del absurdo de sus personajes y de lo loco que es todo en el guion, y ellos se amoldan a ese disparate con firmeza y una entrega total al propósito del film. Entienden de qué va el asunto, entienden que los convencionalismos están fuera de lugar, y se adaptan a esta jungla de lo incorrecto con una maravilla de actuaciones. 


Es imprescindible entrar en su juego, dejar de lado la "realidad" del cine, tener ojos inocentes y una reflexión atrevida y creativa mientras se ve. No tiene cabida en ella el cinismo, ni el clasicismo, ni la tradición. Todo lo que se puede extraer de ella choca con cualquier tipo de formalidad, ahí radica su principal valor, y que tiene la capacidad de señalar a cualquier adulto maduro y decente y decirle que en el fondo escondemos a nuestro niño que se sigue riendo con caca, culo, pedo, pis, para al final dejarte la duda de que en algún momento del camino perdimos la pureza de la vida tal como es para encajar en la vida tal y como la hemos desvirtuado.

7,5/10


lunes, 18 de diciembre de 2017

Saw IV (Darren Lynn Bousman, 2007)

Entramos en terreno fangoso con una cuarta entrega que ya está dedicada descaradamente al fandom y a los más enfervorecidos seguidores del género slasher. A estas alturas tenemos estómago hecho, y a partir de aquí de eso se trata: de tener agallas de ver, aguantar y querer soportar una sucesión de muertes y mutilaciones a cada cual más complicada y sesuda que la anterior. ¿Y la historia? Una desidia, porque quiere hilarlo todo tan fino, que el propio hilo de sus idas y venidas en torno a la figura de Jigsaw, de quién colabora con jigsaw, quién investiga sus crímenes, quiénes son sus víctimas, etc... se enreda sobre sí mismo. 

Vamos, que es que la historia ya les da igual. Igual que los personajes, entre los que se nos presenta el nuevo protagonista/antagonista cuyo mayor logro interpretativo es poner cara permanente de oler mierda. Son excusas para desperdiciar cuanta más sangre mejor. Da igual que lo que esté contando tenga algo de sentido respecto a lo anterior, porque lo que se hace en esta película es formar un paralelismo narrativo con la anterior entrega, pero contado de una forma que solo tiene sentido en la cabeza de quienes la escribieron. Se intenta entrar en la mente del asesino en serie, pero lo que en principio pretende ser una historia que indaga sobre su origen y sobre lo que le lleva a ser lo que es, termina convirtiéndose en una cloaca en la que la propia figura a la que se le hace oda termina contagiándose del tono cercano a la vergüenza ajena.


Lo que en su primera parte se nos presentaba como un asesino minucioso, retorcido, perturbado y que escogía a sus víctimas con un motivo aparentemente lógico en cuanto a su modo de contemplar la vida, se convierte en un serial sobre un tipo que la tiene tomada con todo el que se le cruza por delante, victimista, de moral superior, y que además necesita colaboradores que no le llegan a la altura de los tobillos en ningún ámbito. La película está tan desquiciada como todos ellos. Y la cosa ya no va a ningún sitio en concreto, el rumbo es bastante aleatorio y la gente que ha tomado las riendas de la franquicia se acuerdan más bien poco del tono y el sosiego de la primera parte, que lejos de no entenderla, han cogido de ella la parte más visceral y se han dedicado a prostituirla. Gallina de los huevos de oro, lo llaman. Y mientras haya comprador, esto seguirá funcionando así.

4/10


viernes, 15 de diciembre de 2017

Coco. (Lee Unkrich & Adrián Molina, 2017)

Creo que ya lo he dicho en alguna reseña anterior, pero es importante recordarlo: los de Pixar son unos hijos de puta que te cogen el corazón y te gritan al oído "¡¡¡Llora, llora, mira cómo se tambalea tu masculinidad!!!". Todos recordaréis los cinco primeros minutos de 'Up' o la escena de 'Toy Story 3' en la que los juguetes se dirigen juntos a una muerte segura, ¿no? Pues 'Coco' va servido de la misma receta.

Pero las escenas de nudito en la garganta y de lucha interna por evitar que se escape la lagrimita solo son el pico de la montaña. 'Coco' es divertida, es lúcida, visualmente es una pasada y tiene un uso de los colores endiabladamente precioso, y la parte sonora... Madre mía la parte sonora, jamás en mi vida pensé que disfrutaría tanto escuchando rancheras, sin menospreciar el gran acierto que ha sido dejar el doblaje mexicano para meterse de lleno en ella. Y es que esta gente es tan apasionada en lo que hace y lo transmite tan bien que es inevitable resistirse a sus encantos. El buen uso de la animación y sus artefactos clásicos tanto en el diseño de personajes, escenarios y adornos caracterizadores varios, o la naturalidad en que un mundo mágico se desenvuelve con tanta naturalidad son sello propio e inconfundible. Lo que quiero decir, la factoría sigue en forma, la maquinaria permanece engrasada y la imaginación parece que no se les acaba nunca. Y la madurez y la ternura que demuestran tampoco se quedan atrás, que meter algo tan chungo como el Alzheimer en una película cuyo público potencial son niños de 6 a 12 años me parece brutal.


Que vale que tenemos como antecedente de cierto parecido a la producción de Guillermo del Toro 'The book of life'. Pero mira, chico, ya sea por presupuesto, por virtuosismo, o simplemente porque la gente de Pixar tiene esa capacidad de llegar que otros muchos no tienen (y por poder permitirse fichar a los mejores y dotarles de equipo y tiempo para trabajar, también), 'Coco' está varios peldaños por encima de aquella. Y yo nunca me he opuesto a copiar ideas (mi director favorito es el copiota de Tarantino) siempre y cuando sea para mejorarlas o para ponerlas en un nuevo contexto, para jugar a un nuevo juego con ellas, o para explotarlas más de lo que pudieron explotarse en su original. 'Coco' lo hace, y por lo tanto tiene mi bendición tal como la que busca el protagonista por parte de sus ancestros en la película. 


A estas alturas ya no sé ni en que escalafón de "mejores películas de Pixar" colocarla, porque esta peña no deja de sacar joyitas. Porque tiene cosas que la equiparan con 'Up', otras cositas que están al nivel de 'Wall-E', y otras pequeñitas virtudes que superan en ciertos aspectos a 'Inside Out' o a la mismísima trilogía de 'Toy Story'. En su todo quizá no sea ni mejor ni se quede por debajo de ninguna de ellas, pero en ese todo se disfruta tanto como cada una de ellas. Creo que lo mejor que se puede decir de ella es que mantiene el nivel, porque si el nivel ya de por sí es alto, mantenerlo es una virtud. 

8,25/10


miércoles, 13 de diciembre de 2017

Perfectos desconocidos. (Álex de la Iglesia, 2017)

Álex de la Iglesia es un bicharraco muy astuto, con un ojo muy tenaz para crear situaciones cuanto menos extrañas, y ante todo muy fiel a sí mismo. No le creo demasiado talentoso, la verdad. Eso no es un demérito soltado a la ligera, porque es un atributo que se tiene o no se tiene. Sin embargo, en su caso lo suple con una alta porción de profesionalidad, de conocimiento y, a estas alturas, de ser perro viejo. Vamos, que se las sabe todas, y además sabe adaptarse a los tiempos. Recordemos que es él quien ha conseguido que Mario Casas ofrezca registros inimaginables en un actor de su palo. 

Bien, concentrándonos en esta su última película (remake de una italiana, por cierto), esa astucia del director le lleva a enfocar todo el peso de la acción en los personajes, en sus diálogos, reacciones, en algunos gags, en cómo se relacionan unos con otros, en cómo se comportan según qué personaje ocupe el escenario y qué personaje esté ausente. En fin, que las interpretaciones son la base de la película, de una manera muy cercana al teatro, dejando que la sucesión de los acontecimientos fluya y se amolde en torno a ellos. Un reparto de lujo, por cierto, con muchas tablas (aunque Eduardo Noriega no es santo de mi devoción, pero incluso él encaja en este corralillo), y que saben dar, recibir y contraatacar a sus interlocutores con precisión praxiteliana para producir lo que aquí se viene buscando: la risa. 


A todo esto, no podían faltar elementos caricaturescos o fantásticos dentro del mundo costumbrista de Álex de la Iglesia. En esta ocasión, sabe contenerlos y mantenerlos en un plano muy secundario, y llegamos al tercer acto sin que la cosa se desmadre de cualquier manera como le ocurría en anteriores películas. Aquí la cosa se resuelve con mala leche (aunque la mala leche impera desde el minuto 1), con contundencia, pero sin que los cabos que sujetan el barco de desanuden. O sea, todo en orden. La planificación y resolución de las escenas también tiene tela, porque no es un ejercicio sencillo tener un solo escenario con varios personajes y hacer que el ritmo de planos y contraplanos sin que esto sea un muermo. La cosa tiene mucha elegancia y la narrativa del montaje es modélica. 

Tampoco nos vayamos a creer que esto es "12 hombres sin piedad". Aquí es todo más profesional y de gente que tiene las cosas clarísimas de cómo se maneja este tipo de obras. No hay lugar para improvisaciones, está todo muy medido. No hay lugar para las sorpresas, ni a nivel técnico ni a nivel de guion, pues ya el juego que se propone te está advirtiendo que de sorpresas va la trama. Es el buen hacer de los implicados lo que hace que todo funcione como tiene que funcionar. Es una comedia muy de salón, no solo para reírse sino de saber reírse, de entender que lo amargo provoca carcajada si se sabe llevar al terreno que uno desea. Y por mí, dabuti.

7,5/10


martes, 12 de diciembre de 2017

Saw III (Darren Lynn Bousman, 2006)

Bueno, a partir de aquí mi memoria empieza a fallar en la saga, porque empieza a volverse repetitiva y llega un punto en que no sabes si una escena pertenece a una u otra de las secuelas. Pese al evidente bajón, aún queda un resquicio de dignidad en esta tercera parte, que aún parece insistir en que queda algo por contar de su macabro cuento gore, más allá de las trampas, torturas y puzzles a los que las víctimas de Jigsaw deben enfrentarse.

En cierta manera, la intención de diferenciarla con las anteriores está ahí, tomando relevancia en este caso el personaje de Amanda, la primera persona que sobrevivió al juego que propone el asesino, y que al final de la segunda parte se revelaba como su aprendiz a partir de tal suceso. Pero una buena intención no es sinónimo de una buena pieza. A ver, en esta secuela ya pasamos directamente a tener personajes que nos importan una mierda. Presentación breve para situarles, y ale, a meterles en el matadero, que es a lo que viene el espectador medio. Hay situaciones de ponerles al límite de la supervivencia bastante estúpidos, con un montaje muy brusco y violento para causar no sé si tensión, pavor o asco. El asco a veces se consigue, pero la tensión o la incógnita de saber cómo va a acabar todo esto se difumina. Cada escena de tortura te grita a voces desde el principio que ahí va a haber una matanza tocha. Esa pequeña duda que las anteriores te dejaban respecto a si los personajes podrían superar las pruebas aquí ya no existe, llevan pintada en la frente la palabra "carnaza" desde la puesta en escena. 


Excepto el final, momento para el que se sigue guardando lo mejor y alguna que otra sorpresa, el resto de la película es un cúmulo de episodios grotescos que se suceden uno tras otro con la misma fórmula. Es como una fábrica en la que se trabaja mediante cadena de montaje, alienada y de producción constante. Pero bueno, quiero volver a insistir que todavía se deja ver, que tiene un hilo narrativo al que todavía puedes aferrarte. Con la punta de los dedos, con mucha fuerza de voluntad, y repitiéndote a ti mismo que tampoco le vas a pedir peras al olmo, que esto es una saga de vísceras y sangre y es a lo que has venido, pero te aferras a ello.

5/10


lunes, 11 de diciembre de 2017

Tarde para la ira. (Raúl Arévalo, 2016)

Me cae bien Raúl Arévalo porque sabe dónde pone los pies, es un tío sencillo que siempre va ligero de equipaje en cada trabajo que realiza y que no hace ínfulas de nada. Ya como actor tiene demostrado que salta de papeles cómicos e inquietos a otros más taciturnos con una facilidad y credibilidad pasmosa. Como director, debuta con ese mismo carácter, muy firme en lo que propone y con unas ganas tremendas de contar bien la historia que quiere contar. Sin complicaciones ni enredos, sirviéndose de lo que ha podido aprender de gente como Alberto Rodríguez o Daniel Sánchez Arévalo. 

Digo que el director sabe en qué terreno juega cuando noto que la película vira entre 'Un día de furia', de Joel Schumacher, y 'Collateral' de Michael Mann, mejorando a la primera y haciendo el mismo uso de la tensión con estallido final de la segunda. Por supuesto, impregna su propio nervio, y es muy consciente de que esto no es Hollywood. A partir de esa modestia y esa honestidad consigo mismo, sabe arrancar un thriller sucio y tenaz que se suma a una buena lista de títulos españoles contemporáneos con los que es imposible no querer dar un bofetón a todos aquellos que afirman con rotundidad que el cine patrio es aburrido o que se obceca siempre en los mismo temas.


Del apartado interpretativo, Antonio de la Torre y Luis Callejo conforman un incómodo dúo con el que espectador se ve obligado a empatizar, pese a que el primero es un antihéroe con muchas sombras y el segundo es un tipo misógino y amargado que se ve atrapado en una serie de sucesos provocados en parte por su propia vileza. La narración logra que tengamos con ellos una relación de amor/odio, y nos coloca varias veces en la piel de quien ha cometido actos muy cuestionables. No es que queramos salvarles de sus propios errores del pasado, es que el guion nos lleva a vislumbrar que detrás de todo lo malo y negro de cada persona hay un ser humano imperfecto.


La película es un éxito en los sentidos en que he explicado, pero descuida algún que otro aspecto técnico. Sobre todo en la parte del sonido. La vocalización de algunos actores, sobre todo en los susurros, es inexistente, y es algo que me saca de mis casillas. Aún queda mucha tarea en nuestra industria en cuanto a querer marcar el acento de barrio o de clase baja, y permitir al espectador entender los diálogos. Y quizá la sorpresa final que se reserva la película tiene algo de previsible, aunque ese momento se resuelva de manera diligente. Pero en conjunto es un debut muy serio, muy a tener en cuenta. Habrá que ver si Raúl Arévalo es capaz de mantenerse tan firme como director como lo ha sido como actor. 

7,75/10


martes, 5 de diciembre de 2017

Resident Evil 2: Apocalipsis (Alexander Witt, 2004)

Bueno, a ver cómo dosifico yo mis palabras para resumir todo lo que está mal en esta película. Porque, quieras que no, la primera, ya que se metía en el fregado de calumniar al videojuego y montarse una aventura por su cuenta, pues lo hacía de pleno. Pero es que ahora esta gente se ha puesto cachonda, y quieren empezar a meter personajes y situaciones genuinas de la fuente original, y claro, hay que insertar eso en una película que ya parte con material incompatible con la historia real de la franquicia de Capcom. 

La película está decidida a que la Corporación Umbrella sea la archienemiga de todo el asunto, cuando la cosa debería ser más compleja y enfatizar en los intereses personales, familiares y de clanes que hay dentro de ella, más que en la propia empresa. Luego, se desaprovecha el factor de la ciudad Racoon City como tapadera y como jungla hostil, no supone ninguna complicación para los protagonistas moverse de un lado a otro dentro de ella, igual que se desaprovecha el factor acoso no ya de los zombies y criaturas de todo tipo, sino del último bicho con el que quisieras toparte: Némesis. Lo han convertido en un luchador de la WWE con un lanzacohetes, su capacidad de aniquilación, de crear tensión incluso cuando no está presente en el escenario por poder aparecer en cualquier momento, y su salvajismo a la hora de despedazar a cualquier ser con el que se tope quedan reducidos a un par de peleas mano a mano contra Alice y a freír a tiros a un grupo de soldados. Hemos convertido a una criatura que podría ser cénit del mundo slasher en un bicho con el que puede sentirse cómodo el público familiar, no me jodas. Y esto es lo que pasa cuando coges una saga cuyo código de edad es para mayores de edad y la llevas a un ejército de adolescentes palomiteros. 


Eso por no mencionar los personajes. El hecho de que ahora Alice tenga superpoderes elimina por completo la capacidad de que esto sea un survival horror. No es la prota la que debe sobrevivir a los monstruos, son los monstruos los que deben sobrevivir a ella. El resto de secundarios están porque hay que llenar la pantalla. El personaje de Jill Valentine, principal víctima del acoso de Némesis en el videojuego, reducida a ser mano derecha de Alice. Carlos Oliveira, no ya es que se salten su origen latino y su juventud, es que resulta que es el líder de su grupo, cuando en realidad debería ser el novatillo. Nicholai, el villano en la sombra del videojuego, dura dos escenas y muerte absurda. Los científicos con un poco de peso en la trama que trabajan para Umbrella... Pues tenían que poner a un malo y a un tío interesado en sacar viva de la ciudad a su hija por meter algo más de trama que no se limitara a avanzar y meter tiros por ahí. Y ya si hablamos de contradicciones: ¿no se suponía que, según se explica en la primera peli, el virus T resucitaba muertos recientes que aún tuvieran carga eléctrica en el cerebro? ¿Por qué salen zombies de las tumbas? ¿Y por qué el antivirus funciona dependiendo del interés que se tenga de mantener a un personaje en la saga y no por los principios que ya se han dejado patentes anteriormente?


En fin, es un despropósito enorme y, en esta ocasión sí, una falta de respeto a quienes se acercan a ella llamados por el videojuego en el que se basa. Nadie implicado en ella parece haberle dedicado demasiado tiempo a estudiar el material del que se parte, ni siquiera para amoldarlo a la gran pantalla de una forma distinta. Esto es como coger un restaurante, decir que tienes especialidad en comida francesa, y limitarte a echarle queso a las cosas. Tongazo.

2,5/10


lunes, 4 de diciembre de 2017

Asesinato en el Orient Express. (Kenneth Branagh, 2017)

Curioso nuevo acercamiento a la novela de Agatha Christie bajo la mirada vodevil de Kenneth Branagh, quien se sitúa en el centro justo de toda la atención de una obra fabricada con mucho amor, tanto propio como a la propia obra que adapta, con un toque moderno, un esmero notable en tender un escenario con carácter propio, y rodeado de una corte de estrellas que saben enmarcarse perfectamente dentro de la función.

La película es ligera y agradecida de ver. El misterio del asesinato al que alude el título se va descifrando a través de las conversaciones con los distintos pasajeros. Conversaciones que se transforman rápidamente en interrogatorios, los cuales son uno de sus principales atractivos. La narrativa fluye en ese sentido, pues la búsqueda de pistas y el método detectivesco quedan relegados a un segundo plano. Es la exposición de los hechos, las divagaciones del protagonista Hercules Poirot y sus encuentros con los viajeros lo que hace fluir con bastante encanto y buen gusto una película también satisface sin disimulo el ego interpretativo de su director.

No es una película que añada nada nuevo al género de intriga. Utilizando recursos teatrales apoyados en un uso acentuado de la fotografía en el propio escenario y en matizar particularidades identificables de cada personaje, no se sale de las normas más clásicas de la narrativa audiovisual. Con una pulcritud por las formas escrupulosa, dentro de esa pretenciosidad por resultar único y fascinante que caracteriza a Brannagh. Pues eso, que no viene a descubrirnos nada, aunque nos resulte simpático y toda la película ruede sin brusquedad y sin atragantamientos. Como punto postivo, su interpretación del detective belga está contenida y el resto del reparto saben hacerle el contraataque.


Es una película agradable de ver, simpática, no supone revolución alguna aunque el autor se empeñe en ello, pero en un contexto de thrillers que se obzecan en el detallismo, el análisis y la necesidad de dejar cada milímetro del misterio bien explicado, se agradece una película policiaca tan desenfadada como ésta. 

6,75/10