martes, 7 de junio de 2016

Tropa de élite. (José Padilha, 2007)

La voz en off es un recurso narrativo que suele pesarme cuando veo una película. ¿Por qué contar con palabras lo que puedes contar con imágenes, principal fuente de información de la que debe valerse el cine? Aún así, la introspección de la historia en el mundo de la corrupción policial, política y clandestina dentro de las favelas de Río de Janeiro hace un buen uso de ella. Comienzo aclarando esto porque me parece importante destacar que la película se vale de todas las materias primas disponibles para regodearse tanto de la violencia explícita como de la fascinación por la miseria. Y una de esas materias primas es su protagonista, un capitán de la tropa de élite a la que alude el título, con métodos cercanos al fascismo para hacer imperar su ley y su orden en tierra hostil, y cuyo punto de vista extremo es de vital importancia para conducirnos durante este viaje.

Es importante porque la película no está denunciando una realidad como lo es el abuso de poder o el tráfico de influencias en este submundo imperado por el narcotráfico. La película te está presentando un comando cuyos principios son defender y proteger a toda costa y de manera certera porque es la solución final y definitiva. Esto es, la letra con sangre entra. Porque la policía ordinaria, con un entrenamiento malo y un salario aún peor, está obsoleta para cumplir leyes que con suma facilidad viola por decreto. Tal contradicción del protagonista se ve explicada en la evolución del candidato que finalmente será su sucesor dentro del equipo, un hombre firme, con ideas humanistas y convencido de la honestidad de su profesión, pero que ese engranaje perfectamente podrido acabará obligándole a traspasar la frontera del que hace la vista gorda y del que se sumerge en el infierno, convirtiéndole en una nueva máquina insensible. De paso, el guion ridiculiza los movimientos sociales de la nueva clase burguesa, caracterizándolos como la redención y expiación de quienes contemplan el conflicto desde una posición medianamente cómoda y optimista, cuyas protestas se ven mermadas cuando amparan ciertas actividades, como el consumo clandestino de drogas, que perpetúan la perversión dentro de esa sociedad.


La incursión en la psicología de estos monstruos, justificados por haber sido devorados por la carencia de alternativas (o te corrompes y eres parte del engranaje, o te conviertes en una máquina de matar que no tiene piedad con los delincuentes), unidas a un ritmo y montaje endiablado, con acción rodada sin miramientos y de manera cruda y realista, convierten 'Tropa de élite' en un entretenimiento duro de digerir, reflexivo, y del que hay que destacar su parcialidad: como ya dije, la película en ningún momento denuncia la violencia usada para detener la violencia.


Una película que podría ser paralela a 'Ciudad de Dios', no por ello queda a la misma altura. Difícil tarea. Su interés radica más en las connotaciones sociológicas que presenta que en la historia que exhibe, y resulta verdaderamente convincente en su resolución. 

8 / 10


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