jueves, 25 de agosto de 2016

'Stranger Things'. Temporada Uno.

Decir de ella que es un nostálgico y adolescente paseo a la década de los ochenta y todo lo que ello conlleva dentro de un relato audiovisual es plantarse en lo superficial. 'Stranger Things' constata que frecuentar lugares comunes y usar clichés no es malo en absoluto si sabes cómo hacerlo y a quién dirigirlo. Estos ocho capítulos rellenan su metraje de absolutamente todo lo que ya conocemos a través de las novelas de Stephen King, de las aventuras extraterrestres producidas por Spielberg y George Lucas después retomadas por J. J. Abrahams, o de la sci-fi, la fantasía y el terror artesanal. Contiene al pequeño pueblo donde nunca ocurre nada, con la madre angustiada a la que nadie cree su locura, al padre ausente, al jefe de policía deprimido, a la pareja de policías que no dan crédito de lo que hace su superior, al grupo de amigos frikies, a los abusones, al profesor apasionado de ciencias, a la adolescente guapa e inocente, a su amiga menos afortunada en el físico, a su pretendiente chulo engominado, al joven solitario y raro, al matrimonio nuclear, al monstruo que provoca la crisis en sus vidas, al laboratorio gubernamental secreto, y a la aparición de la niña con poderes sobrenaturales. La mimada y cuidada mezcla, el cariño, la contundente firmeza que le otorga la consciencia de saber que está pisando terreno sembrado, y la perspectiva alusiva y revocadora con la que contempla los ingredientes dados confieren un resultado maravilloso.


Casi resulta una aliteración adjetivar una producción de Netflix como magnífica o como propia de una realización cinematográfica. Estamos en época dorada para el formato televisivo (aunque sea internet su principal fuente de exposición), y en ese sentido no se queda atrás de otras obras. El viaje emociona desde el primer momento, y concentrar la narración en apenas 8 capítulos es todo un acierto, pues no deja hueco para el relleno ni paradas en el camino. A posteriori, no quitaría ni añadiría absolutamente nada. Además, juega a explorar el otro lado de sus vasos conductores, o sea, los personajes que ya conocemos, no solo literalmente acercándose según avanza la historia a Upside Down, sino ofreciendo la faceta oculta, redentora o reveladora que pueden ofrecer estos estereotipos. 


Efectivamente, la nostalgia no el el único arma con el que cuenta el guion. Todo pasa por el rodillo de una mirada vehemente de aquello que pertenece al colectivo cultural y de cómo puede permutar de una generación a otra sin necesidad de recurrir a artificios o experimentos, puesto que también transmite que aquello que ya funcionaba en los 80 sigue funcionando hoy en día. Además, no se corta un pelo a la hora de exponer violencia, crueldad o expresiones malsonantes, sin renunciar al halo protector que invierte hacia la inocencia de sus protagonistas. Y para contagiar la pasión de este mensaje, una ambientación, caracterizaciones y banda sonora que reiteran en él, Winona Ryder en la que puede ser una de las interpretaciones más honestas y lúcidas de la década, junto a un casi siempre secundario David Harbour que aquí no deja pasar la oportunidad de lucimiento, y una tropa de jóvenes actores con mucha química entre ellos. 


Para rematar, todos los argumentos que abre quedan cerraditos y usa la inercia de haber calado en el espectador para reclamar su atención de cara a una segunda temporada. Incluso en ese detalle de no dejar colgado a su público le es leal. Aire fresco aludiendo a otros tiempos, sin pretensiones visionarias ni absurdas idas de cabeza. Una historia clara, fantástica, bien contada y medida, que da mal rollo cuando tiene que darlo, provoca gracia cuando debe y enternece cuando tiene que enternecer. Y lo mejor es que no deja tiempo para el aburrimiento.


3 comentarios:

  1. A mí me ha gustado mucho esta primera temporada. Tengo muchas ganas de la siguiente.

    Creo que es de lo mejor que ha dado la televisión (Netflix) este 2016.

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    1. Es de lo mejor que ha dado el mundo audiovisual en 2016.

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  2. Muy buen resumen de lo que es la serie, sin duda. Para mí, compite junto a Daredevil como lo mejor de Netflix

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