domingo, 7 de febrero de 2016

Batman Begins. (Christopher Nolan, 2005)

Han pasado más de 10 años desde su estreno, y sigue inmutable pese a la horda de películas del subgénero superheroico a la que hemos sido sometidos desde entonces (con mucho goce, eso sí), y pese a la reinvención de un buen puñado de enmascarados, tipos en mallas y justicieros de cualquier índole. El pionero en atreverse a tomarse en serio la exploración desde los inicios de los personajes de las viñetas fue Christopher Nolan, que condujo un tipo de cine hasta ahora concebido como familiar y sencillo hacia una madurez que funciona tanto en el terreno del cine de acción como en el del drama, y nos ofrece un entretenimiento tan preocupado por el espectáculo como por la historia y el fondo de la misma.

Sigo defendiendo que los primeros 60 minutos de esta película son irrepetibles dentro del panorama de los supers. Nadie ha sabido contar de manera tan precisa y dinámica los traumas que llevan a un hombre a ponerse el traje que le convertirá en la leyenda por la que será conocido. Con la vista echada atrás, más meritorio es el hecho de que la fórmula haya sido repetida por otros en varias ocasiones (porque es una receta narrativa que funciona) y en ninguna de ellas se haya logrado la plenitud y las bases que en ésta quedan asentadas. Lo que viene tras el punto medio de la película, una vez Bruce Wayne dice de una vez "Soy Batman", es el trofeo logrado por la pulcra y medida colocación de cada pieza en el tablero. De hecho, esa primera mitad de la película podría funcionar en sí misma como historia individual, siendo el resto la recompensa de la esmerada puesta en escena.


El siguiente acto de valentía que tiene una película como esta es su apuesta por ser auténtica. En primer lugar, se decanta por un reparto que junta a gente siempre competente y con galones de sobra como Michael Caine, Liam Neeson, Gary Oldman, Tom Wilkinson o Morgan Freeman con jóvenes promesas como Christian Bale, Katie Holmes o Cillian Murphy. Sus personajes están alejados del histrionismo propio de estas historias. Cada uno de los actores se muestra entregado y pule con afán la parte que le toca. Tienen además la suerte de estar amparados por un equipo técnico que apuesta más por la realidad y la funcionalidad de los elementos cinematográficos que por artificios y decoros innecesarios. Consecuentemente, Gotham no podría estar recreada con la fantasmagoría gótica a la que se nos tenía acostumbrados en las anteriores sagas del murciélago, y se opta por concebirla como un escenario opulento en cuyo interior se desata una jungla sucia y demacrada, una atmósfera más propia del cine negro. Hablando de escenarios, la fotografía lograda por Wally Pfister en las escenas rodadas en Islandia es una auténtica gozada.


'Batman Begins' supone el inicio no solo de una trilogía emblema, sino (junto a la trilogía de Bourne) de una tendencia en el buen cine palomitero moderno en el que los fuegos artificiales están al servicio de la historia, y no al revés.

8,5/10


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